miércoles, 3 de agosto de 2016

Un nuevo enfoque sobre la industria de los hidrocarburos.
Por: Odoardo León-Ponte.
Hasta el presente, nuestros políticos han mantenido que el desarrollo de la industria de los hidrocarburos debe ser a través de empresas propiedad del estado o en las que el estado tenga mayoría. Para ello la limitó mientras estuvo en manos de las empresas extranjeras y cuando estuvo en manos de Pdvsa Siglo XX no tuvo los fondos ni la capacidad necesarios, por lo que hubo que abrirla de nuevo a la inversión privada y, luego, cuando se pensó que tendríamos los fondos, se la limitó a través de una obligatoria participación mayoritaria del estado, excepción hecha del gas que puede ser desarrollado por el capital privado, pero cuyo desarrollo, en la práctica, está muerto. Es un corto resumen de nuestra historia petrolera. Pero veamos cuál es nuestra nueva realidad.

Para que la explotación de los hidrocarburos sea exitosa se necesitan varias cosas: 1. Dinero en grandes cantidades (que no tenemos ni tendremos), 2. Recursos humanos calificados (que no tenemos: Chávez botó a 22.000 y después se han ido 10.000 más y que no regresarán), 3. Tecnología (que no tenemos), 4. Seguridad jurídica (que no tenemos y sobre cuya oferta habrá que convencer para que vengan), 5. Un enfoque político constructivo distinto al que hasta ahora hemos propugnado, bajo la idea falsa mantenida hasta ahora, de que para que haya progreso y tengamos la “seguridad nacional” necesaria en materia de hidrocarburos, el estado debe ser propietario de y realizar la actividad, 6. El manejo de la actividad con criterios referidos únicamente al resultado comercial y al pago de los impuestos producto de la explotación de los recursos, 7. Que los operadores sean quienes se ocupen del desarrollo y de la comercialización de los productos derivados de ese desarrollo, 8. Que una institución del estado con poder, calificada técnicamente, separada del ejecutivo y con libertad de acción, se ocupe de supervisar la actividad desarrollada por los inversionistas privados (adicionalmente contribuirá a reducir la corrupción), 9. Que no haya empresas propiedad del estado que se ocupen de la actividad de los hidrocarburos (recordemos a la CVP en el Siglo XX, a la constreñida Pdvsa Siglo XX y la actual triste, incapaz e inefectiva Pdvsa Siglo XXI) y 10. Que los inversionistas sean particulares y no empresas estatales para separar lo político de lo comercial.

Sobre el dinero (1) no hay ni que hablar. Se requerirá “todo el dinero del mundo” para reparar y actualizar las instalaciones existentes (cuya dimensión no conocemos) y para desarrollar la industria (inestimable al abrir) en cuanto a nuevos desarrollos e  instalaciones. Los recursos humanos (2) necesarios solo los podrán pagar los inversionistas privados (recordemos las críticas y sus consecuentes efectos sobre la remuneración de los ejecutivos de Pdvsa que “ganaban más que el Ministro”). Además, los que se fueron están ya instalados en sus nuevas sedes de trabajo al igual que sus familiares y será difícil que piensen en regresar hasta que las cosas tomen una orientación segura (y luego será un poco tarde). La tecnología (3) no la tiene la pobre Pdvsa Siglo XXI y la que existe está en manos de particulares y tiene un costo alto. La seguridad jurídica (4) es precisamente uno de los aspectos claves y la lista que anotamos con sus componentes contribuye a ello. (No basta con decir que la Ley es clara: recordemos los hidrocarburos gaseosos que no se han desarrollado.) El enfoque político constructivo (5) es que el país controle la explotación de los recursos a través de sus instituciones y derive el beneficio (6) de los éxitos a través de los impuestos y no que las maneje directamente. Dejarle a las operadoras (7) el desarrollo de la actividad de desarrollo y los mecanismos de comercialización (recordemos la Mersifrica (Mercados, Silos y Frigoríficos)  de antaño y la tragedia de hoy en día). Se ha hablado del “Ente” para estos fines (8). El camino es claro pero debemos tener la entereza para tomarlo basándonos en que el pasado fue poco exitoso y el presente ha sido un inmenso fracaso.
Caracas, Agosto de 2016.
odoardolp.blogspot.com
@oleopon



