miércoles, 22 de agosto de 2012

PDVSA Siglo XX: ¿magia, leyenda o mito?
Julio de 2022.
Quienes fuimos parte integrante de la actividad petrolera en las multinacionales, participamos en la transición y formamos parte de la PDVSA del Siglo XX, que somos muchos, dedicamos nuestro esfuerzo a hacer posible una gestión de Primer Mundo en un país subdesarrollado, exigiendo una identificación total con el logro de los mejores resultados posibles en una Venezuela que buscaba su rumbo. Combatimos, hasta donde y como se pudo, las intenciones contrarias al logro de los mayores éxitos. Traíamos la herencia de haber formado parte de empresas que con distintos estilos pero con “espíritu de cuerpo” para el cumplimiento de las responsabilidades individuales y colectivas, usábamos los argumentos de la razón y la lógica para determinar el curso de las acciones más convenientes y seguíamos haciéndolo, combatiendo las acciones del medio y del estado tendentes a la doma de las actividades petroleras para conformarlas a las prácticas del resto de las organizaciones del estado. Ese proceso paulatino pero cierto siguió a través de todo el Siglo XX y luego tuvo el triste y dramático desenlace que conocemos.

El cuento de magia que impulsó a la PDVSA del Siglo XX no era materia de aventura s de los hombres en la tierra de las hadas ni se refería a mundos imaginarios. No estaba basado en seres y hechos sobrenaturales, ni en una historia ficticia. No era una relación de sucesos que tuvieran más de tradicionales o maravillosos que de historia o de verdad. No se refería a lo grotesco, lo extraño o lo gracioso, ni a lo romántico o lo nostálgico; ni a la fantasía de mundos imaginarios. Eran cosas que pasaban: sueños y ambiciones que lograron un éxito singular.  

Como leyenda, es de corte histórico y habla de seres humanos que gozaban de una virtud trabajada y lograda a través del esfuerzo y la dedicación; no se defiende oralmente ni pretende explicar lo sobrenatural, pues es un relato de lo logrado por personajes y seres humanos y se transmite a las posteriores generaciones lo que fue una realidad, a través de sus muchos testigos. No pretende explicar lo sobrenatural sino relatar unos sucesos y resaltar sus características y atributos basándose en hechos reales, con fines moralizantes y didácticos. Como leyenda se basa en la realidad y pretende explicar lo que parecería sobrenatural. Explica una relación de sucesos que parecerían tener más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos.     

Como mito no responde a hechos poco creíbles con apariciones fantásticas. Pudiera pensarse que se tratara de una historia ficticia, pero es un cuento con moraleja para enseñar a las generaciones más jóvenes y, aunque lo pareciera, no relata hechos maravillosos de dioses o héroes ni trata de hechos poco creíbles con apariciones fantásticas.

Ubicándonos individualmente en la creencia de que la PDVSA del Siglo XX pudo ser un cuento de hadas, una leyenda o un mito, la realidad es que, habiendo sido lo que fuera: magia, leyenda o mito, las circunstancias que la hicieron posible son irrepetibles como es usual en los casos de cuentos de hadas, leyendas o mitos. Para repetirlas se requeriría un conjunto de realidades que harían necesaria la reaparición de situaciones, eventos, realidades y personajes que son irrepetibles y que hicieron posible el cuento de hadas, la leyenda, el mito que fue la PDVSA del Siglo XX.            


lunes, 20 de agosto de 2012


El petróleo: la doma de PDVSA.
Junio de 2012.
Los políticos en función pública siempre han considerado que las instalaciones de las empresas del estado son para el disfrute de las personas que conformen los cuadros del mando político del partido de turno. Cuando se estatizó la industria petrolera comenzó el proceso de doma de PDVSA, es decir, el proceso de conformarla a las prácticas y costumbres de una empresa propiedad del estado venezolano. Debemos anotar aquí  que en la industria privada, normalmente los miembros de las juntas directivas eran gente de la industria o allegada a ella a través de una relación extensa con el trabajo petrolero.  

La primera manifestación de eso fue la designación de la primera junta directiva de PDVSA. Sin reducir los méritos de los designados, solo uno era miembro activo proveniente de la industria. Posteriormente, eso fue modificado en el camino al designarse miembros mayoritariamente provenientes de la industria. Se necesitaba gente que conociera el negocio petrolero para darle continuidad y propender al éxito de la gestión, aparte de que el trabajo era a dedicación exclusiva y la gestión requería constancia de propósito y de esfuerzo.

Al  inicio, entre otras cosas, la junta directiva de PDVSA aprobaba el presupuesto de la empresa, e invertía los excedentes en divisas. PDVSA pagaba el impuesto sobre la renta cuando le tocaba, sus directivos eran designados por cuatro años y su remuneración era asunto de los cuadros internos encargados de la materia. Las instalaciones y equipos de PDVSA eran solo para el uso de su personal en funciones oficiales. Todas eran prácticas sanas para el mejor manejo de las actividades. Pero esto no cuadraba con los manejos tradicionales de las empresas del estado, que en mayor o menor grado eran extensiones de los brazos políticos y se hacía necesario adecuar a PDVSA a las prácticas usuales y la voluntad del partido y los dirigentes de turno.

La independencia inicial de PDVSA trajo dificultades y se inició y mantuvo una lucha de poder con el ministerio y el ministro de turno en cuanto a quién era el jefe y quién decidía. El ministerio y el ministro de turno no entendían sus roles y querían tener una injerencia directa en la operación de la empresa. La declaración e impuesto sobre la renta se hacía de acuerdo con las necesidades perentorias no planificadas del estado, a través de declaraciones sustitutivas. Se le llegó a solicitar que gestionara un préstamo a través de la entrega de petróleo. 

El proceso fue obligando a PDVSA a presentar su presupuesto al accionista representado por el ministro del ramo, se redujo a dos años el período de los directivos, se obligó a PDVSA a enterar todas las divisas al banco central, a hacer aprobar por el ministro de turno la remuneración de los directivos de PDVSA, se inició la incorporación de terceros no provenientes de la industria en forma permanente a la nómina de PDVSA y sus filiales, se designó a ejecutivos no petroleros para la presidencia de la empresa, se inició el uso por parte de terceros de las infraestructura de la empresa. Finalmente, se interrumpió la cadena de sucesión a los más altos niveles de la industria, se eliminaron las empresas operadoras filiales y se convirtió a PDVSA en la empresa operadora petrolera. Se había domado a PDVSA para convertirla en una empresa parecida a Venezuela. Estaba domada. Más adelante se la decapitó.   

  



El petróleo y la caja negra.
Junio de 2012.
A la industria petrolera de las empresas extranjeras siempre se le endilgó que eran una caja negra y ese cuento siguió cuando pasó a manos del estado, una vez estatizada la actividad y creada PDVSA. Ahora podía pensarse en una caja oculta. Veamos.

En la era de las multinacionales, había una separación marcada entre el  estado y las empresas. El ministerio de adscripción fijaba las políticas nacionales en materia petrolera y vigilaba muy de cerca la actividad realizada por las operadoras. No había posibilidad alguna de que se confundieran o sobrelaparan los roles y las responsabilidades. Unos supervisaban y otros ejecutaban. Adicionalmente, había delegaciones de gente en las oficinas de las empresas que pertenecían a las oficinas responsables de auditar todo desembolso que hicieran las empresas, para fines de determinar su deducibilidad dentro de las normativas de impuestos. Las operadoras, por su parte tenían sus propias organizaciones de auditoría interna que vigilaban el cumplimiento de las normas internas y externas por parte del personal de las distintas organizaciones  de la empresa. Los otros ministerios supervisaban en cuanto a su respectiva responsabilidad. Y por razones de competitividad, cada empresa se mantenía vigilante de las actividades de las otras. Las empresas acataban las normas que las regulaban y de no estar de acuerdo acudían a los organismos jurisdiccionales, argumentaban su caso y acataban el fallo. Esto se mantuvo durante muchos años de la etapa pre estatización mientras se apretaban las tuercas cada vez más, con el consecuente perjuicio para el país en términos del desarrollo de la actividad, al limitar efectivamente el crecimiento de las petroleras privadas  y no compensarlo de una manera efectiva con las medidas alternativas que se tomaron bajo una orientación netamente política e inconveniente para el progreso.

Así, desembocamos en la estatización: se creó PDVSA.

La PDVSA estatizada y sus empresas filiales mantuvieron los sanos criterios gerenciales y siguieron cumpliendo con todas sus obligaciones. Continuaron con sus departamentos de auditoría interna y siguieron bajo la supervisión de la representación del impuesto sobre la renta y de las normativas de los diferentes ministerios. Por ser una empresa de carácter internacional con operaciones fuera del ámbito nacional y por cuanto siguió siendo una empresa de primer mundo, cumplía con los dictámenes y la normativa de la “Securities and Exchange Commission”, institución rectora para toda empresa internacional de prestigio y seriedad que, en ningún caso, podía pretender saltarse las normativas correspondientes. En todo momento presentó sus puntos de vista y justificó sus acciones ante los distintos organismos nacionales e internacionales, tanto en el sentido de la pulcritud de sus acciones como en la orientación de sus políticas. Sus presentaciones a todos los niveles eran claras y concisas basadas en hechos y cifras concretas, lo cual la distinguía, pero dejaba un mal sabor en los receptores a nivel nacional, por el uso de un estilo al cual no estaban acostumbrados.

Esas realidades fueron cambiando por la acción permanente del estado para someter  a la industria a sus dictámenes, cónsonos con las prácticas en otras empresas del estado. La caja negra estaba en camino a un eclipse permanente. El siglo XXI, la caja negra se desvaneció.    


martes, 31 de julio de 2012


El petróleo de Primer Mundo.
Junio de 2012.
El petróleo de primer mundo, como en cualquier actividad, es aquel en el que se busca y se logra la óptima ejecución de la actividad y se logra mantenerla. Es por eso que las “siete hermanas” ya no son sino dos o tres y los países propietarios de los recursos del subsuelo que conformaron originalmente la OPEP, ya no comandan ni tienen el control de los precios del petróleo. Es el crecimiento económico  y la inestabilidad política de los países y los grupos a los cuales pertenecen, lo que comanda y afecta los precios y las realidades del petróleo. De ese grupo de petróleo de primer mundo formó parte con méritos relevantes la PDVSA del siglo pasado.

¿Quién era la PDVSA del siglo pasado?

Hasta el año 1976 la industria petrolera venezolana de importancia estuvo en manos de la empresa privada internacional, de las empresas del primer mundo, las que hoy en día están representadas, entre otras por Exxon-Mobil, Shell, Conoco, y BP. En aquel entonces, en Venezuela, eran, principalmente,  Creole, Shell, Mene Grande y Mobil. Todas aplicaban los criterios de excelencia en materia de selección y formación de personal, en la selección a nivel mundial del más calificado para cada puesto, en la asignación de recursos para el proyecto más rentable; usaban los criterios que fueron y siguen siendo la clave del éxito en cualquier actividad. En el tiempo, la industria petrolera en Venezuela pasó paulatinamente a ser dirigida casi en su totalidad por personal venezolano formado por esas empresas para continuadamente seguir cosechando los éxitos que cosechó. Esta realidad fue posible gracias a ese recurso humano que conformaba la estructura de ese cuerpo de gente que le dedicaba su vida a su trabaje en esas empresas y que consideraba que el éxito personal representaba el éxito de la empresa.

En paralelo, corría una pretensión política de país subdesarrollado que aspiraba a ser propietaria de la actividad, unas veces pensando en que todo debía estar bajo control del estado y otras pensando que las actividades podían estar en manos tanto de las empresas privadas como de empresas del estado. La pregunta que no se hacía era: ¿Y si tengo quien haga las cosas mejor que yo sin que yo corra ningún riesgo ni me cueste, por qué debo hacerlo yo? ¿Por qué no sigo disfrutando de los beneficios que ellos me dan para tratar de salir del subdesarrollo en el que permanezco? ¿No estábamos  conscientes de que la linea roja entre Washington y Moscú  la manejaba una pequeña pero eficientes empresa privada de telecomunicaciones? ¿No estábamos conscientes de que los países desarrollados, de primer mundo, no eran propietarios sino de los servicios públicos básicos, de la capacidad de legislar balanceadamente, de cobrar los impuestos y que la actividad industrial la manejaba el sector privado?

A pesar de todo y teniendo las empresas calificadas de primer mundo con el personal de primer mundo y contando con él, pensaron que era viable estatizar la actividad. Lo hicieron. Los “Yankees de Nueva York”, ahora propiedad del gobierno de turno, vendrían a ganar el campeonato. Y así fue por un tiempo, incluso jugaron en las grandes ligas, se tutearon con lo más granado del mundo petrolero y figuraron entre las empresas más destacadas de la actividad. Todo ese esfuerzo, todos esos años de trabajo y dedicación se fueron de repente por el albañal. La PDVSA Siglo XXI es irrecuperable.              

