jueves, 6 de agosto de 2015

Petróleo: desarrollo o destrucción.
Por: Odoardo León-Ponte.
En nuestro país los gobiernos siempre han manejado el petróleo detrás de la careta que insinuaba la búsqueda del desarrollo del país. Así se tejieron toda clase de razonamientos bajo la premisa de la careta, pero con la certeza de que en función de esa apariencia se buscaba el crecimiento y la permanencia de las cúpulas de poder, a pesar de que en los inicios del período post oscurantismo después de la muerte de Gómez, se buscó ciertamente el desarrollo del país como ruta preferida.

Pero los vientos que comenzaron a guiar la veleta política de distintos tintes de color rojo en materia de orientación política, buscando el soporte a y el interés en generar votos para mantenerse en el poder sin que efectivamente existiera una persistente  preocupación por el desarrollo del país y de su gente, fueron minando el progreso real del país permitiendo la falta de desarrollo de su gente y permitiendo que esa falta de educación de la población resultara en un país mayoritariamente minusválido en cuanto a su capacidad para apoyar a las causas que hubieran desembocado en un progreso verdadero para ellos mismos. La falta de educación de las masas, frenada para instrumentar una mayor capacidad de progreso dependiente de esa capacidad, en la búsqueda de un mejor nivel de ingreso y de vida, fue llevando a un incremento de la dependencia de las dádivas del gobierno de turno, hasta llegar, ”in crescendo”, a la triste realidad que hoy nos aqueja en la que voceros de turno han expresado que la pobreza producto de la ignorancia es necesaria para mantenerse en el poder, sustituyendo los conceptos de democracia bajo la careta más reciente de que “Venezuela es de todos”. Hemos puesto a un lado el Desarrollo Humano con la consecuente pérdida de libertad y democracia. Hemos olvidado que no puede haber democracia sin Desarrollo Humano, tomando, en cambio, el derrotero del uso, en función electoral, de  la capacidad financiera agotable dependiente del petróleo, en vez del derrotero de la inversión para la educación y el desarrollo económico buscando el Desarrollo Humano indispensable para el desarrollo del país.

En 1970 producíamos 3.700.000 barriles diarios de petróleo y éramos los expertos en el manejo del recurso, cuando el Medio Oriente apenas se despertaba a la realidad del petróleo como fuente de riqueza para el desarrollo. Ellos tomaron el camino de bien invertirlo para su desarrollo cuando aquí debatíamos infantilmente si debíamos guardarlo para el futuro o usarlo para el desarrollo, sin pensar que mientras más postergábamos el uso para lo segundo menos desarrollo tendríamos.

Quienes hayan visitado los países de Asia y del medio y lejano oriente habrán constatado y podrán asegurar, por contraste, que la careta que hemos venido utilizando para desorientar el manejo del petróleo, nos ha llevado a una situación que tristemente ha venido trabajando en nuestro perjuicio. Aquellos tienen un creciente estándar de vida, poseen los centros comerciales más grandes del mundo con sobrada oferta de productos, una seguridad óptima, empleo, seguridad humana, y seguridad social de alta calidad, además de los edificios con la arquitectura más asombrosa del mundo: esos países son y van para y por más, a pesar de los altibajos del petróleo que han vivido al igual que nosotros.  Nosotros, en cambio, hemos llegado a la construcción de ranchos y a la “ranchificación” del país y su gente, habiendo logrado el “milagro” político de desperdiciar todas las alternativas de progreso que hemos tenido. ¿Vamos a seguir creyendo y expresando a los cuatro vientos que el manejo y la operación de los recursos “básicos” por parte del estado es la fórmula de progreso? ¿Y le vamos a seguir diciendo eso a la mayoría ignorante (y la cada vez más poca con algún grado de cultura) a la que hemos perjudicando, a los graduandos que no consiguen empleo, a los estudiantes que abandonan las universidades en razón de su mala preparación previa, al creciente número de pobres que no tienen con qué ni que comer, a los enfermos que se mueren por falta de medicinas y a la inmensa cantidad de muertos producto de la inseguridad? ¡Por favor!
Caracas, Agosto de 2015.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon 

jueves, 30 de julio de 2015

Petróleo, geografía, anécdotas y realidades.
Por: Odoardo León-Ponte.
Quienes tuvimos la suerte de incorporarnos a la industria petrolera antes de o durante la etapa que la Shell llamó “de la venezolanización” en los años 50, pudimos convivir con el personal expatriado perteneciente a esas organizaciones internacionales, quienes venían de haber trabajado en sitios lejanos del mundo con extraños nombres y que, además había participado en la segunda guerra mundial por haber estado en las fuerzas armadas de los países aliados.

