martes, 19 de julio de 2016

Las circunstancias de Pdvsa y el petróleo.
Por: Odoardo León-Ponte.
Pdvsa como operadora en el Siglo XXI ha sido un estrepitoso fracaso. Merma en la producción en cantidades enormes, inmensa deuda formal en bonos y con los suplidores de insumos y servicios y con los contratistas a los que no tiene cómo pagarles sus servicios; deuda real por todas las empresas de servicio a las que expropió y un enorme monto por el pago de las prestaciones sociales por despido  y de los fondos de ahorro cuyos haberes secuestró al botar a la mitad superior de su plantel de recursos humanos con un pito en plaza pública. A esas cantidades habría que agregar lo relativo a los intereses de mora por el retraso en el pago, más lo que corresponda por daños. Más las deudas por las sentencias de los tribunales de arbitraje internacionales por todas las tomas de empresas en el sector petrolero. Las deudas antes anotadas son verdaderas e impagables y ello, entre otras cosas hace que Pdvsa Siglo XXI sea inviable y que resulte igualmente una quimera pensar en la actividad petrolera en términos de Pdvsa Siglo XXI y sus filiales como parte de la proyección a futuro de nuestra industria petrolera. El chavismo, en la práctica, se ha encargado de borrarla del mapa como opción viable. Esto hace necesaria una reconsideración total sobre cómo enfocar la actividad petrolera a futuro en Venezuela. Pero cualquiera que sea la respuesta eventual, se requiere un vuelco inmenso en el enfoque de nuestros políticos. Sobre este tema ya hemos emitido opinión en varias de nuestras contribuciones en el pasado.

¿De qué se trata? La era del petróleo está llegando a su fin y como parte de ello también ha  llegado a su fin la posibilidad de que nuestro país siga siendo rentista del petróleo. Las nuevas realidades hacen que nuestra producción potencial ya no pueda pasar del orden de los tres millones de barriles diarios. El consumo interno seguirá aumentando por el crecimiento poblacional y los expertos en energía estiman que nuestro enfoque debe estar más bien orientado a que nuestra producción sirva para proveer las necesidades de consumo de nuestro crecimiento industrial, que significaría una ventaja relativa para nosotros.  Se requeriría un enfoque orientado al mercado interno para proveer sus necesidades de consumo por su crecimiento, más que uno orientado, como ha sido hasta ahora, a los requerimientos de exportación y además, requeriría que se crearan actividades generadoras de riqueza alternas a la del petróleo.

¿Cuáles actividades podrían desarrollarse para generar riqueza desde fuentes distintas al petróleo? Siempre han estado allí, pero las pautas generadas por los gobiernos de turno, exacerbadas en este siglo por el chavismo, han sido del tipo intervencionista y a excepción del Pacto Andino, aislacionistas. No tenemos sino que ver a nuestro alrededor en Latino América para encontrar situaciones de progreso sin que haya una fuente de petróleo, lo que los ha llevado a desarrollar las alternativas: Perú trabaja para llegar a ser uno de los principales suplidores de productos agrícolas del mundo. Otros promueven el sector turístico. En fin, tenemos todos los recursos necesarios para desarrollar un nuevo país, que explote para beneficio de nuestra gente  (positivamente) los recursos de los cuales ha sido dotado.

¿Cuál es la clave? Cambiar el enfoque de nuestros gobernantes y líderes políticos para diseñar una nueva estrategia que traiga nuevas políticas basadas en un enfoque liberal que atraiga a la inversión privada y la deje trabajar para que el país crezca y se convierta en un portento de desarrollo y crecimiento y, con él, llegue el Desarrollo Humano tan ansiado por todos y tan lejano e inconstante. Y este es el momento de aprovechar las circunstancias para cambiar el rumbo ya que no tenemos alternativa y todavía tenemos una buena producción de petróleo.
Caracas, Julio de 2016. odoardolp@gmail.com Odoardolp.blogspot.com @oleopon 