jueves, 28 de julio de 2016

Un nuevo enfoque sobre la industria de los hidrocarburos.
Por: Odoardo León-Ponte.
Hasta el presente, nuestros políticos han mantenido que el desarrollo de la industria de los hidrocarburos debe ser a través de empresas propiedad del estado o en las que el estado tenga mayoría. Para ello lo limitó mientras estuvo en manos de las empresas extranjeras y cuando estuvo en manos de Pdvsa Siglo XX no tuvo los fondos ni la capacidad necesarios, por lo que hubo que abrirla de nuevo a la inversión extranjera y, luego, cuando se pensó que tendríamos los fondos, se la limitó a través de una obligatoria participación mayoritaria del estado, excepción hecha del gas que puede ser desarrollado por el capital privado, pero cuyo desarrollo, en la práctica, está muerto. Es un corto resumen de nuestra historia petrolera. Pero veamos cuál es nuestra nueva realidad.

Para que la explotación de los hidrocarburos sea exitosa se necesitan varias cosas: 1. Dinero en grandes cantidades (que no tenemos ni tendremos), 2. Recursos humanos calificados (que no tenemos: Chávez botó a 22.000 y después se han ido 10.000 más y que no regresarán), 3. Tecnología (que no tenemos), 4. Seguridad jurídica (que no tenemos y sobre cuya oferta habrá que convencer para que vengan), 5. Un enfoque político constructivo distinto al que hasta ahora hemos propugnado, bajo la idea falsa mantenida hasta ahora, de que para que haya progreso y tengamos la “seguridad nacional” necesaria en materia de hidrocarburos, el estado debe ser propietario de y realizar la actividad, 6. El manejo de la actividad con criterios referidos únicamente al resultado comercial y al pago de los impuestos producto de la explotación de los recursos, 7. Que los operadores sean quienes se ocupen del desarrollo y de la comercialización de los productos derivados de ese desarrollo, 8. Que una institución con poder, calificada técnicamente, separada del ejecutivo y con libertad de acción, se ocupe de supervisar la actividad desarrollada por los inversionistas privados (adicionalmente contribuirá a reducir la corrupción), 9. Que no haya empresas propiedad del estado que se ocupen de la actividad de los hidrocarburos (recordemos a la CVP en el Siglo XX, a la constreñida Pdvsa Siglo XX y la actual triste, incapaz e inefectiva Pdvsa Siglo XXI) y 10. Que los inversionistas sean particulares y no empresas estatales para separar lo político de lo comercial.

Sobre el dinero (1) no hay ni que hablar. Se requerirá “todo el dinero del mundo” para reparar y actualizar las instalaciones existentes (cuya dimensión no conocemos) y para desarrollar la industria (inestimable al abrir) en cuanto a nuevos desarrollos e  instalaciones. Los recursos humanos (2) necesarios solo los podrán pagar los inversionistas privados (recordemos las críticas y sus consecuentes efectos sobre la remuneración de los ejecutivos de Pdvsa que “ganaban más que el Ministro”). Además, los que se fueron están ya instalados en sus nuevas sedes de trabajo al igual que sus familiares y será difícil que piensen en regresar hasta que las cosas tomen una orientación segura (y luego será un poco tarde). La tecnología (3) no la tiene la pobre Pdvsa Siglo XXI y la que existe está en manos de particulares y tiene un costo alto. La seguridad jurídica (4) es precisamente uno de los aspectos claves y la lista que anotamos con sus componentes contribuye a ello. (No basta con decir que la Ley es clara: recordemos los hidrocarburos gaseosos que no se han desarrollado.) El enfoque político constructivo (5) es que el país controle la explotación de los recursos a través de sus instituciones y derive el beneficio (6) de los éxitos a través de los impuestos y no que las maneje directamente. Dejarle a las operadoras (7) el desarrollo de la actividad de desarrollo y los mecanismos de comercialización (recordemos la Mersifrica (Mercados, Silos y Frigoríficos)  de antaño y la tragedia de hoy en día). Se ha hablado del “Ente” para estos fines (8). El camino es claro pero debemos tener la entereza para tomarlo basándonos en que el pasado fue poco exitoso y el presente ha sido un inmenso fracaso.
Caracas, Agosto de 2016.
odoardolp.blogspot.com
@oleopon