Oíamos de Borneo, Indonesia, Sumatra y las Filipinas en Asia, así como de otros sitios en todos los confines del mundo en el que participaban las empresas del petróleo. Oíamos de cómo esos parajes eran áreas atrasadas económica y socialmente y de cómo era la vivencia en esas comunidades y nos comparándonos positivamente para nosotros, dado el ambiente de cierto crecimiento de nuestro país y teniendo en cuenta las diferencias de desarrollo social entre ellos y la realidad de progreso que comenzaba a darse en nuestro país como resultado de la actividad petrolera. Oíamos anécdotas de cómo, camino de regreso durante vacaciones a sus países de origen en Europa, pasaban por Hong Kong, en donde en un día les hacían un flux. Oíamos de sus pesadillas producto de sus vivencias relacionadas con los horrores de la guerra en la cual participaron. Vivíamos su satisfacción por disfrutar de un ambiente mucho menos rígido que aquel que existía en sus países de origen y también de su apego a nuestro modo y a la calidad de vida que se iba desarrollando, hasta el punto de que muchos decidieran quedarse al final de su vida de trabajo.

De hecho, nuestra industria petrolera mantenía y significó hasta el final del Siglo XX una confrontación permanente en el país entre el mundo desarrollado y el subdesarrollado: solo una cerca que separaba ese mundo industrial desarrollado que aplicaba los más exigentes parámetros de la actividad operacional, de nuestro mundo subdesarrollado. Interesante notar igualmente que los que tenían en sus manos la dirección política de la industria desde los cargos y poderes públicos, nunca conocieron ni supieron de estas realidades, ni parece haberles importado. Pensaban que el país tenía la razón en su enfoque reductor de la actividad petrolera y en la necesidad de ir a su estatización como paso indispensable para el desarrollo del país. Triste y equivocada actitud y consecuente decisión.

Habiendo leído y oído de esos sitios remotos con nombres raro, de los cambios logrados mientras nosotros pretendíamos ser los reyes del petróleo y con la imborrable vivencia, después de haber visitado y comprobado personalmente la realidad en esos sitios remotos, necesariamente tenemos que concluir que después de nuestros cien años de explotación petrolera nuestros gobernantes araron en el mar: desperdiciaron las alternativas.

Los mercados se nos han ido, la producción y sus actividades colaterales no son ni la sombra de lo que pudieron ser, las “mayores reservas petroleras del mundo” siguen y que por el camino que vamos seguramente continuarán en el subsuelo. Un país que pudo convertirse en lo que se han convertido esos sitios remotos de antes con nombres raros, ahora es una parcela del mundo que comienza a ser vista como lo que es: un país inseguro desde cualquier perspectiva, con inmensos problemas sociales y con un futuro difícil de predecir, pero que sin duda estará lleno de malos ratos tanto para los jóvenes que buscan un futuro como para quienes ya no lo somos ni lo tendremos. Tristísima pero cierta realidad.
Caracas, Julio de 2015.
odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon


jueves, 23 de julio de 2015

Petróleo, permanencia política y desarrollo.
Por: Odoardo León-Ponte.
Desde que hace cien años el petróleo se convirtió en nuestra principal e irremplazable fuente de fondos para el estado, se inició una dicotomía en cuanto a su uso para la permanencia en el poder en contraste con las necesidades de desarrollo de la gente. En el camino se fueron haciendo los cambios del uso para el desarrollo hacia su uso para la permanencia en el poder, olvidando paulatinamente a la gente y sus necesidades y alimentando igualmente en forma igualmente paulatina la vigencia de las exigencias de esas clases olvidadas, dándoles, en la práctica, la fuerza que siempre tuvieron pero que nunca ejercieron, alimentándosela apenas con ofertas esperanzadoras pero irreales e incumplibles, mientras transcurría el tiempo y la esperanza se disipaba. Pudiéramos pensar que mientras hubo un pacto político hubo mesura y la búsqueda de un camino que nunca se encontró, pero que se buscó con algunos resultados positivos. Pero el abandono de la unidad de criterio en cuanto a la necesidad de atender a las clases desposeídas y a la población en general en aras del Desarrollo Humano y la profundización de la estrategia para la permanencia en el poder, nos llevó a destrozar la poca credibilidad de los políticos, ya deteriorada, y a sustituirla con el apoyo a una ilusión que, basada en la aparente y pregonada preocupación por las mayorías abandonadas, permitió el surgimiento de una clase oportunista que, aprovechando las tendencias logradas de convertir al petróleo en sustento de la permanencia política, finalmente la convirtió en la única y exclusiva razón de ser del petróleo.

