martes, 24 de mayo de 2016

El petróleo como ejemplo.
Por: Odoardo León-Ponte.
A Venezuela se la conocía, inicialmente, por los petrodólares y después y además, por sus bellas mujeres. Ahora se la conoce por sus bellas mujeres, por su corrupción y por su tragedia humana. Triste realidad. Y para muestra un botón.

Cuando los países árabes comenzaban a aparecer en el panorama petrolero, éramos el mayor productor del mundo, nos sobraba el dinero, pensábamos que éramos los reyes y nos arropábamos hasta donde nos llegaba la cobija. Una subida repentina de los precios del petróleo nos envalentonó y nuestros gobernantes pensaron en la conveniencia de “ponerle la mano al petróleo”. Y lo hicieron. Y comenzó el descalabro. Ya no había límite a lo que podríamos hacer con el petróleo, disimulando que lo queríamos para el desarrollo del país y no con fines políticos. Y cien años después estamos relativamente peor que al comienzo: hoy no tenemos medicinas, ni comida, ni insumos, ni dólares provenientes del petróleo; ni futuro. Panorama tétrico y sin mayores posibilidades de cambiarlo si seguimos con la misma mentalidad política. Creen los políticos que lo único necesario es cambiar el gobernante. Lo demás puede esperar o es remediable.

Al petróleo, al comienzo los gobernantes le permitieron desplegar las alas necesarias para que volara alto. De repente, con la convicción de ser los únicos poseedores de la verdad y escudándose detrás del supuesto interés nacional, por la convicción política de que el “capitalismo” privado extranjero no tenía buenas intenciones ni podía contribuir al desarrollo verdadero de nuestro país, aun cuando nos había sacado del anonimato ( y pensar que el lema de la Shell era: “Asociados al progreso de Venezuela”), los gobernantes de turno comenzaron a desplegar las interferencias necesarias para frenar el mayor desarrollo posible del petróleo, bajo la supuesta convicción de que ello iba en línea con los intereses del país: ideas de izquierda de moda, que paulatinamente nos fueron llevando por un camino lleno de espinas, a pesar de que había otras opciones y alternativas que nos hubieran podido llevar a sitiales de mayor importancia, estabilidad y seguridad económica, social y política. Pero el poder del estado presidencialista y todo poderoso, aunado a la creencia política de que, como país rentista de una inagotable y siempre más que suficiente fuente de riqueza, nos llevó a estatizar el petróleo y otras actividades relacionadas con actividades de interés e importancia “estratégica” que debían estar bajo el control del estado.

Hoy, después de viernes negros, controles de divisas, caracazos , altibajos petroleros, socialismo del Siglo XXI, cierre paulatino del petróleo como “fuente inagotable de la riqueza siempre prometida” ,anarquía,  con una actividad industrial minimizada, con una preponderancia extrema de la interferencia e intervención del estado en todos los órdenes, con un éxodo de recursos humanos; sin fondos y con una corrupción y militarización sin parangón, nos encontramos ante la disyuntiva de no poder resolver el crucigrama patético al que nos enfrentamos.

Otros países dentro de la misma actividad y dependencia, aunque con más cerebro que nosotros, como es el caso de Saudi Arabia, ya se han dado cuenta del cambio de mentalidad que es necesario para adecuarse a los cambios del mundo y comienzan a tomar las medidas para ajustarse a las nuevas realidades presentes pero sobre todo futuras. Nosotros, en cambio, seguimos aferrados a nuestra eterna creencia y decimos que solo es necesario salir del gobernante y que sin dólares, ni riqueza, ni gente, ni comida, ni medicinas, ni nada y tan solo pidiendo unos reales prestados, podemos salir adelante y desmarcarnos de éste atolladero. Parecería más conveniente pensar y actuar en función de verdaderos nuevos horizontes para ajustarnos a la era post petróleo después de cien años de despilfarro.
Caracas, Junio de 2016.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon       