lunes, 23 de julio de 2012


El Petróleo y AGROPET.
Junio de 2012.
Corrían los años desde los 50. Venezuela seguía dependiendo del petróleo. Las tendencias llamadas “izquierdistas” motivaban a nuestros dirigentes a pensar que la propiedad y el ejercicio de la actividad eran la base para la independencia económica y política. Sin embargo, los servicios públicos en manos del estado eran deficientes como era el caso de CANTV. A diferencia de los países desarrollados en los que el estado era propietario de muy poco, aquí pensaban que el paso hacia nuestra independencia financiera y “política” era estatizar las principales actividades, comenzando con la petrolera. Las expresiones de los líderes políticos, indicaban un curso de acción que preocupaba a mucha gente. Eran los tiempos de la sustitución de importaciones, de proteccionismo a ultranza de la industria nacional. Los dineros no le alcanzaban al estado y aunque se tomaban todas las medidas para maximizar los ingresos petroleros, no había manera de aumentarlos en la medida que el estado lo estimaba necesario y se actuaba de manera  que, con un ataque e sus actividades, en vez de promover el incremento de la producción petrolera y en vez de promover las acciones convenientes para el país por parte de las compañías, comenzaron a desincentivarlas. Se inició un accionar preocupante por parte del estado, que en materia petrolera comenzó a hacerse palpable con la creación de la Corporación Venezolana del Petróleo (CVP) y el accionar del estado para favorecer a esa empresa en detrimento del sector privado y del consumidor en general. El estado se aprovechaba de su poder para hacerla viable, creando un organismo incapaz de sostenerse por sus propios medios. El resultado de este accionar del estado comenzó a sentirse en el mercado interno. El consumidor comenzó a vivir una situación inconveniente e injusta: inconveniente por el deterioro de los servicios en el mercado e injusta por el ventajismo a ultranza que se observaba en el accionar del estado.  Se constataba y se sentía que ese mecanismo no llevaba a buen puerto, pero la aceleración de los ímpetus y las aspiraciones de los dirigentes políticos eran factor de preocupación para el personal de la industria petrolera que tenía la responsabilidad por el desarrollo de esas actividades en el país.  

Consciente, profesional y responsablemente, solo unos pocos al inicio y todos después, iniciamos un proceso para influir sobre la decisión tomada y políticamente irreversible de estatizar la actividad petrolera. El proceso lo iniciamos Marcos Marín, Gustavo Coronel  y yo, en la Shell, en Caracas, al fundar, en marzo de 1974, la Agrupación de Orientación Petrolera (AGROPET).

Producto del esfuerzo de muchos durante un largo período de trabajo y de una intensa relación con los factores influyentes del país y, conscientes de la inmensa responsabilidad que tendríamos en el manejo de la industria estatizada, en enero de 1975, como una contribución espontanea, y en nombre del personal profesional y técnico del sector petrolero, en Miraflores, ante el Presidente Carlos Andrés Pérez, acompañado por su gabinete en pleno, en presencia de la Comisión Nacional de Reversión y con el acompañamiento de una masiva representación de los trabajadores del sector petrolero, AGROPET, presentó sus dudas, inquietudes, observaciones y recomendaciones sobre la estatización de la industrias petrolera, columna vertebral del país.     

El Petróleo y la política.
Mayo de 2012.
Con la decisión política de ”no más concesiones”, comenzó la declinación del desarrollo a futuro de la actividad petrolera, la intensificación de la actividad de extracción y la reducción en más de dos tercios del personal de las empresas que, lógicamente, procedieron a maximizar su ingreso, liquidando activos, reduciendo la inversión en proyectos para un futuro inexistente  y ejecutando el mantenimiento indispensable de las instalaciones. El estado elaboró medidas sustitutivas con las que pretendía compensar los resultados negativos de su acción política. Los diferenciales de precio entre la exportación y el mercado interno abrieron el mercado de extracción.  

El país continuaba dependiendo del petróleo y necesitaba incrementar sus ingresos provenientes de esa actividad en el mundo de precios eternamente cambiantes, sin que la acción unilateral o por consenso pudiera afectar esta realidad. Luchaba para mantener o incrementar los ingresos en períodos de declinación, a falta de fuentes alternas. Las petroleras a su vez se unieron en la Cámara de la Industria del Petróleo y se incorporan a Fedecámaras. Se creó la Corporación Venezolana del Petróleo (CVP), la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), una nueva constitución asignó al congreso la autorización para otorgar concesiones, los impuestos de las petroleras se comenzaron a pagar a medida que se iban causando, se incrementó cada vez más frecuentemente el impuesto sobre la renta, se pasaron los gasoductos a la CVP, el Colegio de Ingenieros de Venezuela respaldó la política de no más concesiones, bajaron por primera vez las reservas probadas, se ampliaron algunas instalaciones rentables para las compañías, se establecieron límites a las donaciones de la petroleras, Pérez Alfónzo y Uslar Pietri debatieron, se anunció que no habría más estaciones de servicio para las petroleras, la CVP impulsaría las actividades y operaciones de la industria, se propuso explotar el petróleo no convencional, se le hizo la cama a la CVP, las petroleras iniciaron la incorporación de sus campamentos a las comunidades, se introdujeron los precios de referencia con incrementos graduales, se crearon estímulos para construir plantas desulfuradoras, los contratos de servicio con CVP en el sur del lago de Maracaibo resultaron no comerciales, se creó la petroquímica, se creó el Frente Nacional Pro Defensa del Petróleo Venezolano, en el seminario “Venezuela-Año  2000” se concluyó que para el 2000 el petróleo no sería la base fundamental de la actividad económica en el país, Venezuela bajó de su posición de primer exportador y tercer productor mundial de crudo, se acusó a las empresas de manipular los precios del petróleo, se le asignó la faja a la CVP, se fijó en 60% el ISLR de las petroleras, las reservas probadas de Venezuela sufrieron la mayor disminución en un año en su historia, se fijaron valores fiscales de exportación, se promulgó la Ley de Reversión, se creó el INVEPET, se extinguió el  tratado de reciprocidad comercial con Estados Unidos, se promulgó la Ley del Mercado Interno, se creó Agropet, se creó la Comisión Nacional de Reversión. Y se estatizó la actividad petrolera. PDVSA cosechó éxitos. Comenzó la doma de PDVSA.  Terminó el Siglo XX: se perdió el esfuerzo de todas las generaciones que convirtieron a Venezuela en una potencia petrolera.

¿Qué hacer ahora?                  


El petróleo y las dimensiones nacionales.
Mayo de 2012.
Las dimensiones nacionales siempre mantuvieron un balance producto de la distribución de la actividad económica y de la riqueza entre el sector privado y el estado. En Fedecamaras, que englobaba al más importante sector privado, estaba la industria petrolera privada y en el otro estaban las empresas del estado y el estado como proveedor de servicios y ejecutor de programas y proyectos. El estado recibía los ingresos provenientes de la explotación petrolera a través de la regalía y del impuesto sobre la renta, sin invertir un centavo y de las otras empresas y personas a través de los distintos impuestos. La nación recibía el producto de la actividad económica en su totalidad, a través del empleo que proporcionaban el estado y, mayoritariamente, las empresas que desarrollaban actividades en el país. Aparte, se le daba a la población una serie de servicios y beneficios producto de la responsabilidad del estado.

Hasta fines del año 1975, fecha del término de la actividad petrolera privada, hubo progreso: crecimiento con una inflación casi inexistente. Venezuela era un país de futuro donde un recién graduado ganaba más que su equivalente en los Estados Unidos. Se comía tan bien o mejor que en cualquier otra parte, la clase media podía adquirir vivienda de primera en un tiempo aceptable después de su graduación. Era una etapa de progreso paulatino pero cierto.

La estatización de PDVSA y de todas las actividades industriales en Guayana creó un desmesurado desbalance de poder dentro de la nación, dándole a los políticos y a los gobernantes, inconvenientemente, mano libre para disponer de la riqueza que generaba principalmente el petróleo, a pesar de que hasta donde pudo, la industria petrolera estatizada mantuvo criterios firmes  sobre su responsabilidad y objetivos como empresa eficiente y productiva, con todo y ser una empresa del estado. La inflación se convirtió en circunstancia de vida, y a pesar de que eran conocidas y se esperaban sus consecuencias, las acciones de un estado nuevo rico, una tras otra, se fueron tomando sin que se lograra que, efectiva y verdaderamente, el país progresara y sus habitantes mejoraran su calidad de vida.

En las etapas iniciales de la gestión de PDVSA, a nivel político se respetaron las normas para el éxito que debían regir la gestión de la empresa, pero en el camino se fueron modulando los criterios negativamente y minando el camino que, paulatinamente, nos ha llevado a la tragedia petrolera que hoy se vive. El principal criterio que ha privado en diversos grados ha sido el de que, siendo propietario de la riqueza del subsuelo y por las notorias razones esgrimidas de seguridad e interés nacional, la actividad petrolera, al igual que otras, debe estar en manos del estado. Se olvida que la capacidad administrativa nunca ha sido uno de los talentos del gobierno nacional y que para ser efectivo en industrias netamente internacionales, hay que conocer y manejar las técnicas y los conceptos de primer mundo que nunca ha sido por lo que se ha destacado el sector de las empresas del estado, exceptuando la PDVSA del siglo pasado.

Se ha confundido y contaminado el interés nacional con el interés político-partidista y los dirigentes han olvidado las necesidades de la gente, confundiendo y utilizando la ignorancia de las mayorías en perjuicio de sus intereses y  sus derechos.