lunes, 11 de julio de 2016

El proceso que viene.
Por: Odoardo León-Ponte.
El país ha llegado a circunstancias inconcebibles. Más aún; si consideramos el montón de dólares recibidos en 100 años de petróleo, es difícil asimilar o entender cómo ha sido posible que hayamos podido llegar a donde estamos. Es que hemos botado todos nuestros ingresos y desperdiciado toda la riqueza producida e irrecuperable y,  hoy, prácticamente, no tenemos manera de producir para recuperar los cien años perdidos y mucho menos, petróleo para “sembrar”. Los tiempos que se avecinan requerirán nuevos enfoques reñidos con los de la “cuarta” y la “quinta” que a fin de cuenta, en su sumatoria, nos han llevado al déficit que ahora nos embarga. Se requerirán acciones económicas basadas en un enfoque político de primer mundo: ese es nuestro reto. Analicemos algunos rasgos de lo que ha sido nuestra acción política, en el entendido que los resultados en su conjunto no nos trajeron nunca un progreso contínuo deseado y posible.

La “cuarta” fue un sube y baja enmarcado en un tobogán, lleno de acciones y resultados discontínuos y con controles de cambio cíclicos (uno de los signos infalibles del  fracaso económico) ligado a la dependencia del precio del petróleo y sus vaivenes: señal de que nunca logramos en la cuarta desligarnos de las circunstancias del petróleo a pesar de las “siembras”; luego fue un período “rentista”. Es decir: no logramos desarrollar fuentes alternas de fondos para el estado, a pesar de que ya habíamos tomado para el manejo por parte del estado todos los medios de producción necesarios para la “seguridad” de la nación desde el punto político y económico. Pero no habíamos desarrollado otros sectores de la economía. La excusa siempre fue la de la insuficiencia de los precios del petróleo, producto de los “ataques” desde el exterior de que habíamos sido objeto.  Y los errores de la cuarta le abrieron las puertas a la “quinta”.

La “quinta” la conocemos y la hemos vivido en carne propia: una tragédia  nacional de hambre y muerte. Para muchos la “cuarta” es materia de libros y no de vivencia, pero es esencial que no olvidemos los errores cometidos y, sobre todo, que no olvidemos que nuestras penurias comenzaron con la nacionalización de las industrias básicas en 1976, el petróleo y Guayana. El tobogán que allí comenzó nos llevó al segundo gobierno de un Caldera a finales de su vida y la incorporación política del chavismo: de la incorporación de las acciones económicas reñidas con el progreso y abridoras de la incorporación definitiva del lumpen político y de los militares al poder total, con el consecuente olvido de todas las bases morales y éticas como habitualmente sucede con un gobierno tutelar.

¿Qué requerimos? Primero: que nada entender que el regreso al pasado no es la solución y por tanto debemos mirar hacia atrás solo para constatar los errores cometidos y asimilar que ellos le abrieron la puerta a lo que hoy vivimos. Segundo: que el período actual comenzó con una constitución diseñada para lo que se ha hecho desde 1999 y que no nos servirá para lo que necesitamos (progreso y más progreso; desarrollo humano y más desarrollo humano). Tercero: que el retrovisor sirve solamente para ver si es posible cambiar de canal y que esos es lo que debemos hacer. Cuarto: que los conceptos de la cuarta no son una buena referencia aunque sea lo único que conocemos que pueda ser mejor que lo actual, y que, en realidad pudo ser muy bueno pero fue malo. Quinto: que lo que necesitamos es un cambio total en nuestro enfoque de país ya que ahora somos ex rentistas que necesitamos ayuda social. Sexto: que el único camino que queremos es aquel que nos lleve al progreso: que nos lleve a la felicidad y a la paz.
Caracas, Julio de 2016.

odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon

jueves, 7 de julio de 2016

Nuestro futuro petrolero
Por: Odoardo León-Ponte.
Las más recientes estimaciones de potencial lograble de producción para Venezuela, andan por el  orden de 3.100.000 b/d de crudos principalmente de la faja, o sea, de alto costo de producción por la necesidad de mejorarlo, de mala calidad por sus componentes y de relativo bajo precio como crudo no mejorado. Bajo estas circunstancias, habría que concederle preferencias de regalía a ese crudo para que su explotación fuera rentable. De esa producción debemos deducir las necesidades del mercado interno equivalentes a 700.000 b/d que nos dejaría para exportar unos 2.400.000 b/d. Esta es nuestra realidad a futuro siempre y cuando hagamos las cosas bien, que no mantengamos a Pdvsa como operadora (producto de hacer las cosas bien) y no sigamos pensando que podremos llegar a cifras superiores a las anteriormente mencionadas. Las cifras son para una industria manejada básicamente por capital privado, sin más injerencia del estado que la de la regulación de las actividades en forma proactiva, en diferencia a la tradicional de interferencia como práctica preferencial. Agreguemos a lo anterior los bajos precios del petróleo y la absoluta dependencia del petróleo, a corto y mediano plazo, para la generación de las divisas indispensables y solo provenientes del petróleo para mantener un estado hipertrofiado, a falta de otras fuentes. Aparte, los precios de los 700.000 b/d del mercado interno seguirán subsidiados como siempre lo han estado y poco abonarán al erario público.

¿Qué hacer con esos 2.400.000 b/d de exportación? ¿A quién vendérselos? ¿Estados Unidos? ¿China? ¿India? ¿Petrocaribe? ¿A los mercados propios de las empresas mixtas? ¿A quién más? ¿Y cómo y bajo qué condiciones? ¿Y con cuáles preferencias desde el punto de vista del “net back”?

Estados Unidos ya está convertido en exportador de energía y lo será de petróleo, de modo que el único mercado conveniente que tendremos y que tendríamos sería el propio de las empresas que conformarán las empresas mixtas bajo “contratos de producción compartida” o los pocos cupos que nos queden en nuestras refinerías en el exterior. China e India estarían, como de hecho lo están, muy distantes y son inconvenientes desde el punto de vista de “net back”. Petrocaribe ni se diga: es el peor negocio que hemos hecho y su conveniencia estará cuestionada desde el punto de vista comercial y político.

Será necesaria una serie de acciones compensatorias que reduzcan el costo del aparato del estado. Que por primera vez pensemos que no dispondremos de ingresos ilimitados para hacer lo que nos dé la gana. Tendremos que pensar que somos un “país pobre” que ha tomado el camino de un “pobre país” y que deberemos pensar y actuar correspondientemente. Ya no somos los hijos ricos de la fortuna heredada  y, habiéndola agotado, no podremos  pensar en volverla a tener si no es como fruto del trabajo y de un accionar serio y responsable.

Será necesaria una serie de acciones para desarrollar y fortalecer la actividad privada como alternativa generadora de riqueza, mientras que el estado se ocupe, con suma austeridad y eficiencia, a dar con óptima calidad (no  más gastos innecesarios de guerra, ni aviones de sheiks -el Papa viaja en Alitalia, ni yates, ni parafernalia pomposa que corresponde a la gente muy rica o exitosa, que no somos) la educación, la salud, la seguridad, el orden púbico, el balance de poder, el combate incesante a la demoníaca corrupción, la defensa del país (su gente y no la “patria”) con el fin de lograr el Desarrollo Humano que nos garantizará la libertad y, en consecuencia, la democracia propia de un país de gente culta. Ese es nuestro verdadero reto y es a muy largo plazo y en forma continuada.
Caracas, Julio de 2016. odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon

   

miércoles, 29 de junio de 2016

Un nuevo enfoque de país.
Por: Odoardo León-Ponte.
Para salir del hoyo en el que estamos y para lo cual no disponemos de la escalera convencional apropiada, debemos dejar de cavar y pensar creativamente, como cuando se resolvió el caso de los mineros atrapados en Chile. Tan sencillo como eso. Debemos desarrollar un enfoque mental orientado a venderle neveras a los esquimales”, término que se usa para definir un tipo de responsabilidad dentro de la estructura de cualquier organización exitosa. Tenemos que convertirnos en una empresa exitosa al estilo de Microsoft, Facebook, Apple.  Y ese, ciertamente, es nuestro reto; nuestro dilema. Tenemos los recursos: petróleo, riquezas naturales como oro, bauxita; recursos forestales, hídricos, eólicos, bellezas naturales, tierras, clima: en fin, todo lo necesario. Dios no nos negó nada. Solo nos falta que las nuevas generaciones apliquen los conceptos y procedimientos necesarios para lograr un país que nos provea a nosotros, su gente, del Desarrollo Humano al que tenemos derecho. Hasta ahora los líderes que hemos tenido no lo han logrado.

La falta de liberalidad que nuestros políticos han tenido en su ideología en cuanto al desarrollo del país, ha sido la causa de nuestra tragedia y la intención fallida de controlar todo para poder “dirigir” el crecimiento del país, unido al concepto sub desarrollado de que todo lo venezolano es necesariamente bueno, nos han aturdido en nuestra capacidad para lograr el desarrollo ansiado por todos. No hemos querido ser ciudadanos del mundo, sino “venezolanos” y, con el tiempo, hemos ido perdiendo la disposición a tener el orgullo de nuestra prosapia. Y esa realidad no va a cambiar mientras el objetivo de los gobernantes sea político y no de desarrollo. Lo político es lo que nos ha traído por el despeñadero de no lograr nunca el crecimiento sostenido: solo hemos logrado crecimiento cuando el precio del petróleo ha sido alto y no éramos propietarios de la explotación de distintas ramas de la economía. A más propiedad por parte del estado, más pobreza y más oportunidades de corrupción: una de las características más destacadas de nuestra sociedad, que no es muy distinta en los otros países de Latino América, en donde por todos lados se destapan las cajas malolientes de la podredumbre de la corrupción; no solo de sustracción de fondos y tráfico de influencias. Y para no caer en la tentación y pecar por nuestra debilidad, a falta de una mejor razón, debemos distanciarnos de ella para reducir sus efectos negativos sobre el desarrollo del país.

Para minimizar el efecto de la actividad política y su consecuente efecto sobre las tentaciones de la corrupción exacerbada en estos últimos tiempos, debemos optar por definir un nuevo enfoque: tomar las medidas necesarias para que la actividad industrial que genere riqueza esté en manos de la empresa privada y que solo sea del estado aquello que le corresponda: educación, seguridad humana incluyendo salud, potenciación, equidad, y la defensa del territorio. Para ello debemos desistir de aquellas ideas que no han traído la satisfacción de las necesidades de la gente, para lo cual hay que “dejar” que sea el capital privado, con el “apoyo” y el “control” y no la “interferencia” del estado, el que desarrolle la actividad industrial, comercial y de servicios con sus propios fondos, contribuyendo así a la generación de una riqueza sustentable y sostenida sobre bases viables (representada por impuestos), para generar, en conjunto, los fondos necesarios para que un estado austero pueda atender a sus responsabilidades antes enunciadas. Para ello no es necesario ser “dueño” de nada, sino de buenas intenciones, de la capacidad de legislar, de asegurar los derechos de las personas naturales y jurídicas a través del aseguramiento del balance de los poderes y de lograr, con la contribución del estado, el crecimiento y la sostenibilidad del crecimiento del país en su sentido más amplio, en un mundo cada vez más competitivo y más acelerado. Así podremos rescatar el orgullo de ser venezolanos.
Caracas, Junio de 2016.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon   

lunes, 27 de junio de 2016

La necesidad de un proyecto de país.
Por: Odoardo León-Ponte.
Si analizamos nuestra tragedia de haber tenido la posibilidad de ser ricos y exitosos y, por el contrario, ser muy pobres, nos daremos cuenta de que en realidad esa tragedia se debe a la falta de un proyecto nacional de país. El Pacto de Punto Fijo intentó trazar unas reglas básicas de proceder, pero en las distintas etapas subsiguientes  de nuestra historia en el Siglo XX y en lo que va del XXI, henos disfrazado los proyectos de los distintos gobiernos  con lemas más bien electorales, salvo durante los gobiernos de Rómulo Betancourt, cuando se aplicó lo que era su visión del país, producto de un largo proceso de análisis basado en la vivencia y observación de las realidades. Fuera de eso no ha habido un proyecto de país como tal, que haya sido producto de un análisis al estilo de una empresa cualquiera exitosa. Lo que hemos tenido ha sido una discordante serie de intentos de planes discontinuos que nos han impedido seguir una ruta bien diseñada. Finalmente hemos desembocado en el desastre que vivimos, donde la acción no ha tenido ni pies ni cabeza y ha sido producto de disparar sin ver, hacia objetivos indefinidos, sin acertar en ningún caso. Podríamos pensar que la falta de ese plan nacional en el tiempo después de Rómulo Betancourt, nos ha traído a la tragedia actual.

Ha habido planes de la nación pero no ha habido una rectoría en el sentido de lograr un progreso  continuo basado en un plan entendido por todos. Siempre hemos tomado las acciones pensando en que haya un enemigo que nos pueda perjudicar y el resultado de esas acciones nos ha llevado al fracaso. Si tomamos como punto de partida la aparición del petróleo, cuyo mal manejo hemos convertido en realidad frente a las opciones que se nos presentaron en el  tiempo y no permitimos: hemos optado por la actitud del rentista que piensa que siempre se resolverán los problemas porque para eso tenemos el petróleo. Hemos dejado que el concepto de renta haya impedido el verdadero desarrollo, que no es otro que la diversificación real de nuestras fuentes de generación de riqueza, única ruta efectiva de progreso. Siempre hemos tenido un estado atravesado y limitado por las ideas políticas de izquierda, en vez de aquel que las descartara y se esforzara en lograr el verdadero desarrollo del país; el Desarrollo Humano, basándose en ideas liberales.

Debemos pensar que la tragedia que vivimos merece diseñar  y ejecutar, por primera vez, un plan viable de país basado en las necesidades de la gente determinadas por, para y con ellos. No basta limpiar de impurezas a una constitución diseñada a la imagen y semejanza de un ignorante mal intencionado. Se requiere el diseño de un nuevo país que propenda al Desarrollo Humano: a la búsqueda de convertir en realidad las soluciones a las esperanzas de la gente, sobre las cuales todos nuestros políticos de turno han basado todas sus promesas incumplidas. Entre las cosas que debemos determinar están quienes somos y qué somos, hacia dónde queremos ir y cómo pensamos lograrlo como conjunto nacional y no como dictamen de las cúpulas de turno. Es un ejercicio que nunca hemos hecho y que es vital a la luz de la experiencia negativa de cien años de “desarrollo” del petróleo. No basta crecer, que no lo hemos hecho en formas sana a pesar de haberlo “intentado” y logrado a veces: es necesario definir para qué queremos crecer y cómo queremos hacerlo y dejarlo plasmado de manera que sea la base del proceder de nuestros gobernantes y de la comunidad en forma permanente. De esta manera podremos desarrollar un entendimiento general que nos permitan actuar coordinadamente, en vez de que cada quien continúe “jalando” la sardina para sus propios intereses sin remar parejo y en la misma dirección. Así lograremos el desarrollo sostenido y creciente de nuestro país al fortalecer la base de su sustento.       
Caracas, Junio de 2016. odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon 

  

martes, 14 de junio de 2016

¿Qué hacer con nuestra realidad?
Por: Odoardo León-Ponte.
Recientemente Saudi Arabia emitió su plan 2030 (http://saudigazette.com.sa/saudi-arabia/full-text-saudi-arabias-vision-2030/) que debe ser  lectura obligatoria como documento de interés general y para buscar alguna orientación y comparación con lo que hemos venido haciendo a través del tiempo en este, nuestro país  y orientarnos sobre la necesidad de introducir nuevos enfoques de  dirección que deberíamos tomar. Nos daremos cuenta de que necesitamos redefinir y anotar expresamente los conceptos que nos deben guiar y que en general hemos dado por sobre entendidos, a pesar de que nunca los hubiéramos definido y que, con el correr de los años, hemos dejado que se disipen si es que alguna vez fueron remotamente  claros. (¿Por qué no tenemos un Museo de El Libertador?) El desorden y el desastre que nos aquejan hacen necesario un corte de cuentas en el que debemos definir quiénes somos y que queremos, cuáles son nuestras bases para considerar que somos un país; en fin que determinemos nuestras fortalezas como comunidad, basadas en nuestra historia y en nuestro cierto presente y tracemos una ruta que nos guíe en nuestra travesía en este mundo cambiante en el que se nos hace tan difícil sobrevivir y participar. Además, y guardando las diferencias, estaríamos viendo cómo piensa el líder exitoso de la OPEP, lejano en algún parecido con nosotros, sobre todo en su manera de pensar sobre hacia dónde dirigirse y por qué. Nótese que en sus planes ellos no hablan de derecha, izquierda, centro, comunismo, nuevo hombre, socialismo, pueblo, etc., que parecen ser los principales vocablos que nuestros líderes son capaces de utilizar en la definición de nuestras orientaciones.

El Plan de Saudi Arabia habla de bases, razones, y, sobre todo, de metas medibles y comparativas contra la realidad a nivel mundial en cada actividad. El plan, que fija las metas transitorias hasta el 2030, reconoce las fallas en la oferta versus las aspiraciones de la gente y acepta abiertamente en un documento que es público, que es necesario atraer e incorporar plenamente la inversión privada, los recursos humanos calificados de primer orden y desarrollar e incrementar la actividad de las ONG’s. El plan habla de salud y vida, de la familia como piedra angular de la educación de los hijos; promueve el apoyo al sector privado para que compita con el sector público. Habla de diversificar (¿desde cuándo  no oímos hablar de eso?) los recursos y la economía, de la apertura hacia el mundo (y no del enconchamiento “¿protector?”), de la privatización de servicios gubernamentales. Habla de metas comparando con lo actual y lo usual en los países desarrollados; reconoce las fallas, prohíbe la corrupción. Claro que hay gente que piensa que es un plan ambicioso, pero el plan mismo lo reconoce y, por ende, fija la ruta, las acciones y el compromiso necesarios para llevarlo a cabo. Claro, ellos también han aprovechado la bonanza petrolera que nosotros hemos desperdiciado y están en una posición privilegiada (“al César…) y eso hace que su plan sea viable y tenga las bases para sustentarlo, pero no hace que nosotros no necesitemos en mayor grado un plan ajustado a nuestras tristes realidades sino que, además, hace que para nosotros sea indispensable, más aun, la formulación de un plan reñido con todas las malas prácticas que hemos desarrollado y que conocemos, tanto del pasado como del presente. Hace necesario que nos incorporemos a un nuevo plan de desarrollo partiendo de cero o de lo poco que nos queda y con lo cual podamos contar. Para Saudi Arabia es cuestión de lograr el mayor progreso posible: para nosotros es cuestión de vida o muerte.
Caracas, Junio de 2016.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon   

lunes, 6 de junio de 2016

Nuestra realidad.
Por: Odoardo León-Ponte.
A mediano plazo, el petróleo ya no será capaz de proveer los ingresos necesarios para un estado como el que hemos creado, sin que tenga ninguna otra fuente de ingresos, ya que la inflación, la reducción de los ingresos de la gente y la falta de divisas para la importación de todo lo que necesitamos para producir, consumir o servir nos ha llevado a convertirnos en un estado fallido. Hasta ahora, la orientación de izquierda de nuestros gobiernos solo ha permitido que hayamos vivido una montaña rusa que podrá habernos dado emociones intensas y breves, pero que, en fin de cuentas solo ha aportado un retroceso relativo desde que nacionalizamos el petróleo. Todo como producto de la inexistencia de un proyecto de país y por dejar convertir las gestiones de los gobiernos en la aplicación de las fantasías de cada uno de los gobernantes de turno, en cuanto a la orientación del país: la sobreposición de las ideas de los gobernantes sobre las de los partidos políticos, en general, en preferencia a la escogencia de una ruta guiada por un diseño de país entendido por todos y elaborada por todos esos partidos políticos.

La ruta de la estatización, de la propiedad y explotación por parte del estado de los recursos naturales, de los medios de producción y distribución, de la construcción y el uso de la intervención como recurso del estado para fijar las reglas económicas de forma innatural, aparte de que nunca nos han dado un resultado verdaderamente positivo y mucho menos ahora cuando se ha exacerbado, ya no solo no nos podrá dar los resultados prometidos, sino que ya no puede ser en ningún caso una ruta viable. El país no tiene divisas ni ingresos suficientes para su subsistencia y la población pasa más hambre por la falta de comida y por la reducción de sus ingresos y profundiza sus enfermedades o muere por la falta de medicinas e insumos médicos. Y no hay una válvula mágica que repentinamente nos vaya a resolver el predicamento en el que nos encontramos, con la aplicación en forma reducida de los mismos parámetros de acción política anteriores a o iguales a los actuales. No se logrará pasar de la tragedia actual a una ruta de progreso usando los parámetros anteriores a este régimen: con el simple cambio en medidas económicas y el uso de créditos provenientes del exterior, como dicen muchos pensadores que se dicen de actualidad. Se ha demostrado desde la aparición del petróleo que hemos crecido solo en forma ecléctica y por espasmos, cuando la suerte del petróleo nos ha bendecido. De resto, mal. Y como durante la última inmensa bonanza del petróleo, creyéndonos los reyes imbatibles, al igual que en el pasado, no se tomaron las medidas necesarias para reformar nuestro enfoque izquierdista y lograr ampliar las bases para nuestro desarrollo, hoy deberíamos entender que no nos queda más remedio que cambiar nuestro enfoque político y diseñar, por primera vez, un proyecto de país. No dedicarnos a enmendar los extremos a los que nos ha llevado este régimen indigno (ayuda para  los jubilados que aun con esas ayudas sufren las consecuencias de la realidad del país en que viven, ni fijarle a los maestros un sueldo que no se les puede pagar y que no alcanza), sino a diseñar un nuevo rumbo a seguir para que podamos asegurarle al país una nueva fórmula de progreso: no las fórmulas constantes implosivas de los partidos de siempre, que nos han llevado a donde estamos, sino nuevos enfoques enmarcados dentro de lo que exige el mundo en constante cambio del cual queremos formar parte.

El reto que tenemos es en serio. ¿Cómo cambiar las reglas de nuestro juego para que tengamos éxito? Otros lo han hecho, lo están haciendo o se inician en ello. No basta con cambiar al jefe de estado; hay que cambiar el concepto de país. No sigamos pensando en sembrar el petróleo: nuestros campos están desérticos cien años después y ahora no tenemos “oro negro” que sembrar. De alguna manera las ideas de antaño o las de hoy ya no nos sirven. ¿Podremos crear nuevas fórmulas? ¿Quiénes y cuándo tomarán las riendas de ese cambio mientras otros se ocupan del día a día?
Caracas, Junio de 2016.
odoardolp.blogspot.com

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