martes, 14 de octubre de 2014

El petróleo: la herencia


El petróleo: la herencia.

Por: Odoardo León-Ponte.

Cuando estatizaron la actividad petrolera, una de las primeras tareas que hubo que acometer fue la relativa a la reestructuración de la actividad ya que la gama de empresas que heredó el gobierno de turno variaba según de cual empresa se tratara. La actividad general cubría exploración (manejada con exclusividad por CVP en respuesta a la política de no más concesiones), producción, transporte, refinación, comercialización internacional de crudo y productos y la atención al mercado interno, aparte de la formación de recursos humanos, la investigación, la contratación de obras y la adquisición de materiales y equipos. De ellas, la investigación, la formación de recursos humanos y la comercialización de crudos y productos no estaban totalmente en manos de todas las empresas existentes en el país. Para ello y en forma un tanto apresurada en razón de la decisión política de estatizar, se tomaron decisiones casi instantáneas para resolver sorpresas y apoyar a la industria estatizada en sus deficiencias para no interrumpir el ritmo y flujo normales de la actividad, para lo cual se firmaron los contratos de asistencia técnica que cubrían principalmente lo relativo a comercialización, compras y tecnología: se compró tiempo para aprender y actualizarnos. Los herederos de los conocimientos de algunas de las empresas antecesoras tenían calificaciones en la materia pero la mayoría no y Pdvsa menos: ocupaba un piso en las oficinas de la Creole en Los Chaguaramos. Enorme tarea que había por delante y que fue resuelta por los petroleros.   

 

Comenzó la adaptación a la nueva realidad del conglomerado de empresas traspasado a Pdvsa como producto de la estatización gigantes y enanos que en sus distintas dimensiones tenían los conocimientos necesarios para atender a lo que tenían bajo su responsabilidad. Las más grandes, Lagoven (ex Creole) y Maraven (ex Shell) tenían una estructura amplia que manejaba casi todos los renglones permitidos por el gobierno de turno por ser las empresas más grandes en el mundo de sus respectivos grupos, Exxon y Shell. Las otras solo manejaban producción y transporte de crudo, refinación y poco o nada de lo relativo a comercialización, compras (excepto las nacionales) y  contratación de obras mayores e investigación

 

La actividad se fue racionalizando para reducir el número de empresas y hacer más eficiente el manejo de la actividad: comenzó la desaparición de las mini empresas en primera instancia y luego la fusión de las más grandes hasta llegar a tres: Lagoven, Maraven y Corpoven. Más adelante se eliminarían las filiales Lagoven y Maraven, se dejaría a Corpoven para otro rol y Pdvsa Siglo XX, equivocadamente, asumiría directamente todas las funciones de la actividad petrolera. Estaba servida la mesa para lo que siempre se anticipó y que en el Siglo XXI se convertiría en realidad: la politización absoluta de la actividad en función de la permanencia en el poder.

 

Pdvsa Siglo XXI se convirtió en el instrumento de la política petrolera en función de la influencia regional y para la estructura de gobierno paralela a la existente, con el objeto de, aparentemente, hacer lo que no hacía la estructura existente, pero que en el fondo tenía como fin ulterior el manejo de los fondos provenientes del petróleo, en una inmensidad hasta ese entonces desconocida, con la más absoluta discrecionalidad y dentro de esquemas fuera de todo control, sin que hubiera interferencia alguna en su asignación para todas las causas posibles para servir a las necesidades de la parcialidad política de turno. Eso, mientras alcanzaron los reales malversados. Y ahora paga la gente con la escasez, la inseguridad, la falta de todo y principalmente de los elementos de la calidad de vida. Botamos la herencia de un esfuerzo de toda la vida.

Octubre de 2014.

odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon  

miércoles, 8 de octubre de 2014

El petróleo y sus banderas


El petróleo y sus banderas.

Por: Odoardo León-Ponte.

Nuestra bandera de las siete estrellas, modificada por capricho, realmente debía contener una cabria de perforación desde que salimos del oscurantismo y convertimos al petróleo en nuestra verdadera bandera política. Aparte del color un tercio rojo que lleva, siempre ha apoyado una acción política con distintos tonos de rosado que han ido hasta el más intenso rojo grana de estos últimos tiempos del supuesto socialismo del XXI.