En el proceso antes descrito, se limitó el potencial crecimiento del petróleo y, habiéndolo convertido en el arma propiedad del estado a través de la estatización, se abrió la puerta para que ya no hubiera límite a lo que se pudiera intentar hacer con los recursos provenientes de su explotación. Se seguía olvidando que había un pueblo incrementalmente olvidado dentro de la euforia del “dominio” del petróleo, cuyas necesidades se hacían cada vez más evidentes y más exigibles. Por otra parte y “de repente” se fue haciendo realidad que la propiedad de la actividad no era lo verdaderamente importante en cuanto a su crecimiento y que la dicotomía que siempre se había vivido, al convertirse en realidad palpable la incapacidad de manejar balanceadamente los conceptos de desarrollo y de permanencia en base al desarrollo, obligó a los gobernantes a reabrir caminos que antes se habían cerrado por haberlos determinado como injustificables. Pero era tarde.

La avalancha de necesidades desatendidas trajo como consecuencia un vuelco en la actitud de las mayorías, incluyendo a la clase media, que en equivocada búsqueda de una salida que resolviera sus problemas, juzgó conveniente, por desconfianza en la dirigencia precedente, llevar al poder a un encantador de serpientes quién, con la ayuda de un circunstancial cambio en los vientos de los precios del petróleo, llegó a pensar que era posible lograr su eternización en el poder a la manera de un inmortal, olvidando que era tan solo uno más de los mortales comunes. En el proceso y por la acción de los gobernantes en la forma desbocada que hemos conocido, el país se encuentra en la peor de las situaciones de su historia moderna y, por las circunstancias de lo que se ha logrado en términos de destrucción de lo poco que teníamos, ahora confrontamos, en aplicación de la versión del uso del petróleo para fines absolutamente políticos, la inmensa dificultad para salir adelante, si es que fuera posible, y deslindarnos del caos creado. Agreguemos que ahora el petróleo ya no es la tabla de salvación que siempre pensamos que fuera. El resto del mundo ha cambiado vertiginosamente y ya nuestro petróleo no tiene la importancia que antes llegó a tener. Y después de todo, nosotros tampoco.
Julio de 2015.

odoardolp@gmail.com odoardop.blogspot.com @oleopon

viernes, 17 de julio de 2015

Petróleo y orden.
Por: Odoardo León-Ponte.
Un país dependiente del petróleo como lo ha sido el nuestro, mantuvo un cierto futuro mientras el petróleo se manejó con orden, bien fuera por los inversionistas extranjeros o bajo Pdvsa Siglo XX, con todo y las fallas de nuestros gobernantes inexpertos en la administración de las cosas públicas, para lo cual no tenían ni tienen experiencia alguna. Solo podían apelar, como lo han hecho, a ideologías negadas con el Desarrollo Humano de la gente y del país.

Una empresa exitosa tiene que ser dirigida por los mejores hombres. Este fue el caso de la industria petrolera en sus primeros ochenta y cuatro años. Primero al ser dirigida como buen ejemplo por las petroleras más grandes y exitosas del mundo, Exxon y Shell, y luego por los venezolanos herederos de esas culturas, cuando los factores influyentes políticamente tomaron la decisión de estatizar la actividad. ¿Qué perseguían esas culturas? El éxito de su gestión comercial a través de la optimización de los recursos dentro de las limitaciones a las que estuvieron sometidas. Pdvsa Siglo XX heredó los conocimientos y el entendimiento de los procesos técnicos y administrativos conducentes al éxito de la gestión. Pero, querámoslo o no, siempre estuvieron sujetos a la indefinición por parte de los dirigentes políticos y los intelectuales de turno, que siempre han tenido un conflicto en cuanto al rol del petróleo y a su manejo, privando a la larga lo inconvenientemente ideológico sobre lo pragmático, a pesar de las comprobadas consecuencias negativas de la realidad vivida sobre el desarrollo de la actividad y del país.

Al inicio de la gestión de Pdvsa Siglo XX quedó claro que el objetivo era operar para producir la renta necesaria para el país y el orden que se siguió respondió a esa meta, pero no tardó en surgir el conflicto ya ineludible por la propiedad de la actividad, sobre el uso del petróleo: ¿crecer o darle real al gobierno? Recordemos, además, que la industria venía de un retraso acumulado producto de las trabas, limitaciones y cursos de acción improductivos a las que estuvo sometida la actividad y de la cual había que recuperarse: falta de exploración, retraso en la actualización de las instalaciones operativas, organización para optimizar la operación, aprendizaje en la comercialización; todo dentro de la necesaria aclaratoria de los roles respectivos de la empresa y del gobierno. Pero en la búsqueda de más ingresos para superar las necesidades creadas por la acción política de los gobernantes, se afectó a la empresa en su capacidad financiera y por ende en una parte esencial para su orden. Así se llegó, a pesar de los pesares y de las observaciones por parte de los petroleros, a la apertura petrolera.

Pero el uso del petróleo con fines principalmente políticos dejó de producir los resultados que se prometieron durante el proceso anterior y posterior a la estatización de la actividad. La promesa que se hacía de generar el progreso que no era posible con la actividad en manos del capital privado (según nos decían) ahora comenzaba a hacer agua. Primero se “tocó” la independencia de la acción que inicialmente se le había dado a Pdvsa Siglo XX, después se trató de incorporar gente distinta a la del petróleo en los cargos de mayor jerarquía y, finalmente, se reconoció que había que regresar a la inversión privada ya que la promesa era incumplible. Pero el daño al petróleo estaba hecho en función política: la estatización no era el camino y la gente comenzó a sufrir las consecuencias, al igual que las organizaciones políticas. Se había perdido el orden necesario para manejar la actividad que siempre representó el sustento de todo lo otro. Se abrió el albañal por cual se iría todo el esfuerzo de ochenta años de dedicación y de orden. Ahora pagamos las consecuencias.
Julio de 2015.
odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Petróleo, salario y devaluación


Petróleo, salario y devaluación.

Por: Odoardo León-Ponte.

En el país existe una arraigada tendencia a considerar todo dentro de los parámetros nacionales como si existiéramos en un mundo aparte. Así, se habla como medida de la realidad de lo que ha bajado el poder adquisitivo del salario en bolívares desde que llegó esta gente. Nada más apartado de la verdad si consideramos e incluimos otros aspectos relacionados, que normalmente dejamos afuera o evadimos. Hablamos de las cestas: la básica y la alimentaria como si esas fueran las más importantes medidas a tomar en cuenta, aunque quizás sean las más importantes para medir el “nivel de hambre” al que el gobierno quiere que nos acostumbremos. Pero la vida tiene que evaluarse en términos de lo que es relevante para que sea aceptable en términos de Desarrollo Humano. ¿Qué hay de lo relativo a vivienda, salud, libertad, seguridad humana, productividad, equidad, potenciación? Si no las tomamos en cuenta estaremos contribuyendo a sostener la tesis de que solo necesitamos alimentarnos y que todo lo demás es innecesario. Veamos.

 

 La situación del común de los mortales aún con un “alto salario”, hace que con ese ingreso no pueda adquirir una vivienda, comprar un carro, pagar un seguro médico, ir a un restaurante que no sea una arepera o de comida rápida o disfrutar de desahogo social en un sitio de diversión en el que tenga la seguridad necesaria. Han pasado al olvido las cédulas hipotecarias y la adquisición de vivienda por endeudamiento y nos agobia la inflación que ha hecho imposible comprometerse a futuro. Y el estado es quien pretende si éxito resolver la situación a través del control. El valor de las cosas ha tomado el curso de la dolarización por falta de otra medida de referencia y los ingresos el de la devaluación, con el consecuente empobrecimiento generalizado que el gobierno trata de aminorar con subsidios a los más pobres pero que, en vista de que cada día hay más de ellos, los bolívares generados por el petróleo para el estado, hoy en día nuestro única fuente de ingreso, no alcanzan y se usa la fórmula de generación de dinero inorgánico creando más pobreza verdadera y relativa.