jueves, 19 de mayo de 2016

Estatización, centralización, partidización, presidencialismo.
Por: Odoardo León-Ponte.
El epígrafe nos define la fórmula de nuestro fracaso como país, por cuanto, en mayor o menor grado y en su conjunto, esas han sido las razones de haber hecho lo que hicimos. Agreguémosle la pintura roja de la izquierda y tendremos todos los ingredientes y habremos definido lo que hay que cambiar para tener el éxito que ansiamos aunque, en lo personal o institucional, perdamos el poder y aun cuando sea realidad el certero análisis de Moisés Naim sobre las realidades del poder en el mundo de hoy. También es necesario definir nuestro entendimiento de lo que significa “pueblo”: ¿realidad o mito electoral? Está más que comprobado, por otra parte, que toda organización tiene un límite a su capacidad basada en la idoneidad de sus dirigentes y en la independencia de su acción y hay elementos contundentes que indican la necesidad de delegar para lograr el éxito. Más aún, no siempre tenemos la razón ni es importante tenerla siempre; hay que vivir las realidades. No podemos culpar a otros de nuestros males, ya que siempre los resultados de nuestra gestión son producto de nuestras acciones. Si aplicamos el código antes expuesto, hay mucho que cambiar y el pasado nos enseña que nuestra realidad actual se debe a nuestros errores pasados y presentes, aunque haya diferentes dimensiones en el tiempo. Igualmente debemos ser prudentes y resguardar a la y morales. Adicionalmente, debemos pensar que en nuestro caso, los errores han hecho que los dirigentes políticos no puedan seguir con las mismas prácticas por razón de las nuevas realidades del país en cuanto a los recursos financieros y humanos del país. Esta última es la única buena noticia, si la tomamos como punto de partida para lo que debe ser un cambio radical, inaplazable e impostergable en la definición de un nuevo país y su consecuente nuevo rumbo.

Estatización. Tres ejemplos: Pdvsa, Cantv y las empresas de Guayana. Cuando las manejó la empresa privada funcionaron bajo criterios de excelencia y no hubo límite a su progreso, salvo el impuesto por las autoridades del momento. En manos del estado no pudieron crecer ni proveer lo necesario y eventualmente han llegado a lo que conocemos.

Centralización. Dos ejemplos: Corpoelec e Hidro Capital. Cuando había empresas regionales y una independencia basada en la determinación de necesidades regionales o sectoriales, hubo desarrollo. Hoy tenemos un país plagado de apagones y escasez de agua; de dos derechos humanos modernos fundamentales y con un futuro incierto en cuanto a la disponibilidad continuada de esas necesidades esenciales.

Partidización. Ahora, hasta los uniformes de todas las oficinas y empresas del estado acaparador, ineficiente y sectario (ates se podía ser adeco, copeyano o comunista sin problemas) son de color rojo.

Presidencialismo. La publicidad del estado se ocupa de engrandecer hasta el extremo, con enfoques seudo religiosos, la persona del presidente de turno o del anterior y se define la actitud partidista en función de la persona del presidente. Se actúa para las gradas dejando por fuera a la gente en sus verdaderas necesidades aun cuando se les prometan villas y castillos.

Agreguémosle al panorama la realidad de un estado quebrado y desmembrado, con escasos recursos financieros y humanos; de una población deteriorada en su capacidad personal, más dependiente de dádivas y desorientada en sus criterios de comportamiento. Incorporemos la desaparición de los enfoques institucionales, la necesidad de una orientación estricta para los sectores públicos y privados y la corrupción rampante. ¿Qué tenemos? ¿Y cómo lo podemos resolver? ¿Con más de lo mismo? ¿Cuál es la fórmula para deshacer todos esos nudos que harían imposible el cambio que necesitamos? Tenemos que vivir las nuevas realidades y desarrollar procederes acordes y modernos. No ganamos nada con retrotraernos a etapas anteriores que nos dieran progreso temporal pero no continuado. Es urgente.
Caracas, Mayo de 2016.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon    

miércoles, 4 de mayo de 2016

¿Qué hacer y cómo hacerlo?
Por: Odoardo León-Ponte.
El petróleo hasta ahora no nos ha servido para nada productivo en fin de cuentas. Estamos mucho peor que cuando se nos convirtió en una realidad avasallante, porque han transcurrido cien años y en esos cien años no hemos progresado más allá de nuestras narices y si consideramos la potencialidad de desarrollo que hemos malbaratado, solo podremos concluir que” hemos arado en el  mar”. Y si le agregamos a nuestra realidad el grado de corrupción (por lo inmensa que ha sido la tentación y la tolerancia) en el manejo de la riqueza petrolera que se ha insertado en nuestro modo de vida, tendremos que recapacitar sobre cómo emprender el retorno para convertir ese “oro negro” que ya no tenemos en la misma dimensión, en “oro amarillo”: en Desarrollo Humano; en convertirnos en un país con verdadero futuro, para lo cual debemos descartar los enfoques que hemos trajinado relativos al estatismo como una expresada conveniencia equivocada para el progreso del país. Sumemos a esto que ya el petróleo está asomándose al final de la ventana de excelencia que tuvo en el pasado y que nuestras necesidades se han multiplicado vertiginosamente por la falta de mantenimiento e inversión y el incremento de la población, a lo que hay que agregar la necesidad de atender a las oportunidades del bono demográfico.  Nuestras necesidades requieren una inmensa cantidad de fondos de la cual no dispondremos para invertir en generación de energía (eólica, térmica, hidráulica) y su distribución; infraestructura, servicios, educación, salud preventiva y curativa, seguridad, producción agrícola y pecuaria; producción, refinación y distribución de petróleo y gas, orientación ética y moral de la población, de los funcionarios públicos y del sector privado. Sin duda que es solo una muestra de la inmensa tarea que tenemos por delante si deseamos convertirnos en un verdadero país.

La propiedad por parte del estado de los medios de producción, distribución y venta de los productos y de los dólares se ha comprobado a través de esos cien años que no han conducido ni conducirán al progreso. Hemos estado aplicando medidas a destiempo y equivocadamente con un criterio político defendido con referencias a la situación mundial del momento sin que hayamos progresado. Todo lo contrario: hoy estamos más atrasados que nunca en relación con aquellos a quienes usábamos como punto de comparación al estilo del mal estudiante que defiende sus malas notas en base al número de raspados en su clase. Nunca nos hemos comparado con los que verdaderamente nos han aventajado y hoy son los líderes en el mundo. Y malos serán los resultados de esa comparación con los de siempre si la hacemos hoy. Ellos han progresado y nosotros hemos retrocedido. Nos queda la combatividad de nuestra gente que ha confiado en forma pacífica pero pasiva en las promesas de mayor libertad y democracia: en el progreso, que siempre se les ha prometido pero que ya comienzan a dudar que estemos en capacidad de lograr.  

Tenemos todos los espejos del mundo para mirarnos. El espejo del petróleo, de la educación, de la salud, de la seguridad, del militarismo, del engaño a la colectividad, de la falta de balance entre los poderes públicos, de la impunidad, de la deshonestidad (rampante e incontenible en su descubrimiento), de la indolencia, de la irresponsabilidad, de los tonos de rojo, de la incapacidad: un panorama trágico que no podremos resolver con nuestras promesas y acciones de siempre. La situación ha llegado a tal grado de descomposición que necesitamos diseñar un nuevo país: no el de Chávez de la constitución del  ’99 diseñada a su imagen y semejanza, sino la de un nuevo país que se enmarque dentro de parámetros morales, éticos y políticos de progreso que permitan que nos convirtamos en un país moderno con las bases y acciones correspondientes por parte de sus dirigentes, que hagan posible esa realidad.
Caracas, Abril de 2016. odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon



martes, 26 de abril de 2016

¿Qué hacer con el petróleo?
Por: Odoardo León-Ponte.
El petróleo que siempre fue la fuente casi inagotable de ingresos para uso de los políticos de turno en función de sus objeticos personales o partidistas, acordes con su visión sobre el país o con sus deseos de permanencia en el poder, ya no permite en su manejo las licencias conocidas. Ahora es la única fuente inmensamente disminuida de divisas para cubrir todas las necesidades de un país venido muy a menos en todo sentido. Consecuentemente, se hace indispensable formular nuevos enfoques sobre ese recurso con el objeto de permitir el desarrollo de su explotación. (Y de todas las otras áreas). Debemos recordar que el gobierno no tiene ingresos suficientes para cubrir sus requerimientos financieros de operación o de inversión y el sector privado está aplastado en su capacidad para generar riqueza y divisas. Veamos cuál es la realidad de la explotación del petróleo.

La explotación del petróleo y el manejo de sus actividades de exploración, producción, transporte, refinación y comercialización, están en manos de una empresa propiedad de ese estado quebrado y de empresas mixtas en las cuales el gobierno es el accionista supuestamente mayoritario. La empresa del estado ha disminuido su producción de unos tres millones de barriles en 1999 a un millón de barriles diarios hoy en día y las empresas mixtas producen un millón doscientos cincuenta mil barriles diarios para un total de unos dos millones doscientos cincuenta mil barriles diarios. El gobierno  no tiene  un programa ordenado de exploración y la existente está plagada de malos manejos que han permitido la caída de la producción que incorpora el gas asociado. (Para la producción de gas libre el problema es otro). La refinación totalmente en manos de  Pdvsa, es un centro de incompetencia en su manejo en donde, por falta de mantenimiento y conocimientos, la operación de las plantas está disminuida a menos de un 50%. El mercado interno, también en manos de Pdvsa, es un desastre. (Con los precios actuales para la gasolina de 95 octanos no llegamos ni a un céntimo de $ por litro cuando el costo de producción y de venta de un barril debe estar rondando los 20$ por barril y la gasolina o los componentes importados más aún.) El aumento de la producción en las empresas mixtas de la Faja (nuestra principal fuente de nueva producción) está limitado por la falta de capacidad financiera y gerencial de Pdvsa para manejar la actividad e invertir su cuota parte en su desarrollo que requiere enormes inversiones para producir un petróleo de alto costo y muy mala calidad que hay que mejorar. La comercialización está sitiada por la inmensa disponibilidad en el mundo de gas y crudos de muy buena calidad, de modo que nuestros principales mercados, incluyendo el de los Estados Unidos, van desapareciendo y nos vamos quedando  “para vestir santos” cuando nuestras necesidades son más apremiantes que nunca. (No hablemos de las nuevas tendencias relativas a la energía limpia y de las más recientes tendencias en  Arabia Saudita en cuanto a políticas para generar riqueza.) En cuanto a los recursos humanos, al decapitar a Pdvsa y convertirla en un estado paralelo, se firmó su sentencia de muerte y se inició el proceso de convertirla en irrecuperable.

Podemos estar o no conformes con el panorama antes enunciado, pero es la realidad a la que nos enfrentamos. Las circunstancias de nuestro petróleo y del petróleo en el mundo han cambiado y los que han tomado nuevos rumbos o están en proceso de hacerlo nos han sacado una ventaja  difícil de recuperar.  ¿Podremos reponernos ante las nuevas realidades? Y pensar que en algún momento cuando los países árabes se incorporaban, éramos los mayores exportadores del mundo. Como dicen en el norte: “food for thought” (asunto para pensar). ¿Y  cómo queda la gente?
Caracas, Abril de 2016.
odoardolp.blogspot.com @oleopon  


miércoles, 20 de abril de 2016

El petróleo y nuestras necesidades.
Por: Odoardo León-Ponte.
De repente y “sin darnos cuenta”,  hemos entrado en la etapa de nuestra “última ventana del petróleo” y los caminos apuntan a una muy difícil situación que requerirá una confrontación con nuestras ideas de siempre, de antaño, sin que ellas sean aplicables a la nueva etapa que nos ha caído encima. La sustentación sobre nuestra riqueza fortuita, que no ha sido producto de nuestro esfuerzo y que con el esfuerzo más reciente hemos destruido al igual que todo lo demás, ya no nos permitirá seguir disfrutando del ingreso que se nos ha escapado por no haber sabido invertirlo para desarrollar el sector privado en nuestro país y lograr la libertad y la democracia que solo resultan del Desarrollo Humano.  Añadamos a esto que ahora tenemos dificultades producto de no disponer  de la amplia base de sustentación que nos ofreció el petróleo en el pasado, aún en los peores momentos. Se trata de una circunstancia en la que tendremos que usar nuestro ingenio y creatividad para aplicar nuevas fórmulas enormemente distantes de las que hemos conocido. Será necesario olvidarnos de las acciones que hemos aplicado en el pasado y que tristemente nos han traído a la caótica situación que ahora vivimos. Ya resultaría risible hablar de izquierda, marxismo, comunismo, imperio, nacionalismo, “hecho en Venezuela”, seguridad nacional, ”nuevo ideal nacional”, socialismo (de cualquier  tipo), militarismo: ninguna de esas referencias nos  ha servido para desarrollar nuestro país en forma continuada. ¿Qué hacer? Parecería que la Providencia nos ha llevado al momento en el que tendremos que tirar por la borda todo el atajo de preceptos políticos inadecuados de antaño para poder salir de este atolladero.

Ya no nos sirven los conceptos de protección a ultranza de nuestra actividad industrial, del manejo y control por parte del estado de los medios de producción y distribución, de la producción petrolera, de la construcción de viviendas, de la incorporación de trabajadores al sector estatal con fines electorales, del uso del poder del estado y del nexo con él con fines de enriquecimiento ilícito, de la interferencia del estado en el manejo de la empresa privada que impida el progreso, del control de precios por medios insostenibles, de la desatención por parte del estado de su obligación de satisfacer las necesidades de la población en materia de infraestructura, servicios, educación, salud y seguridad, del control de divisas, de la incorporación de militares a los cargos públicos. Se inicia una etapa en la que cada quién deberá velar por lo que le corresponde dentro de un estado con objetivos liberales que son los que nos darán a los ciudadanos la libertad y la democracia de las que no hemos disfrutado en forma continuada y creciente. Ya no podemos seguir manejando con escasez de criterio las responsabilidades de estado, acudiendo al control y a los subsidios como mecanismo para lograr un aparente progreso. Hay que dejar que las fuerzas naturales sean las que gobiernen las relaciones y que el estado se ocupe de fijar y reglamentar el funcionamiento del país con fines de desarrollo, de Desarrollo Humano.

Se trata nada más y nada menos que de hacer todo lo que no hemos hecho desde que apareció el petróleo hace cien años, pero de hacerlo de una manera distinta que permita lograr el Desarrollo Humano sostenido de la gente para beneficio del país. De cambiar en forma radical el enfoque de desarrollo para que haciendo uso de las lecciones producto del fracaso, con sus consecuentes caídas, podamos desarrollar fórmulas nuevas y  enriquecedoras. Si es verdad que se aprende de los errores, usemos la amplia variedad de aquellos en los que hemos incurrido hasta ahora para trazar nuevos caminos. Si no lo hacemos ahora, ¿qué futuro nos depara el país en que vivimos?
Caracas, Abril de 2016.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon    

martes, 12 de abril de 2016

Petróleo y más.
Por: Odoardo León-Ponte.
Los esfuerzos fallidos de aumentar la producción a los niveles de 1960 bajo Pdvsa Siglo XX, la falta de fondos del gobierno y la insuficiente disponibilidad de personal, unidas a los vaivenes y la baja en los precios  en el mercado, nos llevaron a la correcta decisión de la apertura como fórmula para atraer fondos para la expansión de la producción petrolera. En el Siglo XXI, la acción irresponsable y equivocada de esta gente nos ha llevado al caos que hoy enfrentamos (ver mi artículo ¿Qué hacer con el petróleo? odoardolp.blogspot.com) y han profundizado la dependencia del petróleo hasta convertirlo en la única fuente mermada de las divisas indispensables pero insuficientes para las necesidades del país. Agreguemos a esto que comienza a cerrarse la ventana del petróleo y con ello las posibilidades a futuro de nuestro acontecer como país y como comunidad. ¿Cuál es nuestra realidad y cuáles las acciones necesarias?

Las realidades: 1. Crudos mayoritariamente de baja calidad, alta inversión y alto costo de producción. 2. Instalaciones petroleras de Pdvsa en pésimas condiciones operativas y a nivel deficitario aún a niveles óptimos de manejo de lo existente, especialmente en el caso de las refinerías. 3. Pdvsa en circunstancias lamentables que la hacen irrecuperable. 4. “Candado petrolero” para la incorporación de inversión privada en petróleo. 5. Dificultades en cuanto a las decisiones necesarias con el gas libre. 6. El petróleo es la única fuente declinante existente de ingreso de divisas. 7. La economía distinta al petróleo es cada día menor y con tendencias a la desaparición. 8. Gobierno quebrado sin divisas ni para lo indispensable y mucho menos para invertir en petróleo. 9. Mercado interno de productos del petróleo plagado de problemas y a precios irrisorios. 10. Producción de crudo y productos en  declinación. 11. Importación a precios internacionales de crudo y productos para producir petróleo y para comercializar gasolina. 11. Caída de los precios del petróleo a niveles iguales o menores que los costos de producción. 12. Subsidio a países en preferencia a las necesidades elementales de la población. 13. Dependencia total en las importaciones para nuestra subsistencia. 14. Producción crudo y productos declinante y a niveles inconvenientes. 15. Mercado en proceso de reducción por las circunstancias de exceso de producción vs demanda. 16. Capacidad crediticia del gobierno agotada. 17. Y para rematar, clima insatisfactorio y una seguridad inexistente para la inversión privada nacional o extranjera.  (Y no hemos tomado en cuenta las circunstancias relacionadas con el desorden de toda índole existente en el país.) Menudo kilo de estopa. El reto: ¿Cómo convertir este enredo en un país viable?

Parecería que se necesita mucho más de un cambio de presidente para resolver la situación y enrumbarnos en un proceso de cambio radical que enmarque al país en el camino del progreso. Preguntémonos  en cada uno de los  caso de los arriba planteados si el problema quedaría resuelto con ese cambio o si se necesita mucho más de ese cambio para enderezar al país y dirigirlo hacia el logro del progreso la libertad y la democracia. Lo que está en juego es más que la simple solución a través de paños calientes al problema inmediato de hoy. Lo que está en juego es la apertura a futuro, en su sentido más amplio, para que nuestra tierra pueda  ser un país viable y productor de progreso, ya que no bastará con la renta del petróleo y por tanto tendremos que generar riqueza a través de mecanismos distintos a los que hemos conocido como país rentista.
Caracas, Abril de 2016.
odoardolp.blogspot.com
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jueves, 7 de abril de 2016

¿Quiénes son?
Por: Odoardo León-Ponte.
Decían quienes nos antecedieron generacionalmente y decimos quienes tenemos suficiente memoria, que antes y hasta un momento en el tiempo,  se conocía la trayectoria en materia de su especialidad de quienes eran seleccionados y designados para ocupar y ejercer cargos públicos, aunque no se estuviera de acuerdo con su posición política. A partir de un momento dado comenzaron a aparecer ciudadanos desconocidos para la comunidad, excepto en cuanto a su relación con el partido o los partidos de turno. Comenzaba la selección por afinidad política o de otra índole, para el ejercicio de los más altos cargos en el sector público y en las empresas del estado. Esa tendencia se exacerbó desde el inicio de la “Gran Venezuela” y ha llegado a la selección para dichos cargos de gente sin ningún rastro de capacidad en cuanto a las responsabilidades que se le hayan encomendado. Solo se usa la afinidad a ultranza con fórmula reñida con las que deben buscar las mejores calificaciones para ejercer las responsabilidades bajo los conceptos de conocimientos y de mejores prácticas. Ya ni siquiera se piensa en tomar en cuenta las indicaciones de posibles resultados de encuestas para determinar si una persona pudiera ser aceptable para dirigir determinada actividad. Agreguémosle que con el paso del tiempo se han ido perdiendo por razones de calendario y de inactividad en su especialidad a muchos de los que antaño fueron dirigentes en sus distintos ramos. Los que van quedando son quienes siguen su materia a través de textos sin que en la realidad tengan experiencia práctica  por haber estado apartados de la ejecutoria durante ya más de 16 años; media generación.

Por otro lado, las nuevas promociones salen de instituciones deterioradas y muchos se van al exterior en búsqueda de mejores oportunidades que aquí no consiguen y que difícilmente conseguirán en el futuro en nuestro país. Hemos entrado en una situación en la que quienes podrían servir y que pudieran ser conocidos por sus calificaciones, son a todas luces insuficientes o inexpertos en materia de su especialidad. Hemos llegado al punto de pensar que los militares, de la noche a la mañana, pueden manejar actividades tan especializadas y difíciles como el petróleo, la minería y el gas. Ya lo hicimos antes en muchas especialidades, pero este es el último eslabón en la cadena de designación por “afinidad” o “necesidad política”. Cuadro dramático el que enfrentamos y que nos cierra las puertas del desarrollo a futuro en el mediano y largo plazo. Recordemos que nos tomó 60 años heredar (porque no lo desarrollamos nosotros) el caudal de recursos humanos necesarios para intentar desarrollar la industria petrolera y que ellos están dispersos en el mundo en posiciones inalcanzables en nuestro país o como jubilados, o han desaparecido, desde que, con un pito y en televisión, decapitamos a la empresa sobre la cual reposaba nuestro futuro. Pero dicen que desde las tragedias se reestructuran nuevos enfoques. Nuestra tragedia no nos permite ir a esquemas inaplicables de épocas anteriores ni retrotraernos a las prácticas que antecedieron a los responsables de este último acto de nuestra ópera; ni continuar con la ópera porque ya termina el último acto en su máximo grado de tragedia. ¿Qué hacer?

Hay que romper los paradigmas que han sido la base de nuestro fracaso. Debemos empezar por aceptar explícitamente que el capitalismo del estado es una ruta al fracaso: lo hemos vivido y estamos sufriendo intensamente sus extremas consecuencias. Tenemos que empezar  una ruta continuada que nos asegure el éxito a mediano y largo plazo. El futuro próximo estará lleno de vicisitudes y desengaños difíciles de anticipar, pero no porque no vayan a ser difíciles. Apliquemos criterios novedosos a cada área de actividad pensando que no disponemos ni de la gente ni de los fondos necesarios.
Caracas, Abril de 2016. odoardolp@gmail.com  odoardolp.blogspot.com   @oleopon