 

Los gobernantes provenientes de los distinto partidos políticos que estos aparecieron en el firmamento nacional, parecería que nunca supieron cómo llevar a cabo y venderle a la gente una acción de progreso verdadero; de Desarrollo Humano basado en las necesidades reales de la gente y en el camino se fueron copiando esquemas ajenos inaplicables a un pueblo sub desarrollado como el nuestro con sus características, necesidades y deseos. Esa incapacidad los llevó a copiar fórmulas ajenas a las verdaderamente representativas de las necesidades de nuestra gente  y a enfrascarse en adaptar conformaciones ideológicas de moda en cada época, pero que en el tiempo se convirtieron en ilusión y en el presente conforman una realidad inaceptable, por obsoleta y fracasada en la práctica,  para el común de los mortales.  Así se han desperdiciado en estos cien años las opciones creativas y originales que nos hubieran podido dar el desarrollo ansiado por toda la comunidad. En su lugar, todavía pensamos en reforma agraria.

 

Bien fuera por falta de originalidad o de capacidad, nuestros partidos originarios fueron rojizos y en la transición y en el tiempo, aunque en muchos casos adoptaron los esquemas político-sociales del momento de que se tratara, eventualmente se convirtieron en partidos que buscaban su permanencia como instituciones o como fuentes de poder para sus dirigentes, pero sin lograr desarrollar procedimientos que permitieran conjugar de forma permanente el beneficio para la gente con su gestión política. Incluso, algunos dirigentes llegaron a convertirse en la antítesis del aquello que habían ayudado a crear, con la idealización de su propia imagen y deseo político de figuración. Y en todo este trámite fue el petróleo que, como bandera, se convirtió, en cuanto a su manejo, en la base para la acción política y la atracción del electorado, hasta que se agotó el modelo y surgió la mentira basada en la venta de una ilusión que nos ha llevado a desandar lo hecho a través de un esfuerzo que en algunos momentos fue proveedor de progreso y desarrollo.

 

Las promesas no cumplidas de un liderazgo con ansias de interminable permanencia que no tuvo la inteligencia de renovarse sino por muerte (a pesar del ejemplo que en su momento dio Rómulo Betancourt) y que insistió en permanecer y repetir, terminó por acabar con lo poco de institucionalidad que llegamos a desarrollar en los prometedores inicios políticos de democracia, terminando en la clara aspiración de permanencia de los mismos para el disfrute personal, ya que, a todas luces, no parece haber existido un camino trazado en base a una institucionalidad bien arraigada que a su vez orientara la gestión política basada en la determinación de las necesidades de la gente y no en las permanentes necesidades de subsistencia personal de los representantes de los viejos partidos políticos enquistados en los mismos planteamientos carentes de nuevos enfoques y que, por falta de atractivo electoral y producto de sus acciones en el pasado, han llevado al desencadenamiento del uso de los recursos del gobierno y sus instituciones en función de las necesidades de subsistencia de los líderes políticos y a la copia de esquemas que tan solo permanecen y reinan en las más tristes realidades humanas de nuestro hemisferio, contando sin razón con el apoyo desnudo de muchos gobiernos que comulgan con las ideas que inefablemente llevan hacia el punto en que nos encontramos.

Octubre de 2014. odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon     

  

        

martes, 30 de septiembre de 2014

Petróleo y ascemso social


Petróleo y ascenso social.

Por: Odoardo León-Ponte.

Al igual que en “Le Rouge et le Noir” que planteaba en esa época la posibilidad del ascenso social a través de la Iglesia y las armas, en nuestro país también han existido diversas maneras de ascender que, con la excepción de la herencia de riqueza, han sido a través de la educación formal unida al trabajo y al esfuerzo, la participación en los partidos políticos, la asociación con el estado petrolero todopoderoso en la ejecución de obras y contratos, la obtención de créditos subsidiados provenientes de estado, la obtención de ventajas asociadas al poder del estado con carácter de lo que hoy en día se ha dado en llamar “enchufado” o la combinación de esas alternativas siempre que fueren posibles, dependientes directamente de la suerte del petróleo, incluyendo todas ellas un ingrediente importante, subyacente y creciente de corrupción, desde mucho antes de que apareciera el petróleo.

 

Ciertamente que la suerte del país ha dependido del petróleo desde hace cien años, habiendo jugado con él los distintos gobiernos, más para beneficio de sus causas políticas que las de la gente y sus necesidades. El petróleo ha sido utilizado con fines políticos en preferencia a otras acciones que hubieran beneficiado a la gente y al crecimiento del país, convirtiéndolo en última instancia en un corrupto juego de financiamiento de causas personales y políticas a expensas de quienes no estuvieren comprometidos con la ideología reinante, desmembrando la estructura existente y perfectible del estado y los conceptos de ética, moral y comportamiento ciudadano dentro de la sociedad, incorporando una permisividad que hace inviable cualquier concepto de mesura en el comportamiento ciudadano y en la acción de las autoridades y conduciendo cada día más a una anarquía que hace igualmente inviable la acción de las autoridades legal y legítimamente constituidas. (Se siguen renovando los rayados de los pasos peatonales para que nadie los honre).

 

Las circunstancias en su totalidad hacen que hoy en día los únicos que pueden tener ascenso social en el país en términos de ingresos, sin que ello vaya aunado a una mejoría en la calidad de vida que cada día es peor, son quienes estén logrando mayores ingresos solo posibles para aquellos afinados con el gobierno. Así, quienes han acumulado algún patrimonio o quienes no tienen o rechazan el acceso a la corriente productiva de “enchufado”, buscan una salida tratando de ubicarse en otras latitudes buscando el oxigeno de futuro, usando para ello sus calificaciones educativas o su disposición a correr el riesgo de irse en busca de una vida que, aunque llena de vicisitudes, pueda conllevar algún futuro promisor basado las calificaciones personales y en el esfuerzo.

 

Aquí, el petróleo ya no da más para lo que ha sido utilizado políticamente y las circunstancias de vida de los habitantes del país prometen a ciencia cierta un futuro empedrado en cuanto al mejoramiento de la calidad de vida. Las circunstancias de no conseguir empleo, de no disponer de opciones en cuanto a modos de vida, la escasez de servicios en materia médica, la inseguridad personal reinante y la escasez en los rubros más elementales necesarios para una vida aunque sea aturdida, hacen que nuestro país inmensamente dotado de recursos petroleros con un gobierno como el que ha tenido en este siglo de tristeza, haya obligado a todos los que han podido o han querido afrontar el riesgo, a buscar su ascenso social y la calidad de vida, el futuro, en otra parte. El petróleo, manejado por los políticos para fines electoreros ya no puede seguir siendo instrumento para engañar a quienes tienen la capacidad de pensar. Es triste e inseguro el futuro de quienes no se puedan ir.

Septiembre de 2014.

odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon

jueves, 25 de septiembre de 2014

Petróleo, petróleo, petróleo.


Petróleo, petróleo, petróleo.

Por: Odoardo León-Ponte.

El petróleo ha sido la excusa, el culpable y el objetivo político de todas las acciones de los partidos políticos y sus gobiernos en nuestro devenir de los últimos cien años. Zumaque nos convirtió en el país que pudimos ser, cuando los ojos del mundo desarrollado convergieron en nuestro pobre y aislado país y por su intermedio iniciamos nuestra incorporación a la modernidad. Los miembros de los de países desarrollados vinieron a incorporar sus modos de vida desconocidos para nuestras grandes mayorías, pero que, en vez de convertirse en el objetivo a lograr se convirtió en objeto de envidia para los que no estaban dentro del sector. Se veían las condiciones del mundo desarrollado que traían las petroleras como pecado y no como lo que debía ser nuestra aspiración a un mejor modo de vida y nuevas maneras a emular. No queríamos entender que quienes venían de ese mundo desarrollado no podían vivir en las condiciones las depauperadas comunidades que eran, entre otras, Lagunillas y la Costa Oriental del Lago: caseríos de ranchos.

 

Comenzó la pugna. En vez de tener a las petroleras como un ejemplo de lo que deberíamos ser, se las identificó, equivocadamente, como enemigo y se las usó como pivote para lograr figuración y proselitismo político: se las identificó como adversario político y no como la institución gracias a la cual habíamos comenzado a salir del oscurantismo. Lógico. Teniendo ellas una capacidad que las hacía indispensables y siendo nosotros un país recién “civilizado”, existían actitudes y prácticas que dejaban qué desear y que se debían también a nuestra incapacidad para controlarlas. A esto último comenzó a dedicarse el gobierno como parte de la modernización del país. Pero antes que optar por una actitud de respeto mutuo, comenzó el gobierno a  responsabilizar a las empresas por los males del país, resultado de nuestras acciones y debidas a las circunstancias de un mundo que no podíamos controlar y que nos afectaba y no nos permitía hacer lo que nuestros gobernantes querían pero estaban incapacitados para lograr.