 

La pobreza verdadera es la de la cesta básica, la de la escasez, la de la inseguridad, la de la  incapacidad para las mayorías de vivir con el sueldo, la de la limitación real de la libertad de decisión hasta para comprar las medicinas necesarias para la salud. La pobreza relativa, pero a fin de cuentas la de ”la verdad verdadera”, es la de sacar la cuenta de lo que ganamos, no en base a los bolívares a las tasas de Cadivi, de Sicad 1 o 2, sino de lo que cuesta ahora crecientemente todo lo que necesitamos y todo aquello de lo que cada día tenemos menos por el empobrecimiento de nuestra divisa.   

 

Pensemos y saquemos la cuenta de lo que ganábamos antes y lo que ganamos ahora y calculemos lo que ambos significaban y significan en términos de la moneda dura que todos anhelamos y concluiremos que nuestra pobreza relativa en términos de la realidad en el mundo que nos rodea es inmensa. Esa es nuestra verdadera realidad y termina en la devaluación constante de nuestro modo de vida y de nuestras posibles aspiraciones a un futuro. ¿Y todavía nos preguntamos por qué se van los que pueden y quienes se arriesgan? Ojo: el petróleo nada tiene que ver con eso. Es su manejo por parte del estado el que nos afecta directa, triste e ineludiblemente.

Noviembre de 2014.


odoardolp.blogspot.com

@oleopon

martes, 28 de octubre de 2014

Petróleo y excelencia


Petróleo y excelencia.

Por: Odoardo León-Ponte.

La excelencia en la explotación del petróleo nos llevó a convertirnos en un país con futuro a través del esfuerzo financiero y técnico del capital extranjero, mientras tuvimos conciencia de que debíamos arroparnos hasta donde nos llegara la cobija. Así logramos un verdadero progreso como país. Fueron los años desde la salida del oscurantismo hasta el fin de los primeros tres períodos de la democracia. En ese período logramos sentar las bases para la formación de un estado moderno. Sin embargo durante ese período no todo fue bondad. También arrastramos ideas del momento poco efectivas que solo hubieran sido viables con una población desarrollada, pero que, no teniéndola, mal podía recibir los beneficios prometidos. A la mesa le faltaba la “pata” más importante: la capacidad de la población. Y con acciones como estas se desperdiciaron ingentes recursos, esfuerzos y esperanzas. Era tratar de ubicar la carreta adelante del burro.

 

Pero en lo que más se desperdiciaron esfuerzos y oportunidades para la gente fue en invertir en la justificación y aplicación de los conceptos y acciones de limitar la producción petrolera en base a un razonamiento político, apoyado en la supuesta conveniencia y el beneficio para el país de coartar la actividad petrolera del capital privado sin disponer de los recursos humanos y financieros. De esa manera nos enfrascamos en un toma y dame contra el mundo desarrollado, como si nuestra estatura y poder nos pudieran permitir un enfrentamiento con lo más granado del mundo y, más aún, aspirar a esperanzas de triunfo.

 

Pero de alguna manera muchos pensantes del país y el electorado no pensante, se dejaron convencer y participaron con los políticos en el diseño de ese camino como e más productivo para el país y su gente: la tónica era frenar las posibilidades de crecimiento de la industria petrolera en manos del capital privado y por ende las del crecimiento del país y del Desarrollo Humano de la gente, llevando la extensión de tal pensamiento al extremo de aspirar a y, eventualmente, estatizar la industria petrolera, incorporándola bajo la administración directa del estado y convirtiéndola en la veleta sobre la cual se sustentarían todas las posibilidades de Desarrollo Humano de nuestra gente y con la seguridad de que, tarde o temprano, esa acción sufriría las limitaciones naturales y propias de un país subdesarrollado en todo, menos en su capacidad heredada de dirigir la actividad.

