martes, 1 de septiembre de 2015

Petróleo: “ mea culpa” y juramento.
Por: Odoardo León-Ponte.
La Iglesia, en su infinita sabiduría en la búsqueda de su permanencia y progreso dentro de su necesario, lento y seguro proceso de cambio, ha optado por reconocer sus errores en forma pública por boca de su máximo representante  y dirigente, el  Sumo Pontífice. Así, el Papa Francisco, recientemente ha pedido perdón a nombre de la Iglesia por los errores cometidos durante la conquista de América.  Agreguemos a esto el reconocimiento anterior hecho por San Juan Pablo II en cuanto a los errores de la Iglesia durante La Inquisición.  Tengamos en cuenta que el reconocimiento de esos errores es expresado por Papas que no tuvieron nada que ver con las acciones  en referencia. Veamos lo que pudiera considerarse un paralelo, guardando  las debidas y necesarias distancias.

Nuestro país tiene y ha extraído inmensas cantidades de petróleo en y del subsuelo y las ha explotado bajo distintas fórmulas. Inicialmente, la explotación se dejó en manos de los intereses extranjeros: los únicos con el conocimiento, la tecnología y el dinero necesarios  para invertir en exploración, producción, transporte, refinación, distribución y comercialización de los crudos y productos en una industria incipiente. En esa época la participación del estado era a través de intermediarios a quienes se les daban los derechos de explotación y muchos los entregaban a las operadoras. También se les dieron derechos a las empresas directamente. Poco sabíamos y podíamos hacer en esa etapa de la actividad dado el nivel de atraso que nos embargaba con respecto a esa nueva fuente de energía.

Cuando salimos del oscurantismo comenzó el proceso de poner al día al país y en paralelo a la actividad petrolera en cuanto a las reglas de la relación entre el estado que ahora comenzaba a formularse y los que llevaban a cabo su extracción: la Ley de Hidrocarburos, entre ellas, y el comienzo de la calificación a través del estudio de la materia, de personal del gobierno encargado de la supervisión del manejo de la explotación de un recurso propiedad del estado. Pero vinieron los vientos llenos de aspiraciones políticas con tintes distintos de rojo y comenzó el juego inconveniente de los gobernantes con las petroleras y la búsqueda del uso de las clases desconocedoras del tema, incluyendo a los intelectuales, como apoyo  político a través de la inculcación del criterio de que el capital extranjero y el capitalismo explotaban inconvenientemente el recurso “de todos los venezolanos” que solo ellos defendían.

Con prestidigitación de parte de los factores políticos y de los económicos interesados en su progreso personal, pero no en el verdadero desarrollo del país y de sus recursos humanos, comenzó la labor de tejer  la convicción de que era necesario estatizar el petróleo: incorporar la actividad petrolera al capitalismo del estado, justificando todo el entramado del tejido bajo la tesis de conceptos desarrollados bajo un haz de luz que señalaba hacia una supuesta seguridad de estado. Debemos recordar que nuestro país fue un ”país para querer”  mientras la actividad estuvo bajo la administración del capital privado, período durante el cual “nos arropábamos hasta donde nos llegaba la cobija”, pero durante el cual siempre estuvo presente en la mente de los dirigentes nacionales la tesis de que el petróleo debía ser operado por el estado, llegándose hasta el extremo de limitar su desarrollo y acusar a “lo extranjero” de nuestros males para mayor justificación de la necesidad de estatizar. Comenzó el experimento fallido de la CVP y todo lo que se hizo alrededor de ella. Llegó la estatización que los “Ayatolas” prometían como fórmula necesaria para el crecimiento del país y para su desarrollo, pero también surgió la dicotomía entre usar los recursos del petróleo para el desarrollo de la actividad petrolera o para llenar el permanentemente insuficiente tesoro público: el ansiado “desiderátum” de los políticos y sus aliados protegidos por ese estado. Lejos quedaba, verdaderamente, el ejercicio del poder en función del Desarrollo Humano.

El resultado del ejercicio petrolero en manos de los políticos ha sido uno de vaivenes sobre un sube y baja en cuanto a la filosofía sobre el petróleo (Leoni llegó a decir que no era necesario estatizar la actividad petrolera), pero se mantuvo la tesis inculcada con “taladro” de que era necesario estatizar el petróleo: pasarlo al manejo directo de la operación por parte del estado. Y así se hizo, con el apoyo de las clases dirigentes pero con múltiples observaciones y cuestionamientos por parte de los que manejaban la actividad misma - los verdaderos petroleros.

Hoy, cien años después, haciendo un análisis de lo logrado desde la estatización de la industria petrolera, con los agregados del socialismo llamado del siglo XXI, encontramos que, a pesar de todas nuestras “buenas” intenciones y con todas las argumentaciones para respaldar las acciones tomadas con respecto al petróleo, se concluye, para desgracia nuestra, que  el curso de acción tomado por nuestros dirigentes ya no puede ser defendido. No hay sino que ver la tragedia que sufrimos y que ha logrado promover el éxodo de gente en busca de mejores oportunidades, cuando nunca antes esa fuera una fórmula venezolana. Hace falta, ya, un “Mea Culpa” por parte de los factores políticos y de los que han actuado en función política o como políticos, indicativo de nuestra equivocación, con el juramento claro e irreversible de que iniciaremos un nuevo camino de la eliminación del capitalismo de estado en lo petrolero (y en todos los otros casos) y que el estado se dedicará a lograr el Desarrollo Humano como función primordial para así convertir a nuestra Venezuela, a largo plazo, en un país de progreso y de futuro que asegure el desarrollo de la libertad y, consecuentemente, de  la democracia. Es la única manera. De otra forma seguiremos dando los mismos tumbos que hemos dado y seguimos dando y cuyas consecuencias hemos  sufrido durante todo el tiempo que podamos recordar. ¿Qué partido, grupo o persona pronunciará el “Mea Culpa”? ¿Quién tirará la primera piedra?
Caracas, Septiembre de 2015.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon

viernes, 28 de agosto de 2015

La propiedad del petróleo: cuarenta años después.
Por: Odoardo León-Ponte.
Quienes defienden la “propiedad del petróleo” como la razón básica para su estatización y se basan en ese razonamiento para justificarla, olvidan que el petróleo siempre ha sido nuestro, es decir, del país y que nunca pudieron las empresas de capital privado hacer con él lo que les diera la gana, excepto cuando el gobierno se lo permitió. Olvidan que esas empresas estuvieron sometidas a un control permanente de una delegación también permanente de auditores del Ministerio de Hacienda ubicadas en las oficinas de cada una de las empresas, situación que se mantuvo vigente durante todo el tiempo, de manera creciente, hasta el momento de la nacionalización. (Recuerdo haber tenido que justificar, partiendo de los estados financieros auditados de las empresas, los costos de una  empresa en la discusión del contrato colectivo petrolero del año 1961.)

La exploración, la producción de crudo y su relación con el gas y las plantas del parque de refinación que existían eran las que autorizaba el Ministerio responsable de los asuntos petroleros, al igual que las plantas de distribución para el mercado interno y las estaciones de servicio y el precio de venta de la gasolina. Los precios de exportación de crudos y productos  llegaron a ser fijados por el estado en base a valores fiscales de exportación que estuvieron por encima de los valores de realización, forma de combatir las bajas del precio del crudo en el mercado internacional. Las empresas pagaban la regalía de acuerdo con la Ley y los impuestos eran fijados por el estado. El INCE aprobaba las deducciones a posteriori. (Recuerdo haber llevado al encargado de autorizaciones a una gira por Inglaterra y Holanda para que constatara la realidad de la actividad y de los costos de las actividades de  entrenamiento que desarrollaba la Shell en el exterior y a la que asistían los trabajadores de la empresa en Venezuela.) No había una actividad que las empresas pudieran desarrollar o cobrar sin la aprobación del gobierno de turno. Esta era la situación para el momento de la estatización hace ya cuarenta años. Pero: ¿qué pasaba? El gobierno no controlaba la operación.

Aunque el gobierno tenía todo el poder, no podía hacer con el petróleo lo que le viniera en gana, pues las empresas tenían sus derechos fijados por la ley, cumplían las obligaciones que el estado les fijaba y exigía sus derechos. Pero la tonada de la “nacionalización” del petróleo que se venía cantando desde hacía mucho tiempo, unida a la declinación de la producción consecuencia de las acciones de no más concesiones  de un estado que insinuaba el control de la actividad a través de la CVP, concluyó con la estatización (politización) de la actividad petrolera que así se convirtió en un coto de caza de los partidos políticos. Ahora no era cuestión del imperialismo contra el estado, sino de los vaivenes de la política venezolana, izquierda, derecha, izquierda… Los partidos políticos habían tomado el control total de la operación y comenzamos a sufrir en carne propia los resultados del  uso del petróleo que “ahora es nuestro” y venezolano, con fines políticos, con todas sus consecuencias provenientes del resultado de la operación y del uso de Pdvsa en función política.

Los resultados: los conocemos a carta cabal. A través de los últimos cuarenta años y de un proceso lento pero seguro, el gobierno “le puso la mano” al petróleo. Los resultados los conocemos en carne propia. Solo el tiempo habla del acierto en nuestras decisiones y de sus consecuencias. .

Caracas, Septiembre de 2015.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon

jueves, 27 de agosto de 2015

Petróleo de vida o muerte.
Por: Odoardo León-Ponte.
Durante el tiempo transcurrido en el sube y baja y, más recientemente, en el tobogán que hemos vivido en los resultados producto del uso del petróleo por parte de nuestros gobernantes, nos hemos podido dar cuenta de que el manejo del petróleo puede ser  factor de vida o de muerte para quienes no hayan disfrutado de él como producto de su afinidad con el estado, incluyendo allí tanto a personas como a instituciones y a países ajenos al nuestro, a quienes hemos hecho participes de nuestras buenas venturas, pero permitiendo que las desventuras del sube y baja y del tobogán, tengan un efecto máximo en el deterioro de la calidad de vida y en el empobrecimiento de las mayorías de nuestro país.

Pensemos que ha transcurrido ya  un siglo desde el inicio de la explotación en gran escala de nuestras riqueza petrolera y en esta etapa de su explotación nos encontramos con que, en vez de progreso tenemos pobreza, tanto en lo pragmático como en lo espiritual, lo moral y lo ético. La que fuera una industria capaz de generar paz, sosiego, progreso y futuro para todos (y que ha sido logrado por otros en todos los confines de la geografía en períodos  mucho más cortos y con las mismas realidades de mercado)  hoy en día es una actividad reducida en su capacidad de producción, refinación, y suministro tanto al mercado interno como en el externo, exceptuando el caso de aquellos países que han disfrutado de la magnificencia de un gobernante con enfoques viscerales y resultados políticos inconvenientes, tanto en lo interno como en lo externo. La que fuera una industria orgullo de venezolanos y extranjeros y prototipo de lo que debía ser una industria bien manejada (con todo y las limitaciones impuestas por nuestros gobiernos y por las fuerzas del mercado: las primeras controlables y las segundas no) y que a través de las acciones de nuestros gobiernos tan solo pudo crecer o decrecer  hasta donde la dejaron esos gobernantes, a pesar de quienes le dieron una vida limitada por la intransigencia y los antojos de los gobiernos de turno y sus adláteres, tuvo vida. Con el advenimiento de los vientos de sueños comprobadamente  irrealizables, llegó la destrucción y el inicio del descenso de la industria, con el agravante de que no solo a ella se la condenó, sino que se le agregó todo lo que siendo productivo se convirtió en ente improductivo en poder de un estado que ha llegado a su más alto nivel de incapacidad.

El petróleo de vida o muerte, ese que es vital para la vida o muerte de nuestra sociedad, requiere un cambio radical en el enfoque de su desarrollo y explotación, un “vuelvan caras” en el enfoque sobre su uso para asegurar su desarrollo, el que en cien años de historia no hemos logrado para que podamos contar con el Desarrollo Humano que nos permita ampliar las posibilidades de afianzar, verdaderamente, la libertad y a democracia. Todo lo anterior se hace más importante cuanto más tiempo transcurre y nos damos cuenta (¿?) de los errores que hemos cometido en perjuicio de nuestra gente. Después de todo, tenemos que habernos dado cuenta de que el petróleo como fuente de riqueza  ahora más que nunca se ha convertido en la única base que nos queda para subsistir. Todo lo demás dependiente de él, se le une en ese nivel. Si no logramos levantar los recursos del petróleo no podremos levantar nada más. El petróleo se ha convertido en asunto de vida o muerte. Es lo único que nos queda para volver a comenzar cien años después.  
Caracas, Agosto de 2015.
odoardolp.blogspot.com

@oleopon
Petróleo de vida o muerte.
Por: Odoardo León-Ponte.
Durante el tiempo transcurrido en el sube y baja y, más recientemente, en el tobogán que hemos vivido en los resultados producto del uso del petróleo por parte de nuestros gobernantes, nos hemos podido dar cuenta de que el manejo del petróleo puede ser  factor de vida o de muerte para quienes no hayan disfrutado de él como producto de su afinidad con el estado, incluyendo allí tanto a personas como a instituciones y a países ajenos al nuestro, a quienes hemos hecho participes de nuestras buenas venturas, pero permitiendo que las desventuras del sube y baja y del tobogán, tengan un efecto máximo en el deterioro de la calidad de vida y en el empobrecimiento de las mayorías de nuestro país.

Pensemos que ha transcurrido ya  un siglo desde el inicio de la explotación en gran escala de nuestras riqueza petrolera y en esta etapa de su explotación nos encontramos con que, en vez de progreso tenemos pobreza, tanto en lo pragmático como en lo espiritual, lo moral y lo ético. La que fuera una industria capaz de generar paz, sosiego, progreso y futuro para todos (y que ha sido logrado por otros en todos los confines de la geografía en períodos  mucho más cortos y con las mismas realidades de mercado)  hoy en día es una actividad reducida en su capacidad de producción, refinación, y suministro tanto al mercado interno como en el externo, exceptuando el caso de aquellos países que han disfrutado de la magnificencia de un gobernante con enfoques viscerales y resultados políticos inconvenientes, tanto en lo interno como en lo externo. La que fuera una industria orgullo de venezolanos y extranjeros y prototipo de lo que debía ser una industria bien manejada (con todo y las limitaciones impuestas por nuestros gobiernos y por las fuerzas del mercado: las primeras controlables y las segundas no) y que a través de las acciones de nuestros gobiernos tan solo pudo crecer o decrecer  hasta donde la dejaron esos gobernantes, a pesar de quienes le dieron una vida limitada por la intransigencia y los antojos de los gobiernos de turno y sus adláteres, tuvo vida. Con el advenimiento de los vientos de sueños comprobadamente  irrealizables, llegó la destrucción y el inicio del descenso de la industria, con el agravante de que no solo a ella se la condenó, sino que se le agregó todo lo que siendo productivo se convirtió en ente improductivo en poder de un estado que ha llegado a su más alto nivel de incapacidad.

El petróleo de vida o muerte, ese que es vital para la vida o muerte de nuestra sociedad, requiere un cambio radical en el enfoque de su desarrollo y explotación, un “vuelvan caras” en el enfoque sobre su uso para asegurar su desarrollo, el que en cien años de historia no hemos logrado para que podamos contar con el Desarrollo Humano que nos permita ampliar las posibilidades de afianzar, verdaderamente, la libertad y a democracia. Todo lo anterior se hace más importante cuanto más tiempo transcurre y nos damos cuenta (¿?) de los errores que hemos cometido en perjuicio de nuestra gente. Después de todo, tenemos que habernos dado cuenta de que el petróleo como fuente de riqueza  ahora más que nunca se ha convertido en la única base que nos queda para subsistir. Todo lo demás dependiente de él, se le une en ese nivel. Si no logramos levantar los recursos del petróleo no podremos levantar nada más. El petróleo se ha convertido en asunto de vida o muerte. Es lo único que nos queda para volver a comenzar cien años después.  
Caracas, Agosto de 2015.
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@oleopon

lunes, 24 de agosto de 2015

PENSAMIENTO


Desgraciadamente, y especialmente en nuestro país de siempre y mayoritariamente ahora, la vejez que no esté acompañada de la fortuna tiene necesariamente que ser estrecha, especialmente para quienes han sido honestos y no han heredado fortuna. Por otra parte hay la tendencia de que quienes no tengan dinero al momento de morir, apenas sean recordados por un escaso número de personas que aprecien al prójimo en base a sus méritos personales que deberían incluir la honestidad, principalmente la intelectual.
La vida puede dar sorpresas, pero la trascendente sensación en la vejez debe ser la de poder mantener la frente en alto por haber sido honesto a carta cabal.
Eso pienso.

