martes, 29 de noviembre de 2016

Planificación y “black out” informativo.
Por: Odoardo León-Ponte.
Cuando se intenta elaborar un plan para una ejecución o para reformar cualquier situación, lo primero que se busca es la información sobre el pasado y lo existente. El problema en nuestro caso es que hay un “black out” informativo, incluso para los que en la actualidad están en el poder. Con esta realidad se enfrentan, no solo los que mal orientan al país en la actualidad, que no saben ni hallan qué hacer, sino también quienes intentan crear planes para un próximo gobierno. El desastre administrativo actual es tan grave que nadie sabe a ciencia cierta cuál es la realidad del país después de 17 años de desaciertos. Con esa realidad viven los gobernantes actuales que están “tirando el resto” sin saber a qué están jugando y, también, aquellos quienes conscientemente intentan estructurar un plan para un nuevo enfoque. ¿Cuáles son los problemas?

Sin duda habrá que pedir prestado a todo aquel que pueda prestarnos. Pero cuánto, porque hay que solicitar un monto y no solo decir que necesitamos que nos presten. Para llegar a esa cifra debemos tener claro qué es lo que hay que hacer. Por ejemplo: ¿cuánto se necesita para la infraestructura del país? (¿Quién nos lo puede decir?) ¿Cuánto para las importaciones de alimentos y medicinas y durante cuánto tiempo, mientras reparamos todo lo que está malo y comenzamos a producir? (Pero para producir necesitaremos dinero para crear el flujo continuo que permita iniciar la actividad y luego mantenerla: una inversión inicial y luego una cantidad permanentemente para continuar.) De igual manera ¿cuánto para medicinas inicialmente y luego para el diario producir? ¿Y Cuánto para complementar las necesidades mientras comenzamos a producir y mantenemos la producción? ¿Y cuánto para importar lo que necesitan y no producen las empresas del estado mientras determinamos cuáles hay que cerrar y cuales hay que vender (o regalar) a inversionistas privados, si es que las quieren? ¿Y cuánto para mantener el estado hipertrofiado mientras lo reformamos y lo llevamos a un nuevo nivel de austeridad? ¿Y cuánto para mantener a ese personal flotante desempleado mientras lo calificamos y lo empleamos, si es que se puede? ¿Y cuánto para alimentar y mantener la salud de la inmensa cantidad de desempleados y pobres que tendremos por un largo período? ¿Y cuánto tendremos que pedir para pagar lo que debemos, si no logramos reestructurar su vencimiento? Y pare de contar. Supongamos que en algún momento lleguemos al inmenso monto de fondos que necesitaremos para comenzar a respirar. Pero no solo tendremos que pedir prestado en montos inimaginables, sino que tendremos que pagar lo que ahora debemos (inmensa cantidad) y lo que nos van a prestar.

¿Con qué y cómo pagar? El petróleo que antes nos sirvió de colchón aparentemente interminable y que, con y durante el chavismo, se convirtió en una “cobijita” insuficiente, también debido a que el mundo en el que vivimos (y al cual hemos pensado que podemos engañar) ha progresado y han pasado cosas que hacen que el petróleo ya no sea la varita mágica que siempre pensamos que fuera y a que, ahora, las expectativas de que pueda generar infinitas cantidades de ingresos para nuestras también infinitas necesidades, son remotas. Y no olvidemos que las fuentes alternativas de generación de riqueza también están en el suelo y no tienen la capacidad de apoyar para dicha generación de riqueza y de fondos. Aparte: tenemos que reformar el país en todos sus aspectos para que se convierta en viable después de 17 años de destrucción masiva por parte de unos ignorantes, irresponsables e irreverentes, en un país en el que a la gente no parece importarle lo que pase, mientras el gobierno la mantenga. El reto es grande y la perspectiva que se vislumbra es poco promisoria. ¿Cómo venderla? ¿Y quién la querrá comprar? ¿Y cuáles serán las condiciones de compra/venta?
Caracas, Noviembre de 2016.
Odoardolp.blogspot.com

@oleopon

jueves, 24 de noviembre de 2016

Y nosotros ¿qué pensamos y sentimos?
Por: Odoardo León-Ponte.
Haberle dedicado toda la vida útil de trabajo productivo a la actividad petrolera tiene un inmenso significado para quienes así lo hicimos. Por una parte fuimos partícipes en y contribuimos a forjar la industria sobre la cual se basó por muchos años el crecimiento del país, que los políticos de turno no permitieron en su potencialidad bajo la excusa de que trabajaban en beneficio del país, “combatiendo” durante la mayor parte de ese período las “malas intenciones de las multinacionales” y, posteriormente a la estatización, derivando el curso de Pdvsa hacia el mantenimiento de las distintas causas políticas que han terminado en este ir y venir sin pies ni cabezas que ahora nos desgobierna. Quienes estuvimos en las multinacionales en búsqueda de una responsabilidad del tamaño de la industria y de una carrera como la que se ofrecía en esa época, lo hicimos con la convicción de que era una manera de contribuir al desarrollo verdadero del país y a la satisfacción de los objetivos personales. Luego, al momento de la estatización de la actividad y habiendo participado en forma inédita y cuasi épica, formalmente y sin éxito, a través de la actividad que inició y desarrolló Agropet, nos cambiamos la camiseta por  la del equipo que heredó la capacidad instalada gerencial, técnica y de recursos humanos que se había desarrollado durante los sesenta años de actividad bajo la inversión extranjera. Pero la orientación política de nuestros gobernantes, rápidamente comenzó a formular los cambios para que la actividad se conformara a los parámetros de comportamiento del resto del aparato gubernamental y llegara, eventualmente, a lo que es ahora: insostenible, insuficiente e inoperante.

Nosotros estuvimos acostumbrados en la etapa pre estatización a que el objetivo era lograr, a través de las mejores prácticas, que el éxito de la empresa misma se reflejara en sus resultados y por ende en la producción de ingresos para el estado: todo a pesar de los esfuerzos hechos por esos gobernantes para que el éxito de las empresas no se tradujera en máximo ingreso para el estado al impedirle que desarrollaran las bases para su subsistencia a futuro. Más bien se ocupaban de hacerle la vida lo más difícil posible, comenzando por cercenarles el futuro con la política de “no más concesiones”.  A pesar de esa actitud, las empresas y nosotros seguimos haciendo el esfuerzo necesario en situación inconveniente y logrando llegar al record de nivel de producción del país. Una cosa con la otra, se llevó a cabo la estatización basándose en la aparente razón política de “interés” nacional. Comenzaba así la etapa de la actividad en manos del estado y de la dicotomía de tener que decidir entre usar los fondos para desarrollar la industria o para la función política del estado. Y triunfó, paulatinamente, el uso de los fondos en función política y se abrió el campo de nuevo a la inversión privada en la industria, a través de las empresas mixtas al aceptarse que el estado no tenía la capacidad financiera ni técnica para desarrollarla y a la vez generar los ingresos requeridos en función política. Pero se había abierto el camino para “disponer” de la actividad petrolera con fines políticos: el uso de la capacidad financiera y de otra índole de Pdvsa en función política. Ese camino se inició con el paso de las reservas en dólares de Pdvsa al erario público en la época de Luis Herrera y se prostituyó  con el  ”millardito” inicial del gobierno actual (anteriormente solicitado a Pdvsa y negado por ella a otro gobierno de turno). Se habían abierto de par en par las puertas  para la corrupción generalizada, no solo financiera, que hoy conocemos.

¿Cómo cree el lector que podemos sentirnos quienes contribuimos a forjar la empresa que se incorporó al ranking mundial y que hoy es causa de lástima en su acción y sus resultados? ¿Y cómo se siente el pobre al ver el resultado de su acción electoral? ¿Y cómo se sienten los políticos? Los dos primeros ya lo hemos expresado. ¿Y los demás? Apenas ahora se inicia el “mea culpas”. Caracas, Noviembre de 2016. odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon



martes, 18 de octubre de 2016

La renta petrolera.
Por: Odoardo León-Ponte.
Los partidos políticos que ahora están en la oposición, cuando les tocó gobernar en la “cuarta”, manejaron los dineros provenientes del petróleo con el criterio de renta petrolera y siempre la culpa de que los reales no alcanzaran fue de alguien fuera del ámbito nacional, sin que se responsabilizara a nadie por las filtraciones de fondos hacia destinos improductivos. Se esperaba a que subiera el precio del petróleo para resolver y al hacerlo se iniciaba una bonanza económica: de otra forma se entraba en recesión. Era el sube y baja del rentismo basado en los ingresos dependientes precios del petróleo. En esta llamada “quinta” con la ilusión de que los precios llegarían a US$200 por barril, el enfoque de rentismo se llevó a los extremos y de convirtió al petróleo en la caja chica del gobierno de turno y en el proceso se dilapidó toda la fortuna que recibimos como resultado de los inmensos ingreso que recibió el gobierno. Ahora, con el inicio del fin de la bonanza del petróleo y como resultado de las acciones destructivas del gobierno que hemos tenido durante este siglo, nos encontramos sin renta petrolera de la que podamos disponer (ya casi que vendemos para cubrir los costos) y no tenemos ingresos producto de la tan cacareada “siembra del petróleo” que nunca hicimos. Hemos llegado a una situación de hambre y enfermedades que no se pueden curar, producto de la destrucción de nuestra economía “sembrada” por los gobernantes de turno durante este siglo.

¿Y cómo resolver la ecuación que se nos presenta de no tener con qué producir ni con qué importar? ¿Y cómo resolver la situación de no tener ahora renta petrolera ni las esperanzas de que la lleguemos a tener de nuevo? ¿Y cómo van a hacer los partidos políticos de la oposición cuando lleguen al poder si lo que saben y recuerdan (y lo que pueden haber aprendido los más jóvenes) es hacer lo que hemos hecho antes de y durante el período de gobierno de este siglo, sin saber qué hacer que sea distinto a los que hemos conocido y que ha redundado en la dilapidación de los ingresos generados durante los cien años de rentismo petrolero?

No es solo salir del infeliz gobierno que nos ha traumatizado la vida a las grandes mayorías; se trata de iniciar una nueva vida sin engaños (ni reuniones secretas) para encontrar y tomar una nueva ruta, al estilo de los que navegan por primera vez en aguas desconocidas, para asegurarle al conglomerado de nuestra gente un nuevo enfoque político basado en la verdad (aunque sea amarga): es iniciar la larga y pronunciada marcha hacia la búsqueda y el logro de una nueva forma de manejar la variables políticas y económicas, bajo nuevas reglas adecuadas a la nueva y triste realidad. No servirán los conceptos ni de la constitución del ‘61 ni de la de ’99. Ahora el juego es otro y requiere nuevas fórmulas que permitan regenerar el país de modo que podamos empezar de nuevo después de haber desperdiciado los cien años de rentismo petrolero, pero pensando que todo el trayecto recorrido durante la cuarta y la quinta está perdido.  Solo nos queda la voluntad democrática, pero ahora ya no habrá renta petrolera. Habrá que idear nuevas formas de generar la riqueza que vamos a necesitar para convertirnos en un nuevo país. Un país que permita llegar a lograr la libertad que se necesita para ser una verdadera democracia. Una pregunta: ¿Cómo hacen los países que no tienen renta petrolera? ¿Será que trabajan para labrar progreso y asegurar su futuro?
Caracas, Octubre de 2016.
odoardolp.blogspot.com
@oleopon


jueves, 28 de julio de 2016

Un nuevo enfoque sobre la industria de los hidrocarburos.
Por: Odoardo León-Ponte.
Hasta el presente, nuestros políticos han mantenido que el desarrollo de la industria de los hidrocarburos debe ser a través de empresas propiedad del estado o en las que el estado tenga mayoría. Para ello lo limitó mientras estuvo en manos de las empresas extranjeras y cuando estuvo en manos de Pdvsa Siglo XX no tuvo los fondos ni la capacidad necesarios, por lo que hubo que abrirla de nuevo a la inversión extranjera y, luego, cuando se pensó que tendríamos los fondos, se la limitó a través de una obligatoria participación mayoritaria del estado, excepción hecha del gas que puede ser desarrollado por el capital privado, pero cuyo desarrollo, en la práctica, está muerto. Es un corto resumen de nuestra historia petrolera. Pero veamos cuál es nuestra nueva realidad.

Para que la explotación de los hidrocarburos sea exitosa se necesitan varias cosas: 1. Dinero en grandes cantidades (que no tenemos ni tendremos), 2. Recursos humanos calificados (que no tenemos: Chávez botó a 22.000 y después se han ido 10.000 más y que no regresarán), 3. Tecnología (que no tenemos), 4. Seguridad jurídica (que no tenemos y sobre cuya oferta habrá que convencer para que vengan), 5. Un enfoque político constructivo distinto al que hasta ahora hemos propugnado, bajo la idea falsa mantenida hasta ahora, de que para que haya progreso y tengamos la “seguridad nacional” necesaria en materia de hidrocarburos, el estado debe ser propietario de y realizar la actividad, 6. El manejo de la actividad con criterios referidos únicamente al resultado comercial y al pago de los impuestos producto de la explotación de los recursos, 7. Que los operadores sean quienes se ocupen del desarrollo y de la comercialización de los productos derivados de ese desarrollo, 8. Que una institución con poder, calificada técnicamente, separada del ejecutivo y con libertad de acción, se ocupe de supervisar la actividad desarrollada por los inversionistas privados (adicionalmente contribuirá a reducir la corrupción), 9. Que no haya empresas propiedad del estado que se ocupen de la actividad de los hidrocarburos (recordemos a la CVP en el Siglo XX, a la constreñida Pdvsa Siglo XX y la actual triste, incapaz e inefectiva Pdvsa Siglo XXI) y 10. Que los inversionistas sean particulares y no empresas estatales para separar lo político de lo comercial.

Sobre el dinero (1) no hay ni que hablar. Se requerirá “todo el dinero del mundo” para reparar y actualizar las instalaciones existentes (cuya dimensión no conocemos) y para desarrollar la industria (inestimable al abrir) en cuanto a nuevos desarrollos e  instalaciones. Los recursos humanos (2) necesarios solo los podrán pagar los inversionistas privados (recordemos las críticas y sus consecuentes efectos sobre la remuneración de los ejecutivos de Pdvsa que “ganaban más que el Ministro”). Además, los que se fueron están ya instalados en sus nuevas sedes de trabajo al igual que sus familiares y será difícil que piensen en regresar hasta que las cosas tomen una orientación segura (y luego será un poco tarde). La tecnología (3) no la tiene la pobre Pdvsa Siglo XXI y la que existe está en manos de particulares y tiene un costo alto. La seguridad jurídica (4) es precisamente uno de los aspectos claves y la lista que anotamos con sus componentes contribuye a ello. (No basta con decir que la Ley es clara: recordemos los hidrocarburos gaseosos que no se han desarrollado.) El enfoque político constructivo (5) es que el país controle la explotación de los recursos a través de sus instituciones y derive el beneficio (6) de los éxitos a través de los impuestos y no que las maneje directamente. Dejarle a las operadoras (7) el desarrollo de la actividad de desarrollo y los mecanismos de comercialización (recordemos la Mersifrica (Mercados, Silos y Frigoríficos)  de antaño y la tragedia de hoy en día). Se ha hablado del “Ente” para estos fines (8). El camino es claro pero debemos tener la entereza para tomarlo basándonos en que el pasado fue poco exitoso y el presente ha sido un inmenso fracaso.
Caracas, Agosto de 2016.
odoardolp.blogspot.com
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viernes, 22 de julio de 2016

La transición hacia la estatización del petróleo.
Por: Odoardo León-Ponte.
Desde el derrocamiento de Medina y a excepción de la etapa de Pérez Jiménez, la actitud de los gobiernos de turno fue, permanentemente, una de reto a las multinacionales, a los Estados Unidos como causante de las desdichas del petróleo venezolano y por ende del país y de la búsqueda de una imposible independencia unilateral de acción en cuanto a la suerte de nuestro petróleo. También fue una época de búsqueda de poder para la unilateral orientación de las acciones en materia de petróleo, pensando en la OPEP como cartel de apoyo para combatir los precios bajos y apuntalar la capacidad de acción unilateral frente a los Estados Unidos con sus problemas energéticos. Todo ello dentro de una situación de permanente escasez de fondos de los gobiernos de turno debida a la insuficiencia de los recursos generados por el petróleo, única fuente de ingresos, para generar todos los fondos eternamente insuficientes requeridos para las necesidades  económicas y políticas de los gobiernos de turno. Durante todo ese período se escogió la ruta de “no más concesiones” (apoyada por el CIV, por Diputados y por el Frente Nacional Pro Defensa del Petróleo), de la estatización, inicialmente a través de la inviable gestión de la CVP, a la que se le entregaron gratuitamente todos los crecimientos potenciales de la actividad petrolera y petroquímica en el país con permanente poco o ningún éxito. Posteriormente se intentaron los contratos de servicios que terminaron en fracaso y luego se echó en saco roto todo el período pro CVP y se creó Pdvsa en 1976. Desde el año 45, excluyendo el período de Pérez Jiménez, se negó el crecimiento a futuro de la industria petrolera al determinar que no habría más concesiones.

¿Cuáles fueron los resultados de ese periplo “nacionalista”? Se pospuso toda la inversión posible en materia petrolera para expandir la producción durante un período de 21 años. Tan solo se invirtió en las refinerías producto de la Ley de Hidrocarburos (Amuay, Cardón, Puerto La Cruz, etc.)  y en las plantas desulfuradoras de Amuay y Cardón y se permitió el aumento de la producción con la máxima explotación posible de los yacimientos de crudo existentes, pero sin la incorporación de potencial productivo adicional. Incluso; durante ese período se llegó a cerrar producción, se redujeron por primera vez las reservas probadas y las cuadrillas de geología de superficie y por primera vez se el volumen de producción acumulada llegó en un año a ser mayor que las reservas probadas.  Cierto que en ocasiones se habló como nuevas fórmulas, pero sin continuidad ni materialización, como eran los contratos de servicio y las empresas mixtas al lado de la CVP: pero en final de cuentas todo fue palabrería. Se llegó a negar la exploración y oferta de activación por parte de Shell y Creole de la Faja (Bituminosa) del Orinoco y en su lugar se la cedió a CVP; es decir se la incluyó en el saco permanentemente improductivo de la CVP, especie de reserva estratégica permanente para “conservar” las actividades que hubiera sido posible desarrollar a través de las operadoras existentes en el país, en un período largo durante el cual escasearon los fondos y fue necesario imponer los controles de cambio anteriores al del chavismo. Y, para hacer más difícil la situación, se aumentaron continuamente los impuestos a las petroleras hasta el punto de fijar valores fiscales de exportación (VFE) para fines impositivos, que excedían los valores reales de exportación. Se fueron acumulando todos los retrasos propios de la situación enunciada anteriormente en materia de exploración, producción, transporte, refinación, mercado interno, investigación y conocimientos técnicos y de mercadeo, lo que hizo necesario que Pdvsa, con fondos del estado, desarrollara la actualización de la situación de las instalaciones y comenzara a mirar hacia el futuro. Pero Pdvsa Siglo XX nunca se llegó al nivel de producción máximo anterior a la estatización y en un vuelvan caras después de un lapso largo y costoso se abrió de nuevo la actividad petrolera a la inversión extranjera, actividad que, en retrospecto y a fin de cuentas, nunca se debió cerrar. Juzgue usted ésta nuestra real y verdadera historia petrolera en el siglo pasado. Caracas, Agosto de 2016. odoardolp@gmail.com odoadolp.blogspot.com @oleopon


martes, 19 de julio de 2016

Las circunstancias de Pdvsa y el petróleo.
Por: Odoardo León-Ponte.
Pdvsa como operadora en el Siglo XXI ha sido un estrepitoso fracaso. Merma en la producción en cantidades enormes, inmensa deuda formal en bonos y con los suplidores de insumos y servicios y con los contratistas a los que no tiene cómo pagarles sus servicios; deuda real por todas las empresas de servicio a las que expropió y un enorme monto por el pago de las prestaciones sociales por despido  y de los fondos de ahorro cuyos haberes secuestró al botar a la mitad superior de su plantel de recursos humanos con un pito en plaza pública. A esas cantidades habría que agregar lo relativo a los intereses de mora por el retraso en el pago, más lo que corresponda por daños. Más las deudas por las sentencias de los tribunales de arbitraje internacionales por todas las tomas de empresas en el sector petrolero. Las deudas antes anotadas son verdaderas e impagables y ello, entre otras cosas hace que Pdvsa Siglo XXI sea inviable y que resulte igualmente una quimera pensar en la actividad petrolera en términos de Pdvsa Siglo XXI y sus filiales como parte de la proyección a futuro de nuestra industria petrolera. El chavismo, en la práctica, se ha encargado de borrarla del mapa como opción viable. Esto hace necesaria una reconsideración total sobre cómo enfocar la actividad petrolera a futuro en Venezuela. Pero cualquiera que sea la respuesta eventual, se requiere un vuelco inmenso en el enfoque de nuestros políticos. Sobre este tema ya hemos emitido opinión en varias de nuestras contribuciones en el pasado.

¿De qué se trata? La era del petróleo está llegando a su fin y como parte de ello también ha  llegado a su fin la posibilidad de que nuestro país siga siendo rentista del petróleo. Las nuevas realidades hacen que nuestra producción potencial ya no pueda pasar del orden de los tres millones de barriles diarios. El consumo interno seguirá aumentando por el crecimiento poblacional y los expertos en energía estiman que nuestro enfoque debe estar más bien orientado a que nuestra producción sirva para proveer las necesidades de consumo de nuestro crecimiento industrial, que significaría una ventaja relativa para nosotros.  Se requeriría un enfoque orientado al mercado interno para proveer sus necesidades de consumo por su crecimiento, más que uno orientado, como ha sido hasta ahora, a los requerimientos de exportación y además, requeriría que se crearan actividades generadoras de riqueza alternas a la del petróleo.

¿Cuáles actividades podrían desarrollarse para generar riqueza desde fuentes distintas al petróleo? Siempre han estado allí, pero las pautas generadas por los gobiernos de turno, exacerbadas en este siglo por el chavismo, han sido del tipo intervencionista y a excepción del Pacto Andino, aislacionistas. No tenemos sino que ver a nuestro alrededor en Latino América para encontrar situaciones de progreso sin que haya una fuente de petróleo, lo que los ha llevado a desarrollar las alternativas: Perú trabaja para llegar a ser uno de los principales suplidores de productos agrícolas del mundo. Otros promueven el sector turístico. En fin, tenemos todos los recursos necesarios para desarrollar un nuevo país, que explote para beneficio de nuestra gente  (positivamente) los recursos de los cuales ha sido dotado.