 

Consecuencia: limitaciones derivadas de la acción política equivocada, la promoción de grandes planes nacionales irrealizables, sobregiro en las cuentas del gobierno con la consecuente inflación, incapacidad para generar desarrollo humano que significara democracia y libertad y la destrucción de la poca institucionalidad lograda con el consecuente resultado de inseguridad y el enorme distanciamiento del futuro prometido. Todo producto de una indefendible acción política que, por sus resultados, generó la pérdida de la confianza del electorado y lo orientó, en su incapacidad para escoger el mejor y más promisor camino para asegurar un futuro, a optar por la continuada mentira basada en la esperanza, convertida en promesa de un futuro mejor. Mentira con la cual ahora estamos obligados a vivir por lapsos generacionales en el tiempo, aún si asumimos que pudiéramos lograr un cambio que nos permitiera sacudirnos de la pesadilla que no impide el camino hacia un futuro promisor de Desarrollo Humano.

 

Octubre de 2014.


odoardolp.blogspot.com

@oleopon

miércoles, 22 de octubre de 2014

Petróleo y aspiraciones


Petróleo y aspiraciones.

Por: Odoardo León-Ponte.

El petróleo abrió la caja de pandora de las aspiraciones y durante cien años ha sido el trampolín que los políticos han utilizado para sus maromas, bajo la excusa y con la promesa de que se lo manejaba como la base para lograr el desarrollo del país y de su gente. Ese no ha sido el  resultado.

 

Con la caída del gomecismo se inició un proceso de modernización de un país que había estado sometido al más estricto dominio en su historia por parte de una parcialidad. Comenzaba la modernización del país con la Ley del Trabajo y la Ley de Hidrocarburos. Más adelante comenzó el proceso de convertir el petróleo en bandera política, apoyando la acción en la manifestación de que todo lo que se hacía en función de la ruta trazada para el petróleo era en beneficio de la estrategia política que conseguiría convertir el petróleo en la base de sustentación del progreso del país y del Desarrollo Humano de su gente.

 

Bajo esa bandera política, la industria petrolera en manos del capital privado llegó a producir su máximo nivel de 3.700.00 b/d en 1970, a pesar de todas las limitaciones que le impusieron a la actividad los gobiernos de turno, dedicados como estaban a la tarea de identificar como causantes de nuestros problemas a los países y capitales extranjeros y negando, contra viento y marea, la oportunidad de desarrollo y crecimiento de la industria privada a través de esquemas nuevos que permitieran una mayor y más balanceada base de producción que la existente y un crecimiento acorde con esa base ampliada, no solo en el renglón de producción sino en el de refinación. Esos otros rumbos hubieran marcado los niveles de producción y de refinación a los que hubiéramos podido haber llegado y que hubiéramos podido mantener. En el proceso y con las decisiones tomadas para imponer limitaciones, incluyendo la estatización, la industria nunca ha podido retomar ese nivel de producción, habiendo declinado desde 1970 y tan solo habiendo llegado a su tope de producción, incluyendo la apertura petrolera de unos 3.100.000 b/d a fines del siglo pasado.

 

Las preguntas que uno se hace como resultado de este breve recuento son las relativas a las oportunidades perdidas de desarrollo del país y de Desarrollo Humano de la gente, por haber sufrido las vicisitudes de una política limitativa del renglón petróleo, al no haber permitido una ampliada actividad que nos deparara mayores ingresos y un menos traumático acontecer petrolero; todo bajo la premisa de que ello hubiera permitido una mayor ampliación de la clase media y una disminución de la pobreza: es decir, un mayor Desarrollo Humano que hubiera, a su vez, redundado en una orientación hacia el crecimiento nacional y personal y no hacia el empobrecimiento producto de la filosofía de mantenimiento del poder que le abrió las puertas al chavismo: una equivocada filosofía de vida basada en el empobrecimiento general de una población dependiente de un estado supuestamente todopoderoso, unida al dominio del poder político en función del poder generado con fondos del estado. Todo basado en el uso continuado e inapropiado del petróleo, con resultados nefastos injustificables: inflación, estancamiento económico, escasez, inseguridad personal y de futuro, falta de oportunidades para progresar y tendencia acelerada hacia la emigración, buscando en otras latitudes las oportunidades que otros buscaron aquí cuando teníamos futuro. Triste desenlace para un país que en la segunda mitad del Siglo XX fue la tierra de oportunidades para quienes, en libertad, quisieran ganarse el pan con el sudor de su frente.

Octubre de 2014.

odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon