martes, 20 de octubre de 2015

La saga de los petroleros: la legislación.
Por: Odoardo León-Ponte.
A medida que transcurría el tiempo y el petróleo se convertía en una realidad incuestionable, se iba haciendo necesario que los representantes del estado obtuvieran los conocimientos necesarios para reglamentar la relación con las petroleras. A partir de 1936, Venezuela comienza a salir del atraso; despierta y se encuentra ante un mundo que le lleva la ventaja de no haber estado sometida a los vaivenes de un país recién fundado y sin personalidad internacional más allá de haber sido la cuna de El Libertador y su gesta.

Una legislación lógica y justa, adecuada a las circunstancias y necesidades de un país en vías de desarrollo, inició en 1943 el desarrollo de nuestra potencialidad petrolera. Una combinación de empresas privadas y un gobierno regulador y sensato permitieron que la producción creciera y que los recursos provenientes de la actividad pudieran usarse para el desarrollo del país. Todo bien hasta que comenzaron a desarrollarse y a crecer los basamentos rojizos de la acción política: la idea de que el petróleo debía ser para los venezolanos, como si alguna vez le hubiera sido ajeno. Se declaró la política de “no más concesiones” identificándose a las empresas petroleras privadas como el enemigo en vez del aliado y se inició con ello la declinación del potencial de la actividad petrolera en el mejor momento del petróleo (no habían entrado a producir los países del Medio Oriente), por la falta de inversión y desarrollo debido a esa política restrictiva que no afectaba solo la producción sino, también, a la refinación. Se introducía la careta de ficción de la CVP y de “el tablazo marca e paso”. Más adelante, en la efervescencia política del negativismo petrolero, se prolongó la acción a aquello relacionado con la reversión petrolera (que ya estaba en marcha por la acción política) mientras se trataba por todos los medios de justificar la acción en base a los supuestos intereses del país.

Llegamos a la estatización el primero de enero de 1976, unos sesenta años después del descubrimiento de fuentes de petróleo en gran escala. Pdvsa, la nueva empresa, y sus filiales, herederas éstas últimas de los valores  de laboriosidad y gratitud, inició la tarea incumplible de reponer al país a sus niveles de producción de antaño y a luchar, sin verdadero éxito, contra las tendencias politiqueras provenientes de la realidad de tener un gobierno propietario de la actividad. Por esa razón se dio un giro importante ante esta realidad al abrir de nuevo las puertas al capital privado en la explotación del petróleo. Pero ya se había abierto el camino con la eliminación de las operadoras, en función de una supuesta eficiencia y se progresaba indefectible y coincidentalmente, hacia el final del Siglo XX y se iniciaba la etapa de destrucción de la industria petrolera y del país en el Siglo XXI. Se sometía a la industria a las circunstancias del candado petrolero en la búsqueda ilusoria del control y uso del petróleo con fines políticos y trazándose así las lineas de convertir al país en una realidad inviable. Esa es nuestra nueva y verdadera realidad.
Caracas, Octubre de 2015.
odoardolp.blogspot.com
@oleopon


martes, 6 de octubre de 2015

Petróleo Siglo XX: laboriosidad y gratitud.
Por: Odoardo León-Ponte.
Dos palabras expresadas por el Papa Francisco en su periplo reciente me llevan a analizar esos aspectos en cuanto a la actividad petrolera en el Siglo XX porque le son totalmente aplicables: laboriosidad y gratitud.

Laboriosidad fue palabra clave en la relación de trabajo entre las empresas petroleras y sus trabajadores. Se trataba de mantener el valor moral o virtud del trabajo: la disciplina, el clima de trabajo más favorable, la tradición empresarial, la búsqueda individual del ascenso, el cumplimiento de las labores asignadas para que se convirtieran en fuerza transformadora y de progreso, haciendo que pasara de ser algo obligatorio a un valor.  En la medida en que se cumplía con más de lo obligatorio o necesario, se obtenían logros adicionales y progreso, tanto en rango como en remuneración relativa. En contraprestación a este valor, la empresa proveía un ambiente de trabajo que lo promovía y ofrecía, en adición a sus obligaciones legales, una serie de beneficios relacionados con salud, vivienda, actividades deportivas, educación, seguridad, reconocimiento personal y público a la buena labor y la posibilidad de progresar dentro de la organización en base a los méritos logrados en el trabajo reflejados en los resultados de la empresa. También se dedicaba un esfuerzo al mantenimiento de óptimas relaciones con las personas y el entorno vinculados a la empresa y sus actividades. Todo un tramado que lograba desarrollar un orgulloso apego al trabajo y una sensación de pertenencia que se reflejaban en la imagen de cada persona y su familia dentro y fuera del conglomerado al cual pertenecía. Todos estos conceptos, dentro de las nuevas realidades, fueron heredados por las empresas una vez estatizada la actividad petrolera. El ambiente de laboriosidad que presentían era causa de sorpresa para toda persona que visitaba las instalaciones de las empresas.  

El ambiente que generaba la realidad antes expresada generaba otra palabra clave en la relación: la  relación de gratitud entre la empresa y el trabajador que superaba y excedía la simple relación de trabajo y se convertía, especialmente en las áreas operativas, en una relación cuasi familiar. Era un orgullo hablar de los años de trabajo y experiencia y se les reconocía a través de clubes de veteranos o en elementos que identificaban esa veteranía.  

Los conceptos de laboriosidad y gratitud antes reseñados llevaron a la industria a los altísimos niveles de excelencia que permitieron lograr que saliéramos del oscurantismo y del anonimato. Sin embargo, nunca fue evidente el reconocimiento del país a esa laboriosidad ni de gratitud hacia la actividad y sus personas. Más bien hubo siempre una constante crítica, un enfrentamiento y un freno a las iniciativas de la industria, tanto antes como después de su estatización. Solo en boca de Ramón J. Velásquez hubo un mensaje de gratitud.  Y, finalmente y como coronación en el tiempo, en el Siglo XXI, con un pito, se expresó el grado de aprecio a estos conceptos decapitando la industria y destruyendo  todo lo logrado en función de la laboriosidad y la gratitud y destruyendo de paso a aquello que ha sido la sangre de nuestra existencia.  
Caracas, Octubre de 2015. odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon


jueves, 1 de octubre de 2015

España-Venezuela 1961-2015.
Por: Odoardo León-Ponte.
La primera vez que visité Madrid fue en 1961. País con dictadura con la peseta a 14 por bolívar. Un taxi de viejo modelo cobraba una peseta extra por decreto del ayuntamiento. Muchos apartamentos no tenían aire acondicionado, y las neveras eran un closet con tela metálica que era enfriado por el frío exterior en invierno. En general no había duchas en los baños. La comida baratísima. Los españoles de todas las latitudes emigraban a Venezuela en busca de mejores vientos y remitían sus ahorros para mantener a sus parientes dejados en esas tierras mientras lograban progresar para traerlos. En el tiempo se fueron asentando aquí y sus familias crecieron hasta llegar a varias generaciones. Muchas cosas han cambiado a favor de España y en contra nuestra.

La peseta ya no existe; ahora es el euro cuyo valor ya pasó de los 900 bolívares por unidad. España es miembro de la Unión Europea de modo que los españoles ahora son ciudadanos de esa comunidad y no solo españoles. España tiene una extraordinaria red de carreteras que da gusto al igual que una red impresionante de trenes, incluyendo los rápidos y una red de vuelos comerciales a cualquier parte del país y del exterior con modernas y amplias facilidades; los mejores restaurantes del mundo, algunos hasta sin menú pues solamente ofrecen lo que les llegó ese mismo día. Teatro de alta factura, exposiciones de arte, los mejores museos, parques extraordinarios, Cique du Soleil, toros, el mejor fútbol del mundo y seguridad personal las 24 horas del día. Los productos de todo el mundo incluyendo los propios como el jabugo, los mejores vegetales, las mejores carnes y eso sin límite para el cliente y sin hacer colas; ropa de diseño de última moda tanto de hombres como para mujeres, hospitales públicos y privados para todos con el más alto nivel de calidad y debidamente equipados, al igual que en el caso de la educación; todas las marcas de vehículos. Se mantiene la tipicidad regional en el área religiosa, culinaria y costumbrista. Una pensión de jubilación permite vivir modestamente. Reciben 47 millones de turistas. Pare de contar.

Aquí: el bolívar solo existe para nosotros: nadie lo quiere, y nosotros mismos tampoco lo queremos: tampoco alcanza para nada. Cada día producimos menos de lo que antes producíamos y tenemos menos dinero para importar lo que necesitamos para producir lo que ya no producimos. Tampoco tenemos para importar lo que necesitamos para producir lo que antes producíamos ni lo que no producimos. Los servicios insuficientes; educación, sanidad y seguridad van en caída libre. “Vendemos el colchón”: la “última”, no se venderán productos regulados en “Bicentenarios” para que no haya colas. Si en algún momento quisiéramos retroceder cuando lo normal sería adelantar, es ahora. ¡Qué tiempos cuando éramos un país en desarrollo saliendo del subdesarrollo! España lo logró. A nosotros hace rato que nos montaron en el interminable tobogán del despilfarro y de la corrupción y estanos colgados de la última esperanza. En poco menos de once lustros hemos pasado de ser un país que atrajera a gente de todas las latitudes a uno en el que ya nadie que pueda quiera quedarse. Hemos perdido hasta el modo de caminar. Ahora nos tienen que defender quienes de afuera que nos ven con lástima. Triste realidad.  
Caracas,  Octubre de 2015. odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon


martes, 8 de septiembre de 2015

Petróleo: caos nacional.
Por: Odoardo León-Ponte.
La mala administración de los conceptos relacionados con la explotación del petróleo como fuente indispensable para el mantenimiento y crecimiento del país nos ha llevado al caos que ahora conocemos y que no podemos negar. Deficiencia de ingresos en divisas y en moneda (¿?) nacional y crecimiento desaforado del tamaño del estado, incapacidad de remisión de ganancias para la empresas extranjeras, alta reducción de la actividad agrícola e industrial, deterioro inmenso de las instalaciones educativas, sanitarias y de la infraestructura del país, inseguridad total para los ciudadanos, deterioro de las empresas en manos del estado (incluyendo a la actividad petrolera de la cual vivimos), dependencia incremental de las importación de productos básicos y de materia prima para la manufactura de bienes, escasez de medicinas e insumos médicos que ponen a riesgo la vida de los enfermos, incremento sin límite de la deuda interna y externa como factor de subsistencia con decremento en la capacidad de pago, desempleo disimulado en forma de empleo propio, contrabando interno y de extracción de productos subsidiados. Son solo algunos ejemplos del caos que nos afecta.

Asombra ver y sentir cómo los distintos factores de interés que mueven al país, incluyendo a los partidos y dirigentes de oposición, actúan como si el problema nacional fuera uno de forma y no de fondo. La principal oferta de la oposición para una nueva asamblea es una ley de amnistía y de repatriación de capitales y no “cómo” resolver el problema petrolero para poder resolver los problemas del país. Lejos está la actividad legislativa para iniciar el proceso de cambio necesario para salir del tremedal. Ocultas están las acciones para reformar el enfoque de la actividad petrolera (solo se habla de incrementar la producción dentro de un candado petrolero que la impide y con una situación de competitividad internacional y de déficit presupuestario que da miedo), de la división de poderes, del combate a la corrupción e inmoralidad reinantes, de la ostentación en un país que cada día tiene más pobreza, de la generación de ingresos para y la reducción del tamaño del estado, de la promoción y desarrollo de la actividad industrial y manufacturera, de la atención a la educación, la salud y la seguridad. En fin, de tantas necesidades que tienen el país y su gente. Parecería que todo estuviera sobreentendido en cuanto a las acciones necesarias, que no hiciera falta decir ni hacer nada para lograr la mayoría; como si el país no requiriera un plan acelerado de acción para salvarlo: como si el paciente estuviera sano y no en terapia intensiva.

Es como si se tratara de “seguir haciendo según vayamos viendo”, como si no supieran remediar la situación, como si no hubiera un plan de acción para atender al “cómo hacer” en vez del consabido y fácilmente publicitable enfoque de “qué hacer”, que ha sido el común denominador usado hasta ahora para intentar resolver los problemas nacionales. (Con razón que los políticos nunca entendieron a los petroleros del siglo XX cuando les pedían información y estos últimos decían “cómo” en vez de preguntarse “qué”, pues para ellos, al igual que para los otros industriales serios del país, el “cómo” era su “pan nuestro de cada día” ya que con el “qué” no se resuelven los problemas ni se progresa.) Es con el “cómo” que se resuelven los problemas que se determinan en respuesta al “qué” o al “cuál”. El quid del asunto es “cómo” resolveremos el problema que ya conocemos y que hasta ahora no hemos podido resolver a pesar del “qué”. Ese es el quid del asunto.
Caracas, Septiembre de 2015.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon

martes, 1 de septiembre de 2015

Petróleo: “ mea culpa” y juramento.
Por: Odoardo León-Ponte.
La Iglesia, en su infinita sabiduría en la búsqueda de su permanencia y progreso dentro de su necesario, lento y seguro proceso de cambio, ha optado por reconocer sus errores en forma pública por boca de su máximo representante  y dirigente, el  Sumo Pontífice. Así, el Papa Francisco, recientemente ha pedido perdón a nombre de la Iglesia por los errores cometidos durante la conquista de América.  Agreguemos a esto el reconocimiento anterior hecho por San Juan Pablo II en cuanto a los errores de la Iglesia durante La Inquisición.  Tengamos en cuenta que el reconocimiento de esos errores es expresado por Papas que no tuvieron nada que ver con las acciones  en referencia. Veamos lo que pudiera considerarse un paralelo, guardando  las debidas y necesarias distancias.

Nuestro país tiene y ha extraído inmensas cantidades de petróleo en y del subsuelo y las ha explotado bajo distintas fórmulas. Inicialmente, la explotación se dejó en manos de los intereses extranjeros: los únicos con el conocimiento, la tecnología y el dinero necesarios  para invertir en exploración, producción, transporte, refinación, distribución y comercialización de los crudos y productos en una industria incipiente. En esa época la participación del estado era a través de intermediarios a quienes se les daban los derechos de explotación y muchos los entregaban a las operadoras. También se les dieron derechos a las empresas directamente. Poco sabíamos y podíamos hacer en esa etapa de la actividad dado el nivel de atraso que nos embargaba con respecto a esa nueva fuente de energía.

Cuando salimos del oscurantismo comenzó el proceso de poner al día al país y en paralelo a la actividad petrolera en cuanto a las reglas de la relación entre el estado que ahora comenzaba a formularse y los que llevaban a cabo su extracción: la Ley de Hidrocarburos, entre ellas, y el comienzo de la calificación a través del estudio de la materia, de personal del gobierno encargado de la supervisión del manejo de la explotación de un recurso propiedad del estado. Pero vinieron los vientos llenos de aspiraciones políticas con tintes distintos de rojo y comenzó el juego inconveniente de los gobernantes con las petroleras y la búsqueda del uso de las clases desconocedoras del tema, incluyendo a los intelectuales, como apoyo  político a través de la inculcación del criterio de que el capital extranjero y el capitalismo explotaban inconvenientemente el recurso “de todos los venezolanos” que solo ellos defendían.

Con prestidigitación de parte de los factores políticos y de los económicos interesados en su progreso personal, pero no en el verdadero desarrollo del país y de sus recursos humanos, comenzó la labor de tejer  la convicción de que era necesario estatizar el petróleo: incorporar la actividad petrolera al capitalismo del estado, justificando todo el entramado del tejido bajo la tesis de conceptos desarrollados bajo un haz de luz que señalaba hacia una supuesta seguridad de estado. Debemos recordar que nuestro país fue un ”país para querer”  mientras la actividad estuvo bajo la administración del capital privado, período durante el cual “nos arropábamos hasta donde nos llegaba la cobija”, pero durante el cual siempre estuvo presente en la mente de los dirigentes nacionales la tesis de que el petróleo debía ser operado por el estado, llegándose hasta el extremo de limitar su desarrollo y acusar a “lo extranjero” de nuestros males para mayor justificación de la necesidad de estatizar. Comenzó el experimento fallido de la CVP y todo lo que se hizo alrededor de ella. Llegó la estatización que los “Ayatolas” prometían como fórmula necesaria para el crecimiento del país y para su desarrollo, pero también surgió la dicotomía entre usar los recursos del petróleo para el desarrollo de la actividad petrolera o para llenar el permanentemente insuficiente tesoro público: el ansiado “desiderátum” de los políticos y sus aliados protegidos por ese estado. Lejos quedaba, verdaderamente, el ejercicio del poder en función del Desarrollo Humano.

El resultado del ejercicio petrolero en manos de los políticos ha sido uno de vaivenes sobre un sube y baja en cuanto a la filosofía sobre el petróleo (Leoni llegó a decir que no era necesario estatizar la actividad petrolera), pero se mantuvo la tesis inculcada con “taladro” de que era necesario estatizar el petróleo: pasarlo al manejo directo de la operación por parte del estado. Y así se hizo, con el apoyo de las clases dirigentes pero con múltiples observaciones y cuestionamientos por parte de los que manejaban la actividad misma - los verdaderos petroleros.

Hoy, cien años después, haciendo un análisis de lo logrado desde la estatización de la industria petrolera, con los agregados del socialismo llamado del siglo XXI, encontramos que, a pesar de todas nuestras “buenas” intenciones y con todas las argumentaciones para respaldar las acciones tomadas con respecto al petróleo, se concluye, para desgracia nuestra, que  el curso de acción tomado por nuestros dirigentes ya no puede ser defendido. No hay sino que ver la tragedia que sufrimos y que ha logrado promover el éxodo de gente en busca de mejores oportunidades, cuando nunca antes esa fuera una fórmula venezolana. Hace falta, ya, un “Mea Culpa” por parte de los factores políticos y de los que han actuado en función política o como políticos, indicativo de nuestra equivocación, con el juramento claro e irreversible de que iniciaremos un nuevo camino de la eliminación del capitalismo de estado en lo petrolero (y en todos los otros casos) y que el estado se dedicará a lograr el Desarrollo Humano como función primordial para así convertir a nuestra Venezuela, a largo plazo, en un país de progreso y de futuro que asegure el desarrollo de la libertad y, consecuentemente, de  la democracia. Es la única manera. De otra forma seguiremos dando los mismos tumbos que hemos dado y seguimos dando y cuyas consecuencias hemos  sufrido durante todo el tiempo que podamos recordar. ¿Qué partido, grupo o persona pronunciará el “Mea Culpa”? ¿Quién tirará la primera piedra?
Caracas, Septiembre de 2015.
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viernes, 28 de agosto de 2015

La propiedad del petróleo: cuarenta años después.
Por: Odoardo León-Ponte.
Quienes defienden la “propiedad del petróleo” como la razón básica para su estatización y se basan en ese razonamiento para justificarla, olvidan que el petróleo siempre ha sido nuestro, es decir, del país y que nunca pudieron las empresas de capital privado hacer con él lo que les diera la gana, excepto cuando el gobierno se lo permitió. Olvidan que esas empresas estuvieron sometidas a un control permanente de una delegación también permanente de auditores del Ministerio de Hacienda ubicadas en las oficinas de cada una de las empresas, situación que se mantuvo vigente durante todo el tiempo, de manera creciente, hasta el momento de la nacionalización. (Recuerdo haber tenido que justificar, partiendo de los estados financieros auditados de las empresas, los costos de una  empresa en la discusión del contrato colectivo petrolero del año 1961.)

La exploración, la producción de crudo y su relación con el gas y las plantas del parque de refinación que existían eran las que autorizaba el Ministerio responsable de los asuntos petroleros, al igual que las plantas de distribución para el mercado interno y las estaciones de servicio y el precio de venta de la gasolina. Los precios de exportación de crudos y productos  llegaron a ser fijados por el estado en base a valores fiscales de exportación que estuvieron por encima de los valores de realización, forma de combatir las bajas del precio del crudo en el mercado internacional. Las empresas pagaban la regalía de acuerdo con la Ley y los impuestos eran fijados por el estado. El INCE aprobaba las deducciones a posteriori. (Recuerdo haber llevado al encargado de autorizaciones a una gira por Inglaterra y Holanda para que constatara la realidad de la actividad y de los costos de las actividades de  entrenamiento que desarrollaba la Shell en el exterior y a la que asistían los trabajadores de la empresa en Venezuela.) No había una actividad que las empresas pudieran desarrollar o cobrar sin la aprobación del gobierno de turno. Esta era la situación para el momento de la estatización hace ya cuarenta años. Pero: ¿qué pasaba? El gobierno no controlaba la operación.

Aunque el gobierno tenía todo el poder, no podía hacer con el petróleo lo que le viniera en gana, pues las empresas tenían sus derechos fijados por la ley, cumplían las obligaciones que el estado les fijaba y exigía sus derechos. Pero la tonada de la “nacionalización” del petróleo que se venía cantando desde hacía mucho tiempo, unida a la declinación de la producción consecuencia de las acciones de no más concesiones  de un estado que insinuaba el control de la actividad a través de la CVP, concluyó con la estatización (politización) de la actividad petrolera que así se convirtió en un coto de caza de los partidos políticos. Ahora no era cuestión del imperialismo contra el estado, sino de los vaivenes de la política venezolana, izquierda, derecha, izquierda… Los partidos políticos habían tomado el control total de la operación y comenzamos a sufrir en carne propia los resultados del  uso del petróleo que “ahora es nuestro” y venezolano, con fines políticos, con todas sus consecuencias provenientes del resultado de la operación y del uso de Pdvsa en función política.

Los resultados: los conocemos a carta cabal. A través de los últimos cuarenta años y de un proceso lento pero seguro, el gobierno “le puso la mano” al petróleo. Los resultados los conocemos en carne propia. Solo el tiempo habla del acierto en nuestras decisiones y de sus consecuencias. .

Caracas, Septiembre de 2015.
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jueves, 27 de agosto de 2015

Petróleo de vida o muerte.
Por: Odoardo León-Ponte.
Durante el tiempo transcurrido en el sube y baja y, más recientemente, en el tobogán que hemos vivido en los resultados producto del uso del petróleo por parte de nuestros gobernantes, nos hemos podido dar cuenta de que el manejo del petróleo puede ser  factor de vida o de muerte para quienes no hayan disfrutado de él como producto de su afinidad con el estado, incluyendo allí tanto a personas como a instituciones y a países ajenos al nuestro, a quienes hemos hecho participes de nuestras buenas venturas, pero permitiendo que las desventuras del sube y baja y del tobogán, tengan un efecto máximo en el deterioro de la calidad de vida y en el empobrecimiento de las mayorías de nuestro país.

Pensemos que ha transcurrido ya  un siglo desde el inicio de la explotación en gran escala de nuestras riqueza petrolera y en esta etapa de su explotación nos encontramos con que, en vez de progreso tenemos pobreza, tanto en lo pragmático como en lo espiritual, lo moral y lo ético. La que fuera una industria capaz de generar paz, sosiego, progreso y futuro para todos (y que ha sido logrado por otros en todos los confines de la geografía en períodos  mucho más cortos y con las mismas realidades de mercado)  hoy en día es una actividad reducida en su capacidad de producción, refinación, y suministro tanto al mercado interno como en el externo, exceptuando el caso de aquellos países que han disfrutado de la magnificencia de un gobernante con enfoques viscerales y resultados políticos inconvenientes, tanto en lo interno como en lo externo. La que fuera una industria orgullo de venezolanos y extranjeros y prototipo de lo que debía ser una industria bien manejada (con todo y las limitaciones impuestas por nuestros gobiernos y por las fuerzas del mercado: las primeras controlables y las segundas no) y que a través de las acciones de nuestros gobiernos tan solo pudo crecer o decrecer  hasta donde la dejaron esos gobernantes, a pesar de quienes le dieron una vida limitada por la intransigencia y los antojos de los gobiernos de turno y sus adláteres, tuvo vida. Con el advenimiento de los vientos de sueños comprobadamente  irrealizables, llegó la destrucción y el inicio del descenso de la industria, con el agravante de que no solo a ella se la condenó, sino que se le agregó todo lo que siendo productivo se convirtió en ente improductivo en poder de un estado que ha llegado a su más alto nivel de incapacidad.

El petróleo de vida o muerte, ese que es vital para la vida o muerte de nuestra sociedad, requiere un cambio radical en el enfoque de su desarrollo y explotación, un “vuelvan caras” en el enfoque sobre su uso para asegurar su desarrollo, el que en cien años de historia no hemos logrado para que podamos contar con el Desarrollo Humano que nos permita ampliar las posibilidades de afianzar, verdaderamente, la libertad y a democracia. Todo lo anterior se hace más importante cuanto más tiempo transcurre y nos damos cuenta (¿?) de los errores que hemos cometido en perjuicio de nuestra gente. Después de todo, tenemos que habernos dado cuenta de que el petróleo como fuente de riqueza  ahora más que nunca se ha convertido en la única base que nos queda para subsistir. Todo lo demás dependiente de él, se le une en ese nivel. Si no logramos levantar los recursos del petróleo no podremos levantar nada más. El petróleo se ha convertido en asunto de vida o muerte. Es lo único que nos queda para volver a comenzar cien años después.  
Caracas, Agosto de 2015.
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