¿Cuál es la clave? Cambiar el enfoque de nuestros gobernantes y líderes políticos para diseñar una nueva estrategia que traiga nuevas políticas basadas en un enfoque liberal que atraiga a la inversión privada y la deje trabajar para que el país crezca y se convierta en un portento de desarrollo y crecimiento y, con él, llegue el Desarrollo Humano tan ansiado por todos y tan lejano e inconstante. Y este es el momento de aprovechar las circunstancias para cambiar el rumbo ya que no tenemos alternativa y todavía tenemos una buena producción de petróleo.
Caracas, Julio de 2016. odoardolp@gmail.com Odoardolp.blogspot.com @oleopon 



lunes, 11 de julio de 2016

El proceso que viene.
Por: Odoardo León-Ponte.
El país ha llegado a circunstancias inconcebibles. Más aún; si consideramos el montón de dólares recibidos en 100 años de petróleo, es difícil asimilar o entender cómo ha sido posible que hayamos podido llegar a donde estamos. Es que hemos botado todos nuestros ingresos y desperdiciado toda la riqueza producida e irrecuperable y,  hoy, prácticamente, no tenemos manera de producir para recuperar los cien años perdidos y mucho menos, petróleo para “sembrar”. Los tiempos que se avecinan requerirán nuevos enfoques reñidos con los de la “cuarta” y la “quinta” que a fin de cuenta, en su sumatoria, nos han llevado al déficit que ahora nos embarga. Se requerirán acciones económicas basadas en un enfoque político de primer mundo: ese es nuestro reto. Analicemos algunos rasgos de lo que ha sido nuestra acción política, en el entendido que los resultados en su conjunto no nos trajeron nunca un progreso contínuo deseado y posible.

La “cuarta” fue un sube y baja enmarcado en un tobogán, lleno de acciones y resultados discontínuos y con controles de cambio cíclicos (uno de los signos infalibles del  fracaso económico) ligado a la dependencia del precio del petróleo y sus vaivenes: señal de que nunca logramos en la cuarta desligarnos de las circunstancias del petróleo a pesar de las “siembras”; luego fue un período “rentista”. Es decir: no logramos desarrollar fuentes alternas de fondos para el estado, a pesar de que ya habíamos tomado para el manejo por parte del estado todos los medios de producción necesarios para la “seguridad” de la nación desde el punto político y económico. Pero no habíamos desarrollado otros sectores de la economía. La excusa siempre fue la de la insuficiencia de los precios del petróleo, producto de los “ataques” desde el exterior de que habíamos sido objeto.  Y los errores de la cuarta le abrieron las puertas a la “quinta”.

La “quinta” la conocemos y la hemos vivido en carne propia: una tragédia  nacional de hambre y muerte. Para muchos la “cuarta” es materia de libros y no de vivencia, pero es esencial que no olvidemos los errores cometidos y, sobre todo, que no olvidemos que nuestras penurias comenzaron con la nacionalización de las industrias básicas en 1976, el petróleo y Guayana. El tobogán que allí comenzó nos llevó al segundo gobierno de un Caldera a finales de su vida y la incorporación política del chavismo: de la incorporación de las acciones económicas reñidas con el progreso y abridoras de la incorporación definitiva del lumpen político y de los militares al poder total, con el consecuente olvido de todas las bases morales y éticas como habitualmente sucede con un gobierno tutelar.

¿Qué requerimos? Primero: que nada entender que el regreso al pasado no es la solución y por tanto debemos mirar hacia atrás solo para constatar los errores cometidos y asimilar que ellos le abrieron la puerta a lo que hoy vivimos. Segundo: que el período actual comenzó con una constitución diseñada para lo que se ha hecho desde 1999 y que no nos servirá para lo que necesitamos (progreso y más progreso; desarrollo humano y más desarrollo humano). Tercero: que el retrovisor sirve solamente para ver si es posible cambiar de canal y que esos es lo que debemos hacer. Cuarto: que los conceptos de la cuarta no son una buena referencia aunque sea lo único que conocemos que pueda ser mejor que lo actual, y que, en realidad pudo ser muy bueno pero fue malo. Quinto: que lo que necesitamos es un cambio total en nuestro enfoque de país ya que ahora somos ex rentistas que necesitamos ayuda social. Sexto: que el único camino que queremos es aquel que nos lleve al progreso: que nos lleve a la felicidad y a la paz.
Caracas, Julio de 2016.

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