viernes, 22 de julio de 2016

La transición hacia la estatización del petróleo.
Por: Odoardo León-Ponte.
Desde el derrocamiento de Medina y a excepción de la etapa de Pérez Jiménez, la actitud de los gobiernos de turno fue, permanentemente, una de reto a las multinacionales, a los Estados Unidos como causante de las desdichas del petróleo venezolano y por ende del país y de la búsqueda de una imposible independencia unilateral de acción en cuanto a la suerte de nuestro petróleo. También fue una época de búsqueda de poder para la unilateral orientación de las acciones en materia de petróleo, pensando en la OPEP como cartel de apoyo para combatir los precios bajos y apuntalar la capacidad de acción unilateral frente a los Estados Unidos con sus problemas energéticos. Todo ello dentro de una situación de permanente escasez de fondos de los gobiernos de turno debida a la insuficiencia de los recursos generados por el petróleo, única fuente de ingresos, para generar todos los fondos eternamente insuficientes requeridos para las necesidades  económicas y políticas de los gobiernos de turno. Durante todo ese período se escogió la ruta de “no más concesiones” (apoyada por el CIV, por Diputados y por el Frente Nacional Pro Defensa del Petróleo), de la estatización, inicialmente a través de la inviable gestión de la CVP, a la que se le entregaron gratuitamente todos los crecimientos potenciales de la actividad petrolera y petroquímica en el país con permanente poco o ningún éxito. Posteriormente se intentaron los contratos de servicios que terminaron en fracaso y luego se echó en saco roto todo el período pro CVP y se creó Pdvsa en 1976. Desde el año 45, excluyendo el período de Pérez Jiménez, se negó el crecimiento a futuro de la industria petrolera al determinar que no habría más concesiones.

¿Cuáles fueron los resultados de ese periplo “nacionalista”? Se pospuso toda la inversión posible en materia petrolera para expandir la producción durante un período de 21 años. Tan solo se invirtió en las refinerías producto de la Ley de Hidrocarburos (Amuay, Cardón, Puerto La Cruz, etc.)  y en las plantas desulfuradoras de Amuay y Cardón y se permitió el aumento de la producción con la máxima explotación posible de los yacimientos de crudo existentes, pero sin la incorporación de potencial productivo adicional. Incluso; durante ese período se llegó a cerrar producción, se redujeron por primera vez las reservas probadas y las cuadrillas de geología de superficie y por primera vez se el volumen de producción acumulada llegó en un año a ser mayor que las reservas probadas.  Cierto que en ocasiones se habló como nuevas fórmulas, pero sin continuidad ni materialización, como eran los contratos de servicio y las empresas mixtas al lado de la CVP: pero en final de cuentas todo fue palabrería. Se llegó a negar la exploración y oferta de activación por parte de Shell y Creole de la Faja (Bituminosa) del Orinoco y en su lugar se la cedió a CVP; es decir se la incluyó en el saco permanentemente improductivo de la CVP, especie de reserva estratégica permanente para “conservar” las actividades que hubiera sido posible desarrollar a través de las operadoras existentes en el país, en un período largo durante el cual escasearon los fondos y fue necesario imponer los controles de cambio anteriores al del chavismo. Y, para hacer más difícil la situación, se aumentaron continuamente los impuestos a las petroleras hasta el punto de fijar valores fiscales de exportación (VFE) para fines impositivos, que excedían los valores reales de exportación. Se fueron acumulando todos los retrasos propios de la situación enunciada anteriormente en materia de exploración, producción, transporte, refinación, mercado interno, investigación y conocimientos técnicos y de mercadeo, lo que hizo necesario que Pdvsa, con fondos del estado, desarrollara la actualización de la situación de las instalaciones y comenzara a mirar hacia el futuro. Pero Pdvsa Siglo XX nunca se llegó al nivel de producción máximo anterior a la estatización y en un vuelvan caras después de un lapso largo y costoso se abrió de nuevo la actividad petrolera a la inversión extranjera, actividad que, en retrospecto y a fin de cuentas, nunca se debió cerrar. Juzgue usted ésta nuestra real y verdadera historia petrolera en el siglo pasado. Caracas, Agosto de 2016. odoardolp@gmail.com odoadolp.blogspot.com @oleopon