Caracas, Agosto de 2015.
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@oleopon

viernes, 14 de agosto de 2015

Petróleo, ilusión política y realidad.
Por: Odoardo León-Ponte.
El petróleo, arma utilizada como barniz y basamento para encantar las promesas políticas a través del tiempo posterior a la salida del oscurantismo, políticamente perdió su capacidad de encanto para los electores. La eterna venta de la ilusión, a pesar de os errores de nuestros gobernantes hasta ahora no aceptados por ninguno de ellos a través del necesario e indispensable “mea culpa” y preñada de incumplibles promesas de desarrollo, nos ha traído, paulatina pero indefectiblemente, a una realidad de país en deterioro también paulatino pero seguro. ¿Y habrá todavía quienes piensen que con “Manoletinas” podremos enrumbar al país por un nuevo sendero de Desarrollo Humano basándonos en formas “nacionalístas” para el desarrollo del petróleo? Todavía se dice y se ofrece con la seguridad con la que hasta ahora hemos hecho las eternas promesas incumplibles, que tenemos las riquezas en el subsuelo y que con giros de prestidigitador, podremos cambiar de lo que nos embarga a una franca, inmediata y segura recuperación. Hay incluso quienes expresan claramente que podremos convertirnos en breve tiempo y a través de las mismas “suertes” en miembros de la comparsa de los mayores productores de petróleo del mundo y acceder a los sitiales de los países con gran desarrollo. Los más modestos hablan de que aún tenemos la riqueza del petróleo y que solo es necesario un cambio de rumbo aún en el naufragio que vivimos, como si el tiempo no hubiera actuado en contra de lo que tenemos y que no sufriéramos el retroceso que ha significado en nuestro Desarrollo Humano.

Con la realidad ya clara de que nuestro petróleo nunca llegará a tener de nuevo la capacidad de permitir hacer promesas de encantador, habiendo destrozado al país en su estatura moral, ética y ciudadana, con un parque alternativo de producción destrozado, con un candado legal, financiero y político impuesto al desarrollo del petróleo, con las finanzas públicas en ruinas y desechas, con necesidades incrementales no atendidas en infraestructura, con partidos políticos que todavía usan las armas del enemigo como razonamiento para optar a la elección, con un electorado cada día menos capaz de escoger el mejor camino, con una escasez de recursos humanos capacitados para la tarea que tendríamos que atacar, con un endeudamiento cada vez mayor y relativamente multiplicado por nuestra incapacidad para cubrir las obligaciones, sin un plan nacional en forma de contrato político obligante, con un enfoque comunistoide en cuanto al enfoque sobre las acciones necesarias y, finalmente, sin suficiente gente calificada para incorporarse al trabajo que será necesario iniciar, ¿podemos pensar que con las mismas ideas de siempre saldremos del inmenso pantano de arenas movedizas en el cual nos encontramos?

Nuestra nueva realidad significa que no podremos retomar el hilo de lo que fue nuestra pujante industria petrolera (con todo y las limitaciones filosóficas impuestas por los gobiernos de turno). No tenemos el dinero propio, ni la reputación, ni la confiabilidad necesarias para atraer la inversión extranjera que es y será, por mucho tiempo en el futuro, la base de sustentación de nuestro posible progreso en materia petrolera y del progreso de la actividad en otras áreas industriales, en un país que ha desatendido inexorablemente a la tecnología y que ahora y por mucho tiempo por venir, exigirá resolver las difícilmente borrables dudas creadas por la acción de nuestros gobernantes y ciudadanos a través de un proceso de profundización del desorden y la corrupción como uso y costumbre nacionales.

Caracas, Julio de 2015.

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jueves, 6 de agosto de 2015

Petróleo: desarrollo o destrucción.
Por: Odoardo León-Ponte.
En nuestro país los gobiernos siempre han manejado el petróleo detrás de la careta que insinuaba la búsqueda del desarrollo del país. Así se tejieron toda clase de razonamientos bajo la premisa de la careta, pero con la certeza de que en función de esa apariencia se buscaba el crecimiento y la permanencia de las cúpulas de poder, a pesar de que en los inicios del período post oscurantismo después de la muerte de Gómez, se buscó ciertamente el desarrollo del país como ruta preferida.

Pero los vientos que comenzaron a guiar la veleta política de distintos tintes de color rojo en materia de orientación política, buscando el soporte a y el interés en generar votos para mantenerse en el poder sin que efectivamente existiera una persistente  preocupación por el desarrollo del país y de su gente, fueron minando el progreso real del país permitiendo la falta de desarrollo de su gente y permitiendo que esa falta de educación de la población resultara en un país mayoritariamente minusválido en cuanto a su capacidad para apoyar a las causas que hubieran desembocado en un progreso verdadero para ellos mismos. La falta de educación de las masas, frenada para instrumentar una mayor capacidad de progreso dependiente de esa capacidad, en la búsqueda de un mejor nivel de ingreso y de vida, fue llevando a un incremento de la dependencia de las dádivas del gobierno de turno, hasta llegar, ”in crescendo”, a la triste realidad que hoy nos aqueja en la que voceros de turno han expresado que la pobreza producto de la ignorancia es necesaria para mantenerse en el poder, sustituyendo los conceptos de democracia bajo la careta más reciente de que “Venezuela es de todos”. Hemos puesto a un lado el Desarrollo Humano con la consecuente pérdida de libertad y democracia. Hemos olvidado que no puede haber democracia sin Desarrollo Humano, tomando, en cambio, el derrotero del uso, en función electoral, de  la capacidad financiera agotable dependiente del petróleo, en vez del derrotero de la inversión para la educación y el desarrollo económico buscando el Desarrollo Humano indispensable para el desarrollo del país.

En 1970 producíamos 3.700.000 barriles diarios de petróleo y éramos los expertos en el manejo del recurso, cuando el Medio Oriente apenas se despertaba a la realidad del petróleo como fuente de riqueza para el desarrollo. Ellos tomaron el camino de bien invertirlo para su desarrollo cuando aquí debatíamos infantilmente si debíamos guardarlo para el futuro o usarlo para el desarrollo, sin pensar que mientras más postergábamos el uso para lo segundo menos desarrollo tendríamos.

Quienes hayan visitado los países de Asia y del medio y lejano oriente habrán constatado y podrán asegurar, por contraste, que la careta que hemos venido utilizando para desorientar el manejo del petróleo, nos ha llevado a una situación que tristemente ha venido trabajando en nuestro perjuicio. Aquellos tienen un creciente estándar de vida, poseen los centros comerciales más grandes del mundo con sobrada oferta de productos, una seguridad óptima, empleo, seguridad humana, y seguridad social de alta calidad, además de los edificios con la arquitectura más asombrosa del mundo: esos países son y van para y por más, a pesar de los altibajos del petróleo que han vivido al igual que nosotros.  Nosotros, en cambio, hemos llegado a la construcción de ranchos y a la “ranchificación” del país y su gente, habiendo logrado el “milagro” político de desperdiciar todas las alternativas de progreso que hemos tenido. ¿Vamos a seguir creyendo y expresando a los cuatro vientos que el manejo y la operación de los recursos “básicos” por parte del estado es la fórmula de progreso? ¿Y le vamos a seguir diciendo eso a la mayoría ignorante (y la cada vez más poca con algún grado de cultura) a la que hemos perjudicando, a los graduandos que no consiguen empleo, a los estudiantes que abandonan las universidades en razón de su mala preparación previa, al creciente número de pobres que no tienen con qué ni que comer, a los enfermos que se mueren por falta de medicinas y a la inmensa cantidad de muertos producto de la inseguridad? ¡Por favor!
Caracas, Agosto de 2015.
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