 

Como era obligatorio a la luz de esa mentalidad, comenzó la creación de los procedimientos para el manejo de la relación y su limitación por la ideología política de moda, más la incapacidad de tomar las decisiones que más convenían y que nos hubieran llevado a convertirnos en un estado petrolero en constante superación si nos asociábamos a las petroleras, resultó en acciones para limitar el desarrollo y crecimiento de la actividad basándonos en la necesidad de “dominar” el petróleo, condenándolo a su reducción y deterioro y a la estatización. Sabemos lo que le costó a Pdvsa Siglo XX restituir a la industria a sus antiguos niveles, producto de esa insistencia en “dominar”, para caer de nuevo en el uso de la inversión privada como tabla de salvación, a pesar de que a través del tiempo las habíamos calificado de sustituibles e indeseables. Sin embargo, fue un paso al frente, un “vuelvan caras” que produjo un viraje positivo aunque breve.

 

El daño causado al manejar el petróleo como arma política y no de Desarrollo Humano y, consecuentemente, sin beneficio continuado y creciente para la gente, unido a la realidad circunstancial de altos precios petroleros que nos ilusionaron como si fuera seguro de vida para una supuesta riqueza indefinida en el tiempo que permitiría la creación de un hombre nuevo, nos han retrotraído a la depauperada calidad de vida de las etapas superadas de Lagunillas y la Costa Oriental del Lago. Esta nueva realidad, retorcida por la exacerbación del enfoque político “nacionalista” que ha sido subyacente, disimuladamente nos ha guiado en el tiempo hacia la tormenta perfecta y permanente, que ahora se convierte en tragedia nacional de inflación, escasez, inseguridad, ínfima calidad de vida, deterioro del país e hipoteca del futuro que será muy difícil remediar. Ahora somos lo que nunca fuimos: emigrantes. Las perspectivas: insoportables.

Agosto de 2014. odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon                      

martes, 16 de septiembre de 2014

Petróleo e inconsistencias


Petróleo e inconsistencias.

Por: Odoardo León-Ponte.

Si comparamos los ofrecimientos y las realidades, nuestros gobiernos han sido inconsistentes. Los ofrecimientos han sido como para que fuéramos los reyes del mundo moderno. La realidad en el tiempo es que hemos ido bajando en un tobogán sin fin; una inconsistencia entre la oferta y los resultados. Durante los cien años en los que hemos sido un país petrolero la oferta permanente de nuestros gobernantes ha sido paradisíaca. Quizás pudiéramos resumir la oferta como aquella orientada a garantizar que, con el producto de la explotación del petróleo, nos convertiríamos en un país moderno y progresista, competitivo y a nivel de los más avanzados del mundo. Loable e incuestionable ilusión.

 

En el camino se nos fueron subiendo los humos, sobre todo al iniciar y después de reiniciar la etapa democrática. Los únicos períodos en los que verdaderamente dimos un salto al futuro fueron el de la salida del gomecismo y el de la década de Pérez Jiménez (cierto que a expensas de la democracia) y antes y después de este último tuvimos un período gris de escaso progreso como país petrolero debido a las ideologías políticas que tomaron arraigo en la dirigencia de los partidos y que reinaron y fueron haciendo que el mercadeo de la acción política las hicieran ver como las más convenientes para el país y su gente. No siendo el nuestro un país moderno ni consolidado en sus instituciones y acciones y con un pueblo carente de cultura y de identidad propia, nutrido de las creencias que le había impuesto ese mercadeo de ideologías políticas, nuestros dirigentes políticos y los intelectuales de la época, procedieron a castigar al petróleo y todo lo relacionado con él como el gran causante de las deficiencias, tanto de la capacidad del estado para actuar en beneficio del pueblo, como de la falta de los ingresos necesarios para desarrollar a la gente y al país. Con ese cuento, los dirigentes de los partidos políticos prefirieron frenar el desarrollo petrolero y el consecuente aumento de los ingresos y el posible consecuente desarrollo y animaron a la gente, en su ignorancia, a creer en y defender las acciones basadas en postulados que supuestamente deberían beneficiar al país y su gente, cuando sucedía todo lo contrario: estábamos degollando la gallina de los huevos de oro. Las acciones de los gobernantes y los resultados así lo confirmaban.

 

Antes de la estatización del petróleo la inflación era mínima. Con la estatización se inició la inflación desmesurada que ha fluctuado incrementalmente y ha llegado a cifras de 100% interanual y que en camino a ese viejo objetivo, más recientemente se ha unido a la escasez, la inseguridad y todos los horrores de un país fuera del control del estado dentro de una política de estado que parece responde al concepto de “laisser mourir” en referencia todo lo que existe que sea necesario para tener una mejor calidad de vida. Dejar morir la disponibilidad de servicios médicos, de educación, de seguridad, de infraestructura, de derecho y defensa ciudadana, del derecho a la alimentación y a la vida de progreso. Es decir “laisser mourir” los derechos de un pueblo a ser poseedor, cada día, de un mayor nivel de Desarrollo Humano en beneficio de todos y para todos.

 

Con notorios paréntesis, hemos sido un país de dirigencia inconsistente con lo que debieron ser, son y seguirán siendo los objetivos, políticas y estrategias necesarias para convertirnos eventualmente en un país desarrollado. Se ha preferido buscar el poder político a expensas del Desarrollo Humano de la gente y, por ende, del país.

Septiembre de 2014.


odoardolp.blogspot.com @oleopon

 

martes, 9 de septiembre de 2014

El petróleo y los equivocados


El petróleo y los equivocados.

Por: Odoardo León-Ponte.

Un análisis  de los resultados nos indica que en materia petrolera hemos estado equivocados. Hemos estado equivocados al pensar, a fin de cuentas, que nuestros gobiernos tuvieron y tienen la capacidad de manejar como propietario y gerente, eficiente y honestamente, nuestros recursos naturales, incluyendo el petróleo. Hemos estado equivocados olvidando que hemos sido y seguimos siendo un país cada día más subdesarrollado y que, como tal, nunca hemos tenido la fortaleza de organización del estado ni la constancia de propósito y de esfuerzo necesarias para tomar acciones que nos hubieran permitido transitar en camino para convertirnos en un país desarrollado. Por el contrario, en nuestra trayectoria de cien años de petróleo hemos perdido hasta lo que nos distinguió en el pasado: ser cuna de la libertad y la democracia.

 

La equivocación parte de que nunca hemos hecho un examen de conciencia y, por lo tanto, nunca hemos reconocido nuestras deficiencias y debilidades, ni nuestras incapacidades. (Se pregunta uno si esto ha sido “ex profeso”) Siempre nos hemos creído capaces de todo y lo hemos sido, pero con resultados negativos; prueba de que no lo hemos sido. Y en el proceso, con las excusas del gobierno de turno, hemos olvidado a quienes debieron ser los verdaderos objetos del desarrollo: a la gente, a quienes hemos usado para fines de prevalencia política, valiéndonos de todo género de promociones: social democracia, nuevo ideal nacional, democracia cristiana, socialismo, el hombre nuevo, comunismo y pare de contar. Siempre aprovechando la credulidad producto de la ignorancia, sin que en el fondo hayamos pensado verdaderamente en desarrollar a la gente y, a través de ella, al país.

 

Nuestra acción en petróleo, supuestamente basada en la necesidad de invertirlo o repartirlo equitativamente, dependiendo del cuándo, nunca abrió las puertas para que su desarrollo pudiera crecer en concordancia con los requerimientos y el derecho de la gente. De una u otra forma, las acciones en materia petrolera nunca han permitido el verdadero crecimiento continuado del país, solo han significado el uso del recurso petrolero para fines primordialmente políticos de poder. Nunca se le consultó al país si estaba de acuerdo con la restricción de la producción, sino que siempre se  dijo que le convenía para combatir las acciones que siempre ha tomado o ha querido tomar un tercero culpable (generalmente el capital y el imperialismo extranjero y venezolano), y esas acciones restrictivas de parte de los gobiernos de turno nos han paseado por los caminos de la inflación, la insuficiencia, los “viernes negros”, la irrealidad de grandes planes y, finalmente, este momento olímpicamente traumatizante que augura cada vez peores momentos a medida que transcurre el tiempo. Mientras hubo dinero, no lo supimos manejar para beneficio de la gente; cuando pudo haberlo porque éramos los reyes del petróleo, impedimos que se desarrollara en su verdadero potencial y luego, con el equivocado razonamiento de que debíamos manejarlo expresamente, lo estatizamos. Así han pasado los años mientras hacíamos el juego de que las acciones de los gobiernos eran para lograr que el petróleo generara más fondos y más desarrollo cuando, debido a nuestra propia acción, ese no ha sido el resultado. Finalmente, y con la pérdida total de todo rasgo de honra en la acción, hemos desembocado en un país cuya insuficiencia ya no es solo en materia de petróleo sino de todo lo necesario para serlo. La pregunta: ¿cuándo y cómo nos daremos cuenta de que cien años después de la aparición del petróleo estamos pero de lo que estábamos cuando lo encontramos? ¿Y cómo saldremos del atolladero? ¿Con el mismo cuento? ¿O escribiremos un cuento nuevo?

Agosto de 2014.


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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Los petroleros


Los petroleros.

Por: Odoardo León-Ponte.

En materia petrolera se dieron concesiones, se determinó que no habría más concesiones, se inició la estatización con la CVP y finalmente se estatizó la actividad. Todas estas acciones fueron producto de la decisión del gobierno de turno. Las concesiones nos convirtieron en un país petrolero de la máxima dimensión con la inversión y la gerencia extranjeras sin las cuales no hubiera sido posible. Luego, con el paréntesis de Pérez Jiménez, comenzó la intervención del gobierno para impedir la inversión de las empresas extranjeras que tenían los fondos: corrían los años ’40. Después de Pérez Jiménez se reanudó la ideología de seguir “controlando” a las “compañías” y comenzó el experimento político de la CVP con pocos resultados positivos (el gobierno no tenía dinero para invertir en petróleo; lo tenían las multinacionales como se vería más adelante). La creencia de ser un país desarrollado cuando en realidad éramos un país nuevo rico con aspiraciones ilusorias y desmedidas, nos llevó a estatizar una serie de industrias incluyendo la petrolera, bajo el criterio de que era necesario “dominar” nuestras “industrias básicas”. Los políticos convertidos en expertos y en dirigentes entre otras cosas las petroleras, marcaban el paso de las normas para la actividad petrolera. Así se fue minando el progreso del país que dependía mayoritariamente del rumbo que le trazaran los políticos a ese petróleo y comenzó la caída de la producción en perjuicio de la gente, pero con beneficio electoral para los políticos montados en el sube y baja.

 

Los petroleros, es decir, los que trabajaban en la industria privada representaban los mejor de la actividad en el mundo: Creole y Shell en Venezuela eran las empresas más grandes de esos dos gigantes y de ellas salieron grandes gerentes, venezolanos y extranjeros, que ocuparon las más altas posiciones en sus respectivos grupos internacionales. Las tecnologías desarrolladas en el país se exportaron al mundo en general y, en el intercambio, se trajeron al país otros avances logrados en el mundo. Entretanto, el personal venezolano se formaba y paulatinamente tomaba las riendas gerenciales de la actividad y las empresas seguían operando: produciendo, refinando y vendiendo lo que le permitía el gobierno, a pesar de las ingentes necesidades del país. Finalmente, los políticos convencieron a los círculos influyentes de las bondades de la estatización de la actividad petrolera y se creó Pdvsa Siglo XX. Habiendo llegado ya hace tiempo el momento que se presentía y se disimulaba, de no tener o no permitir tener dinero para desarrollar la actividad y para darle a la gente su parte en términos de Desarrollo Humano, volvieron las empresas “explotadoras”. Y en nuestra involución política, botaron o marginaron a todo el personal calificado que habíamos desarrollado a través de cien años de trabajo y esfuerzo, emigrando ellos mayoritariamente a contribuir en otras tierras sin ningún beneficio para el país. Más adelante atamos las manos a nuestros socios. En última instancia y como resultado del hecho de haber perdido la brújula, nos hemos convertido en un declinante productor de petróleo con un futuro más que dudoso por el cambio en el mundo petrolero del cual nos hemos separado y que, en consecuencia, nos va dejando afuera. Nuestra declinante producción y sus mercados, producto de nuestros desaciertos, se hacen cada día más distantes e inseguros y dependemos cada día más de tener vender a precios más bajos. En cuanto a nuestra posibilidad de crecer: ¿para venderle a quién?

 

Los petroleros verdaderos del Siglo XX no tuvimos nada que ver con laos resultados reseñados que anteceden. Trabajamos para impulsar o mantener la industria y oportunamente dimos nuestra opinión pero el mensaje no fue aceptado. Las consecuencias han estado disponibles y a la vista de todos quienes las hubieran querido ver.

Agosto de 2014.

odoardolp@gmail.com odoardolp.blogspot.com @oleopon