martes, 19 de julio de 2016

Las circunstancias de Pdvsa y el petróleo.
Por: Odoardo León-Ponte.
Pdvsa como operadora en el Siglo XXI ha sido un estrepitoso fracaso. Merma en la producción en cantidades enormes, inmensa deuda formal en bonos y con los suplidores de insumos y servicios y con los contratistas a los que no tiene cómo pagarles sus servicios; deuda real por todas las empresas de servicio a las que expropió y un enorme monto por el pago de las prestaciones sociales por despido  y de los fondos de ahorro cuyos haberes secuestró al botar a la mitad superior de su plantel de recursos humanos con un pito en plaza pública. A esas cantidades habría que agregar lo relativo a los intereses de mora por el retraso en el pago, más lo que corresponda por daños. Más las deudas por las sentencias de los tribunales de arbitraje internacionales por todas las tomas de empresas en el sector petrolero. Las deudas antes anotadas son verdaderas e impagables y ello, entre otras cosas hace que Pdvsa Siglo XXI sea inviable y que resulte igualmente una quimera pensar en la actividad petrolera en términos de Pdvsa Siglo XXI y sus filiales como parte de la proyección a futuro de nuestra industria petrolera. El chavismo, en la práctica, se ha encargado de borrarla del mapa como opción viable. Esto hace necesaria una reconsideración total sobre cómo enfocar la actividad petrolera a futuro en Venezuela. Pero cualquiera que sea la respuesta eventual, se requiere un vuelco inmenso en el enfoque de nuestros políticos. Sobre este tema ya hemos emitido opinión en varias de nuestras contribuciones en el pasado.

¿De qué se trata? La era del petróleo está llegando a su fin y como parte de ello también ha  llegado a su fin la posibilidad de que nuestro país siga siendo rentista del petróleo. Las nuevas realidades hacen que nuestra producción potencial ya no pueda pasar del orden de los tres millones de barriles diarios. El consumo interno seguirá aumentando por el crecimiento poblacional y los expertos en energía estiman que nuestro enfoque debe estar más bien orientado a que nuestra producción sirva para proveer las necesidades de consumo de nuestro crecimiento industrial, que significaría una ventaja relativa para nosotros.  Se requeriría un enfoque orientado al mercado interno para proveer sus necesidades de consumo por su crecimiento, más que uno orientado, como ha sido hasta ahora, a los requerimientos de exportación y además, requeriría que se crearan actividades generadoras de riqueza alternas a la del petróleo.

¿Cuáles actividades podrían desarrollarse para generar riqueza desde fuentes distintas al petróleo? Siempre han estado allí, pero las pautas generadas por los gobiernos de turno, exacerbadas en este siglo por el chavismo, han sido del tipo intervencionista y a excepción del Pacto Andino, aislacionistas. No tenemos sino que ver a nuestro alrededor en Latino América para encontrar situaciones de progreso sin que haya una fuente de petróleo, lo que los ha llevado a desarrollar las alternativas: Perú trabaja para llegar a ser uno de los principales suplidores de productos agrícolas del mundo. Otros promueven el sector turístico. En fin, tenemos todos los recursos necesarios para desarrollar un nuevo país, que explote para beneficio de nuestra gente  (positivamente) los recursos de los cuales ha sido dotado.

¿Cuál es la clave? Cambiar el enfoque de nuestros gobernantes y líderes políticos para diseñar una nueva estrategia que traiga nuevas políticas basadas en un enfoque liberal que atraiga a la inversión privada y la deje trabajar para que el país crezca y se convierta en un portento de desarrollo y crecimiento y, con él, llegue el Desarrollo Humano tan ansiado por todos y tan lejano e inconstante. Y este es el momento de aprovechar las circunstancias para cambiar el rumbo ya que no tenemos alternativa y todavía tenemos una buena producción de petróleo.
Caracas, Julio de 2016. odoardolp@gmail.com Odoardolp.blogspot.com @oleopon 



lunes, 11 de julio de 2016

El proceso que viene.
Por: Odoardo León-Ponte.
El país ha llegado a circunstancias inconcebibles. Más aún; si consideramos el montón de dólares recibidos en 100 años de petróleo, es difícil asimilar o entender cómo ha sido posible que hayamos podido llegar a donde estamos. Es que hemos botado todos nuestros ingresos y desperdiciado toda la riqueza producida e irrecuperable y,  hoy, prácticamente, no tenemos manera de producir para recuperar los cien años perdidos y mucho menos, petróleo para “sembrar”. Los tiempos que se avecinan requerirán nuevos enfoques reñidos con los de la “cuarta” y la “quinta” que a fin de cuenta, en su sumatoria, nos han llevado al déficit que ahora nos embarga. Se requerirán acciones económicas basadas en un enfoque político de primer mundo: ese es nuestro reto. Analicemos algunos rasgos de lo que ha sido nuestra acción política, en el entendido que los resultados en su conjunto no nos trajeron nunca un progreso contínuo deseado y posible.

La “cuarta” fue un sube y baja enmarcado en un tobogán, lleno de acciones y resultados discontínuos y con controles de cambio cíclicos (uno de los signos infalibles del  fracaso económico) ligado a la dependencia del precio del petróleo y sus vaivenes: señal de que nunca logramos en la cuarta desligarnos de las circunstancias del petróleo a pesar de las “siembras”; luego fue un período “rentista”. Es decir: no logramos desarrollar fuentes alternas de fondos para el estado, a pesar de que ya habíamos tomado para el manejo por parte del estado todos los medios de producción necesarios para la “seguridad” de la nación desde el punto político y económico. Pero no habíamos desarrollado otros sectores de la economía. La excusa siempre fue la de la insuficiencia de los precios del petróleo, producto de los “ataques” desde el exterior de que habíamos sido objeto.  Y los errores de la cuarta le abrieron las puertas a la “quinta”.

La “quinta” la conocemos y la hemos vivido en carne propia: una tragédia  nacional de hambre y muerte. Para muchos la “cuarta” es materia de libros y no de vivencia, pero es esencial que no olvidemos los errores cometidos y, sobre todo, que no olvidemos que nuestras penurias comenzaron con la nacionalización de las industrias básicas en 1976, el petróleo y Guayana. El tobogán que allí comenzó nos llevó al segundo gobierno de un Caldera a finales de su vida y la incorporación política del chavismo: de la incorporación de las acciones económicas reñidas con el progreso y abridoras de la incorporación definitiva del lumpen político y de los militares al poder total, con el consecuente olvido de todas las bases morales y éticas como habitualmente sucede con un gobierno tutelar.

¿Qué requerimos? Primero: que nada entender que el regreso al pasado no es la solución y por tanto debemos mirar hacia atrás solo para constatar los errores cometidos y asimilar que ellos le abrieron la puerta a lo que hoy vivimos. Segundo: que el período actual comenzó con una constitución diseñada para lo que se ha hecho desde 1999 y que no nos servirá para lo que necesitamos (progreso y más progreso; desarrollo humano y más desarrollo humano). Tercero: que el retrovisor sirve solamente para ver si es posible cambiar de canal y que esos es lo que debemos hacer. Cuarto: que los conceptos de la cuarta no son una buena referencia aunque sea lo único que conocemos que pueda ser mejor que lo actual, y que, en realidad pudo ser muy bueno pero fue malo. Quinto: que lo que necesitamos es un cambio total en nuestro enfoque de país ya que ahora somos ex rentistas que necesitamos ayuda social. Sexto: que el único camino que queremos es aquel que nos lleve al progreso: que nos lleve a la felicidad y a la paz.
Caracas, Julio de 2016.

odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon

jueves, 7 de julio de 2016

Nuestro futuro petrolero
Por: Odoardo León-Ponte.
Las más recientes estimaciones de potencial lograble de producción para Venezuela, andan por el  orden de 3.100.000 b/d de crudos principalmente de la faja, o sea, de alto costo de producción por la necesidad de mejorarlo, de mala calidad por sus componentes y de relativo bajo precio como crudo no mejorado. Bajo estas circunstancias, habría que concederle preferencias de regalía a ese crudo para que su explotación fuera rentable. De esa producción debemos deducir las necesidades del mercado interno equivalentes a 700.000 b/d que nos dejaría para exportar unos 2.400.000 b/d. Esta es nuestra realidad a futuro siempre y cuando hagamos las cosas bien, que no mantengamos a Pdvsa como operadora (producto de hacer las cosas bien) y no sigamos pensando que podremos llegar a cifras superiores a las anteriormente mencionadas. Las cifras son para una industria manejada básicamente por capital privado, sin más injerencia del estado que la de la regulación de las actividades en forma proactiva, en diferencia a la tradicional de interferencia como práctica preferencial. Agreguemos a lo anterior los bajos precios del petróleo y la absoluta dependencia del petróleo, a corto y mediano plazo, para la generación de las divisas indispensables y solo provenientes del petróleo para mantener un estado hipertrofiado, a falta de otras fuentes. Aparte, los precios de los 700.000 b/d del mercado interno seguirán subsidiados como siempre lo han estado y poco abonarán al erario público.

¿Qué hacer con esos 2.400.000 b/d de exportación? ¿A quién vendérselos? ¿Estados Unidos? ¿China? ¿India? ¿Petrocaribe? ¿A los mercados propios de las empresas mixtas? ¿A quién más? ¿Y cómo y bajo qué condiciones? ¿Y con cuáles preferencias desde el punto de vista del “net back”?

Estados Unidos ya está convertido en exportador de energía y lo será de petróleo, de modo que el único mercado conveniente que tendremos y que tendríamos sería el propio de las empresas que conformarán las empresas mixtas bajo “contratos de producción compartida” o los pocos cupos que nos queden en nuestras refinerías en el exterior. China e India estarían, como de hecho lo están, muy distantes y son inconvenientes desde el punto de vista de “net back”. Petrocaribe ni se diga: es el peor negocio que hemos hecho y su conveniencia estará cuestionada desde el punto de vista comercial y político.

Será necesaria una serie de acciones compensatorias que reduzcan el costo del aparato del estado. Que por primera vez pensemos que no dispondremos de ingresos ilimitados para hacer lo que nos dé la gana. Tendremos que pensar que somos un “país pobre” que ha tomado el camino de un “pobre país” y que deberemos pensar y actuar correspondientemente. Ya no somos los hijos ricos de la fortuna heredada  y, habiéndola agotado, no podremos  pensar en volverla a tener si no es como fruto del trabajo y de un accionar serio y responsable.

Será necesaria una serie de acciones para desarrollar y fortalecer la actividad privada como alternativa generadora de riqueza, mientras que el estado se ocupe, con suma austeridad y eficiencia, a dar con óptima calidad (no  más gastos innecesarios de guerra, ni aviones de sheiks -el Papa viaja en Alitalia, ni yates, ni parafernalia pomposa que corresponde a la gente muy rica o exitosa, que no somos) la educación, la salud, la seguridad, el orden púbico, el balance de poder, el combate incesante a la demoníaca corrupción, la defensa del país (su gente y no la “patria”) con el fin de lograr el Desarrollo Humano que nos garantizará la libertad y, en consecuencia, la democracia propia de un país de gente culta. Ese es nuestro verdadero reto y es a muy largo plazo y en forma continuada.
Caracas, Julio de 2016. odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon

   

miércoles, 29 de junio de 2016

Un nuevo enfoque de país.
Por: Odoardo León-Ponte.
Para salir del hoyo en el que estamos y para lo cual no disponemos de la escalera convencional apropiada, debemos dejar de cavar y pensar creativamente, como cuando se resolvió el caso de los mineros atrapados en Chile. Tan sencillo como eso. Debemos desarrollar un enfoque mental orientado a venderle neveras a los esquimales”, término que se usa para definir un tipo de responsabilidad dentro de la estructura de cualquier organización exitosa. Tenemos que convertirnos en una empresa exitosa al estilo de Microsoft, Facebook, Apple.  Y ese, ciertamente, es nuestro reto; nuestro dilema. Tenemos los recursos: petróleo, riquezas naturales como oro, bauxita; recursos forestales, hídricos, eólicos, bellezas naturales, tierras, clima: en fin, todo lo necesario. Dios no nos negó nada. Solo nos falta que las nuevas generaciones apliquen los conceptos y procedimientos necesarios para lograr un país que nos provea a nosotros, su gente, del Desarrollo Humano al que tenemos derecho. Hasta ahora los líderes que hemos tenido no lo han logrado.

La falta de liberalidad que nuestros políticos han tenido en su ideología en cuanto al desarrollo del país, ha sido la causa de nuestra tragedia y la intención fallida de controlar todo para poder “dirigir” el crecimiento del país, unido al concepto sub desarrollado de que todo lo venezolano es necesariamente bueno, nos han aturdido en nuestra capacidad para lograr el desarrollo ansiado por todos. No hemos querido ser ciudadanos del mundo, sino “venezolanos” y, con el tiempo, hemos ido perdiendo la disposición a tener el orgullo de nuestra prosapia. Y esa realidad no va a cambiar mientras el objetivo de los gobernantes sea político y no de desarrollo. Lo político es lo que nos ha traído por el despeñadero de no lograr nunca el crecimiento sostenido: solo hemos logrado crecimiento cuando el precio del petróleo ha sido alto y no éramos propietarios de la explotación de distintas ramas de la economía. A más propiedad por parte del estado, más pobreza y más oportunidades de corrupción: una de las características más destacadas de nuestra sociedad, que no es muy distinta en los otros países de Latino América, en donde por todos lados se destapan las cajas malolientes de la podredumbre de la corrupción; no solo de sustracción de fondos y tráfico de influencias. Y para no caer en la tentación y pecar por nuestra debilidad, a falta de una mejor razón, debemos distanciarnos de ella para reducir sus efectos negativos sobre el desarrollo del país.

Para minimizar el efecto de la actividad política y su consecuente efecto sobre las tentaciones de la corrupción exacerbada en estos últimos tiempos, debemos optar por definir un nuevo enfoque: tomar las medidas necesarias para que la actividad industrial que genere riqueza esté en manos de la empresa privada y que solo sea del estado aquello que le corresponda: educación, seguridad humana incluyendo salud, potenciación, equidad, y la defensa del territorio. Para ello debemos desistir de aquellas ideas que no han traído la satisfacción de las necesidades de la gente, para lo cual hay que “dejar” que sea el capital privado, con el “apoyo” y el “control” y no la “interferencia” del estado, el que desarrolle la actividad industrial, comercial y de servicios con sus propios fondos, contribuyendo así a la generación de una riqueza sustentable y sostenida sobre bases viables (representada por impuestos), para generar, en conjunto, los fondos necesarios para que un estado austero pueda atender a sus responsabilidades antes enunciadas. Para ello no es necesario ser “dueño” de nada, sino de buenas intenciones, de la capacidad de legislar, de asegurar los derechos de las personas naturales y jurídicas a través del aseguramiento del balance de los poderes y de lograr, con la contribución del estado, el crecimiento y la sostenibilidad del crecimiento del país en su sentido más amplio, en un mundo cada vez más competitivo y más acelerado. Así podremos rescatar el orgullo de ser venezolanos.
Caracas, Junio de 2016.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon